sábado, junio 09, 2007


Cómo los laboratorios influyen sobre los psiquiatras infantiles


Los que más dinero reciben de la industria son quienes más prescriben drogas




NUEVA YORK.- Cuando, después de haber cumplido 12 años, Anya Bailey desarrolló un trastorno de la alimentación, su madre la llevó a un psiquiatra de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, que le prescribió una poderosa droga antipsicótica llamada risperidona.

Creada para tratar la esquizofrenia, la risperidona no ha sido aprobada para el tratamiento de los trastornos de la alimentación, pero uno de sus efectos secundarios es aumentar el apetito y los médicos pueden prescribir una droga para otro fin que no sea el aprobado si lo consideran correcto.

Anya subió de peso con esta medicación, pero después de dos años desarrolló un trastorno muscular que afecta su espalda llamada distonía, que limita seriamente sus movimientos. Ahora, tras haber dejado la risperidona, Anya debe recibir periódicas inyecciones de toxina botulínica para desanudar los músculos de su espalda. Habitualmente despierta llorando de dolor.

Isabella Bailey, su mamá, dijo que no tenía idea de que los niños fueran especialmente susceptibles a los efectos secundarios de la risperidona. Tampoco sabía que la risperidona y otras drogas de la misma clase no contaban entonces con la aprobación para ser usadas en niños, o que los estudios clínicos utilizados para justificar su uso pediátrico culminan con no más de ocho niños tomando la medicación.

Igual de sorprendente, dijo la señora Bailey, fue enterarse de que el psiquiatra que supervisó el tratamiento de Anya recibió más de 7000 dólares entre 2003 y 2004 de Johnson & Johnson, el fabricante de risperidona, como pago por conferencias que tenían como tema una de las drogas de esa compañía.

Médicos como el de Anya Bailey aseguran que el dinero que reciben de las compañías farmacéuticas no influye sobre lo que prescriben a sus pacientes. Pero en ninguna especialidad es tan cierto como lo es en psiquiatría que los crecientes pagos que reciben los psiquiatras coinciden con el creciente uso en niños de este relativamente nuevo grupo de drogas llamadas antipsicóticos atípicos.

Estas drogas que lideran el ranking de las más vendidas incluyen la risperidona, la quetiapina, la olanzapina, el aripiprazol y la ziprasidona, y actualmente son prescriptas a más de medio millón de niños en los Estados Unidos para ayudar a sus padres a manejar problemas de comportamiento, a pesar de sus riesgos y de que no han sido aprobadas para ser usadas en menores.

Un análisis realizado por el diario
The New York Times de los registros de Minnesota, el único estado de los Estados Unidos que requiere notificaciones públicas de los pagos de los laboratorios a los médicos, constituye un raro documento de cómo las relaciones entre ambos se corresponden con el creciente uso de los antipsicóticos atípicos en niños.

Prescripciones en alza

Entre 2000 y 2005, los pagos de las farmacéuticas a los psiquiatras de Minnesota aumentaron más de seis veces, hasta alcanzar los 1,6 millones de dólares. Durante esos mismos años, las prescripciones de antipsicóticos a niños aumentaron nueve veces.

Aquellos psiquiatras que recibieron sumas más grandes de dinero fueron más propensos a prescribir con mayor frecuencia, muestran los datos. En promedio, los psiquiatras de Minnesota que recibieron al menos 5000 dólares de los fabricantes de antipsicóticos atípicos entre 2000 y 2005 prescribieron tres veces más estas drogas que sus colegas que recibieron menos dinero o nada.

Las farmacéuticas subvencionan a los tomadores de decisiones en todos los niveles de la atención de la salud. Pagan a los médicos que prescriben y recomiendan sus medicamentos, que enseñan a sus colegas sobre esas enfermedades, que realizan estudios y escriben las guías de tratamiento que los médicos suelen seguir a la hora de prescribir.

Pero hay estudios que ofrecen firmes evidencias de que los intereses financieros pueden afectar esas decisiones, aunque muchas veces las personas no lo sepan.

En Minnesota, los psiquiatras recibieron más dinero de las farmacéuticas entre 2000 y 2005 que los médicos de otras especialidades. Los pagos totales a cada uno de los psiquiatras van desde 51 a 689.000 dólares, con un promedio de 1750 dólares. Dado que los registros analizados son incompletos, estas estadísticas probablemente subestimen los ingresos anuales de los psiquiatras.

Estos pagos pueden alentar a los psiquiatras a utilizar los medicamentos de modos que puedan poner en peligro la salud de los pacientes, dijo el doctor Steven E. Hyman, presidente de la Universidad de Harvard y ex director del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos. El creciente uso de los antipsicóticos atípicos es el más problemático ejemplo de ello, agregó Hyman.

"Existe una ironía en que los psiquiatras les pidan a sus pacientes que piensen sobre lo que les sucede, cuando al mismo tiempo ellos no establecen conexiones sobre cómo el dinero está afectando nuestra profesión y está poniendo en riesgo a nuestro pacientes", dijo Hyman.

Por G. Harris, B. Carey y J. Roberts
De The New York Times


Indicaciones no aprobadas

  • NUEVA YORK (The New York Times).- Es ilegal que las farmacéuticas paguen a los médicos para que prescriban medicamentos. Las leyes federales (de los Estados Unidos) también les prohíben que promuevan las indicaciones de las drogas no aprobadas por las autoridades regulatorias en medicamentos. Pero los médicos son libres de prescribirlas para los usos que consideren adecuados y las compañías farmacéuticas puedan esquivar la prohibición de promover usos no autorizados al pagar a los médicos para que den conferencias en las cuales pueden discutir esos usos.

lunes, noviembre 06, 2006




Principios directores del acto psicoanalítico

por Eric Laurent




Primer principio: El psicoanálisis es una práctica de la palabra. Los dos participantes son el analista y el analizante, reunidos en presencia en la misma sesión psicoanalítica. El analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente; está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir. El analista puntúa los decires del analizante y le permite componer el tejido de su inconsciente. Los poderes del lenguaje y los efectos de verdad que este permite, lo que se llama la interpretación, constituyen el poder mismo del inconsciente.

La interpretación se manifiesta tanto del lado del psicoanalizante como del lado del psicoanalista. Sin embargo, el uno y el otro no tienen la misma relación con el inconsciente pues uno ya hizo la experiencia hasta su término y el otro no.


Segundo principio: La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a las cuales el sujeto está fijado. El psicoanalista autoriza a tomar distancia de los hábitos, de las normas, de las reglas a las que el psicoanalizante se somete fuera de la sesión. Autoriza también un cuestionamiento radical de los fundamentos de la identidad de cada uno. Puede atemperar la radicalidad de este cuestionamiento teniendo en cuenta la particularidad clínica del sujeto que se dirige a él. No tiene en cuenta nada más. Esto es lo que define la particularidad del lugar del psicoanalista, aquel que sostiene el cuestionamiento, la abertura, el enigma, en el sujeto que viene a su encuentro. Por lo tanto, el psicoanalista no se identifica con ninguno de los roles que quiere hacerle jugar su interlocutor, ni a ningún magisterio o ideal presente en la civilización. En ese sentido, el analista es aquel que no es asignable a ningún lugar que no sea el de la pregunta sobre el deseo.


Tercer principio: El analizante se dirige al analista. Pone en el analista sentimientos, creencias, expectativas en respuesta a lo que él dice, y desea actuar sobre las creencias y expectativas que él mismo anticipa. El desciframiento del sentido no es lo único que está en juego en los intercambios entre analizante y analista. Está también el objetivo de aquel que habla. Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido. Esta recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Es ella la que funda la transferencia que anuda a los dos participantes. La formula de Lacan según la cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido incluye tanto el desciframiento como la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. En última instancia, cuando el analizante habla, quiere
encontrar en el Otro, más allá del sentido de lo que dice, a la pareja de sus expectativas, de sus creencias y deseos. Su objetivo es encontrar a la pareja de su fantasma. El psicoanalista, aclarado por la experiencia analítica sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en nombre de ese fantasma.

Cuarto principio: El lazo de la transferencia supone un lugar, el "lugar del Otro", como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular. Este lugar es aquel donde el inconsciente puede manifestarse en el decir con la mayor libertad y, por lo tanto, donde aparecen los engaños y las dificultades. Es también el lugar donde las figuras de la pareja del fantasma pueden desplegarse por medio de los más complejos juegos de espejos. Por ello, la sesión analítica no soporta ni un tercero ni su mirada desde el exterior del proceso mismo que está en juego. El tercero queda reducido a ese lugar del Otro.
Este principio excluye, por lo tanto, la intervención de terceros autoritarios que quieran asignar un lugar a cada uno y un objetivo previamente establecido del tratamiento psicoanalítico. El tercero evaluador se inscribe en esta serie de los terceros, cuya autoridad sólo se afirma por fuera de lo que está en juego entre el analizante, el analista y el inconsciente.

Quinto principio: No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica.
Freud tomó la metáfora del ajedrez para indicar que sólo había reglas o para el inicio o para el final de la partida. Ciertamente, después de Freud, los algoritmos que permiten formalizar el ajedrez han acrecentado su poder. Ligados al poder del cálculo del ordenador, ahora permiten a una máquina ganar a un jugador humano. Pero esto no cambia el hecho de que el psicoanálisis, al contrario que el ajedrez, no puede presentarse bajo la forma algorítmica. Esto lo vemos en Freud mismo que transmitió el psicoanálisis con la ayuda de casos particulares: El Hombre de las ratas, Dora, el pequeño Hans, etc. A partir del Hombre de los lobos, el relato de la cura entró en crisis. Freud ya no podía sostener en la unidad de un relato la complejidad de los procesos en juego. Lejos de poder reducirse a un protocolo técnico, la experiencia del psicoanálisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un
discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción.

Sexto principio: La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas. Las curas de Freud tuvieron duraciones muy variables. Hubo curas de sólo una sesión, como el psicoanálisis de Gustav Mahler. También hubo curas de cuatro meses como la del pequeño Hans o de un año como la del Hombre de las ratas y también de varios años como la del Hombre de los lobos. Después, la distancia y la diversificación no han cesado de aumentar. Además, la aplicación del psicoanálisis más allá de la consulta privada, en los dispositivos de atención, ha contribuido a la variedad en la duración de la cura
psicoanalítica. La variedad de casos clínicos y de edades en las que el psicoanálisis ha sido aplicado permite considerar que ahora, en el mejor de los casos, la duración de la cura se define "a medida". Una cura se prolonga hasta que el analizante esté lo suficientemente satisfecho de la experiencia que ha
hecho como para dejar al analista. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino al acuerdo del sujeto consigo mismo.

Séptimo principio: El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación de
la singularidad del sujeto a normas, a reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual. Esta impotencia es designada con el término de castración. Más allá de esto, el psicoanálisis con Lacan, formula la imposibilidad de que exista una norma de la relación entre los sexos.
Si no hay satisfacción plena y si no existe una norma, le queda a cada uno inventar una solución
particular que se apoya en su síntoma. La solución de cada uno puede ser más o menos típica, puede estar más o menos sostenida en la tradición y en las reglas comunes. Sin embargo, puede también remitir a la ruptura o a una cierta clandestinidad. Todo esto no quita que, en el fondo, la relación entre los sexos no tiene una solución que pueda ser "para todos". En ese sentido, está marcada por el sello de lo incurable, y siempre se mostrará defectuosa. El sexo, en el ser hablante, remite al "no todo".

Octavo principio: La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. La formación analítica, desde que fue establecida como discurso, reposa en un trípode: seminarios de formación teórica (para-universitarios), la prosecución por el candidato psicoanalista de un psicoanálisis hasta el final (de ahí los efectos de
formación), la transmisión pragmática de la práctica en las supervisiones (conversaciones entre pares sobre la práctica) Durante un tiempo, Freud creyó que era posible determinar una identidad del psicoanalista. El éxito mismo del psicoanálisis, su internacionalización, las múltiples generaciones que se han ido sucediendo desde hace un siglo, han mostrado que esa definición de una identidad del psicoanalista era una ilusión. La definición del psicoanalista incluye la variación de esta identidad. La definición es la variación misma. La definición del psicoanalista no es un ideal, incluye la historia misma del psicoanálisis y de lo que se ha llamado psicoanalista en distintos contextos de discurso.
La nominación del psicoanalista incluye componentes contradictorios. Hace falta una formación
académica, universitaria o equivalente, que conlleva el cotejo general de los grados. Hace falta una experiencia clínica que se trasmite en su particularidad bajo el control de los pares. Hace falta la experiencia radicalmente singular de la cura. Los niveles de lo general, de lo particular y de lo singular son heterogéneos. La historia del movimiento psicoanalítico es la de las discordias y la de las interpretaciones de esa heterogeneidad. Forma parte, ella también, de la gran Conversación del psicoanálisis, que permite decir quién es psicoanalista. Este decir se efectúa en procedimientos que tienen lugar en esas comunidades que son las instituciones analíticas. El psicoanalista nunca está solo, sino que depende, como en el chiste, de un Otro que le reconozca. Este Otro no puede reducirse a un Otro normativizado, autoritario, reglamentario, estandarizado.

El psicoanalista es aquel que afirma haber obtenido de la experiencia aquello que podía esperar de ella y, por lo tanto, afirma haber franqueado un "pase",como lo nombró Lacan.

El "pase" testimonia del franqueamiento de sus impases. La interlocución con la cual quiere obtener el acuerdo sobre ese atravesamiento, se hace en dispositivos institucionales.
Más profundamente, ella se inscribe en la gran Conversación del psicoanálisis con la civilización. El psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, a la que anhela conmover y tocar en favor de la causa analítica.

miércoles, junio 16, 2004


Lic LaChavanne Posted by Hello
LA MENTIRA DE LA DROGA
Lic. Horacio Lachavanne

A- GENERALIDADES

1- Mentiras verdaderas

Desde que el ser humano se reconoce en sus primeras palabras,- cosa que ocurre más o menos a partir de los dos años- podría decirse que miente.
Desde ya que no se trataría de la mentira cómo pecado, sino de la mentira en relación a un decir la verdad de las cosas y los hechos. Mentira como falta a la verdad, esencial al uso del lenguaje.

En otras palabras, el problema surge cuando para comunicar e incluso para pensar, “utilizamos” el lenguaje: mental, hablado, escrito, gestual, etc.

La palabra es la que instaura la mentira en la realidad. Precisamente porque introduce lo que no es, puede también introducir lo que es. Antes de la palabra, nada es ni no es. Sin duda, todo está siempre allí, pero sólo con la palabra hay cosas que son- que son verdaderas o falsas, es decir que son- y cosas que no son dijo J. Lacan en su Seminario 1

Cuando hablamos y por hablar sin importar el idioma en que se lo haga, ni el tono de voz, incluso hasta cuando hablamos por gestos o escribimos –como yo ahora,- no podemos no utilizar un lenguaje. Sin embargo, al “lenguajear” ( término que implicaría un poco más que el mero hablar, pensar o comunicarse) no podemos no mentir en absoluto.

Aunque nuestra intención sea decir las “cosas” lo más claro y verosímiles posible, a las “cosas” nunca llegamos, hay una insuficiencia en el lenguaje cómo para asegurar la íntegra transmisión de lo que se quiera decir y por eso siempre hay algo de mentira en todo decir.

Intentar trasmitir a otra persona algo tan simple cómo el color de una prenda de vestir por medio de palabras, puede transformarse en una empresa totalmente infructuosa. Si agregamos imágenes a esas palabras, no hay que creer que se soluciona el problema. Piensen en los últimos restauradores de la Capilla Sextina y los debates acerca de las luminosidades y transparencias de los colores que esperaban conseguir a partir de la limpieza de las impurezas depositadas en esos frescos durante siglos.


El ser humano se confrontó con este problema desde siempre y la forma más eficiente para enfrentarlo fue aplicando códigos cada vez más precisos y universales que se han ido acercando a la perfección de la transmisión de información…pero no tanto de sensaciones o sentidos.

El ejemplo de codificación más evidente para nuestras generaciones es el que ha utilizado la industria discográfica desde sus inicios hasta nuestros días.
Desde los cilindros tallados de las cajas de música hasta los formatos ultracodificados de encriptación de señales de audio (mp3, wav, etc.) capaces de reproducir datos con una fiabilidad asombrosa.
Este tipo de lenguaje digitalmente exacto no es otra cosa que el lenguaje de la matemática y la lógica.

El lenguaje lógico-matemático es el más estricto y exacto que conocemos y gracias a él, un color o un sonido ya no es imposible de transmitir. Basta con numerar y codificar todas existentes las frecuencias y listo!

Y aunque esto parezca tan imposible como numerar las olas del mar, actualmente con el uso de los computadores esos numeritos “perfectos” están al alcance de cualquiera de nosotros.
Nuestros sentidos han sido decodificados, digitalizados y por tanto capaces de “escribirse” y trasmitirse casi “perfectamente”…es decir “casi” sin engaños!

Un decir perfecto implica la utilización de números extremadamente grandes (o pequeños) pero desgraciadamente los números son infinitos!

Y si nos ponemos exigentes, notaremos que un infinitesimal podría alterar nuestra transmisión y lo que era un “verde esperanza”….dejará de serlo inmediatamente puesto que es con el lenguaje que se cuestiona el lenguaje mismo creándose así la dimensión de la posibilidad de lo falso.

Este “algo de mentira” es lo imposible de trasmitir o de escribir y es el fundamento del lenguaje humano.

2- La verdad, estoy mintiendo.

Sin embargo, no es sólo este imposible de decir el único condicionamiento que al humano-hablante le impide -aunque quisiera- , decir toda la verdad.
Ya San Agustín en “Las confesiones” situó a la palabra bajo el signo de la ambigüedad, pero no sólo de la ambigüedad semántica, sino de la ambigüedad subjetiva. Admite que el propio sujeto que nos dice algo, a menudo no sabe lo que nos dice.
El ser humano a diferencia de los animales, es capaz de mentirse a si mismo debido al efecto que el lenguaje produce sobre quien habla.
Queriendo decir algo se puede estar diciendo cualquier otra cosa.
¿Consiste la verdad en describir las cosas tal como son, sin preocuparse del modo en que las entenderá el oyente? se preguntó S. Freud en sus trabajos sobre el chiste y su relación con el inconciente.
Y por supuesto, cuando uno habla no puede dejar de ser oyente al mismo tiempo, no hay párpados para las orejas.

Un caso ejemplar es el de la paradoja del cretense Epimenides:

a)Epiménides dice: Todos los cretenses sólo dicen la verdad, yo miento.

i) Si Epiménides dice la verdad, entonces, lo que dice es verdadero, y por tanto, miente. Como miente, lo que dice no es verdad.
ii) Si Epiménides no dice la verdad, entonces, lo que dice es falso, y por tanto, no miente. Como no miente, dice la
verdad.

El tema de la verdad/mentira se hace cada vez más complejo pero justamente de nada de estas complejidades se trata cuando se escucha atentamente a un adicto a drogas o alcohol!



3-La mentira increíble
¿Qué uso de la mentira hace un adicto a las drogas?

Fundamentalmente la mentira es utilizada constantemente - sin descanso, sin ninguna lógica ni sentido, ingenua o estúpida y otras veces hasta delirante. Las mentiras se escapan a chorros de la boca de los adictos a drogas y alcohol, siendo la primera de ellas y más increíble la siguiente: “Yo no soy un adicto” (o versiones tales cómo “Yo no me drogo” o “Yo no soy alcohólico”, etcétera.)

Y si bien como es evidente, no todos los mentirosos son consumidores de drogas, hay una poderosa inclinación de la mayoría de los adictos a no poder dejar de mentir, - y ya no me refiero a la mentira propia del uso de todo lenguaje -.
La mentira que los consumidores de drogas no pueden dejar de utilizar es una manifestación “increíble” de lo que las drogas provocan en el hablante-ser que las consume. Es una mentira compulsiva que no deja de repetirse.

Este efecto “mentiroso” que el consumo de drogas provoca en el ser hablante, no es un problema de tipo fisiológico. Los daños orgánicos que las drogas ocasionan no tienen que ver con la necesidad permanente de mentir y mentirse todo el tiempo

Se habla con cierto fundamento cuando se denomina “adicción” al acto de consumir drogas de forma abusiva y compulsivamente.
La palabra adicción tiene como referencia a la palabra “esclavitud” es decir al que no tiene “derecho a hablar”, sin dicción, sin voz ni voto.
Para los griegos, los esclavos eran los que no pertenecían al pueblo.
Los extranjeros por ejemplo, si querían vivir en la Grecia de Pericles, lo podían hacer pero cómo esclavos, no como ciudadanos con voz y voto. (Se los llamaba “bárbaros” porque su lengua sonaba parecido a “bar-bar”, algo así cómo el bla-bla para la lengua latina o el iara-iara para los americanos)

Podemos decir entonces que la “mentira increíble” de los adictos se basa en que para ellos casi todas las relaciones con los semejantes, con los valores, con la ley, con los afectos y hasta las cosas mismas pierden su sentido de verdad e incluso de pesada realidad que las constituyen.

En otras palabras, el efecto “estupefaciente” hace caer las significaciones y sentidos comunes de manera tal que justifica a estos – paradójicamente- llamar “caretas” todos y todo los que no se relaciona con la droga.
Nada es serio, nada es sagrado ni tabú, todo parece relativizase y esfumarse en función del consumo de la droga para el adicto.

3- ¿Ella no engaña?

La droga elegida parecería ser la única verdad para el adicto. Ella parecería no engañarlo en el instante del consumo inminente y fugaz. Luego, la única verdad será volver a consumirla no importa donde ni cómo ni por cuanto.

Eric Clapton en sus épocas de adicto grave a drogas y alcohol escribió la canción titulada “Cocaine” que explica perfectamente esto:

If you wanna hang out you've got to take her out, cocaine.
Si querés aguantar tenés que conseguir: cocaina
If you wanna get down, down on the ground, cocaine.
Si querés perderte, tirarte en el piso: cocaina
She don't lie, she don't lie, she don't lie, cocaine.
Ella no te miente: cocaina
If you got bad news, you wanna kick them blues, cocaine.
Si has tenido malas noticias, pateá tu bajón:cocaina
When your day is done and you wanna run, cocaine.
Cuando tu día terminó y querés rajarte:cocaina

If your thing is gone and you wanna ride on, cocaine.
Si se te fue todo y querés seguir: coacaina
Don't forget this fact; you can't get it back, cocaine.
No te olvides de esto, no lo podrás recuperar, cocaina

El mismo autor, muchos años más tarde, después de años de consumo de heroína, cocaína y alcohol y de varias internaciones y tratamientos, dejará de incluirla en sus repertorios y será reemplazada por otro tema, acerca de la muerte accidental de su hijo de 4 años durante una “fiesta”, quien por descuido de los presentes, cayó a la calle desde el balcón de un piso muy alto en la ciudad de nueva York. (Clapton en 1997 abrió una clínica para la rehabilitación de drogadictos y alcohólicos en la isla caribeña de Antigua con el nombre de “Crossroads Center”).

4-Lo que no engaña

Lo que no engañó a Clapton ni a nadie, no son ni pueden ser las drogas.
No sabemos que acontecimientos le hicieron vislumbrar una verdad oculta tras la “verdad de la droga” .
A “nuestro” Maradona tal vez le pasó lo mismo cuando su respiración se detuvo.
De todas formas, eso no fue suficiente para ninguno de ellos. Ambos debieron ser llevados por la fuerza a tratarse por su compulsión a drogarse.

Definitivamente lo único que no engaña se llama angustia.

La angustia, el afecto fundamental del ser-hablante, no engaña porque siempre es sin palabras.
Y cómo no hay palabras que la definan, no hay un objeto del cual uno se angustie. La angustia a diferencia del miedo, no se refiere a algo o a alguien.
La angustia se apega al cuerpo y hace caer el sentido a todo lo que nos rodea
En eso reside el “parecido” con la supuesta verdad de las drogas: Tanto la angustia cómo la droga afectan al ser hablante quitándole las palabras y las significaciones .

Sólo que la angustia no engaña y puede ser el punto de apoyo para buscar las causas de la misma, en cambio las drogas, sólo son el punto de apoyo para buscar más drogas…

El surgimiento de la angustia es lo que todo adicto a drogas o alcohol ha venido evitando desde que alguna vez se ha confrontado con ella y no tuvo los recursos emocionales para canalizarla.

De aquí que para muchos pacientes, se les hace necesaria la desintoxicación prolongada de lo que consuman a fin de que recuperen su capacidad de hablar con la verdad.

Está claro que solamente con la angustia no hay posibilidades de buscar nada.
Este afecto deberá ser encausado y dosificado en un tratamiento cuya ética no apele a prácticas esotéricas, fórmulas mágicas, ni a recetas milagrosas, sino al recorrido de todos los relatos que hayan llevado al adicto creer que las drogas son su verdad.
Ni la autoayuda ortopédica, ni los psicofármacos más efectivos permitirían ese encauce por si sólo.

Una escucha de todo lo que el paciente pueda saber acerca de su angustia tendrá el efecto de verdad a la altura de aquella.

De allí que el tiempo de un tratamiento no va a ser corto. Estará relacionado con los caminos a recorrer por cada uno según quien ha estado-siendo hasta ahora.

B- CASO CLINICO


1- La mentira en tratamiento:

(A), masculino, 36 años, profesional, divorciado sin hijos, Sector social ABC1.


A, después de 15 años de psicoanálisis ortodoxo con una médica psicoanalista reconocida en los círculos tradicionales argentinos, es obligado por sus padres (por indicación de otro psicoanalista perteneciente a una institución especializada en adicciones) a realizar un tratamiento para dejar de consumir drogas, cosa que había venido haciendo desde los 14 años de edad. (cocaina, marihuana, alcohol, psicofármacos varios, etc.)

Según los relatos de A., si bien alguna vez habló del consumo de las diferentes drogas, con su analista, ella nunca ahondó en el tema a pesar de los innumerables accidentes, detenciones policiales, episodios de peleas brutales, ausencias prolongadas y enfermedades asociadas al consumo, de drogas.

Tampoco, había solicitado entrevistas con los padres (A. tenía 14 años cuando ya se drogaba casi todo el día, repitiendo dos veces el colegio secundario) a pesar de los reiterados pedidos de los padres. Las respuestas de tan afamada profesional, amiga de conocidos de la familia, los hizo pensar en que eran unos padres intrusivos y desubicados al querer dirigirle la vida a su hijo. Quedaron convencidos que había que dejarlo libre, con su psicoanalista, para elegir su destino.

2-La intervención institucional:

Recién después del tormentoso divorcio con una actriz y modelo, y con un nivel de adicción a la cocaína y alcohol, los padres de A. recurrieron a una institución especializada en este tipo de tratamientos.

La primera intervención desde la institución (atención grupal tres veces por semana durante una hora y media) a dejar de concurrir a su psicoanalista de casi “toda la vida” hasta tanto no sostenga una abstinencia de alcohol y drogas de al menos tres meses.

De la misma manera se lo insta a dejar de ver a su pareja actual, adicta a drogas hasta tanto ella misma no haga tratamiento, en la misma u otra institución. El y ella no acceden buenamente, pero después de repetir las mismas situaciones dolorosas, típicas del uso de drogas, deciden aceptar las reglas.

Ambos sostienen la concurrencia a la institución durante aproximadamente un año y tres meses, pero no pueden lograr dejar el consumo de cocaína por más de un mes seguidos. Había que ir a buscarlos al departamento donde vivían después de días de intentar algún tipo de contacto telefónico con ellos. Se drogaban tres o cuatro días seguidos. A. faltaba a su trabajo, tenía un cargo gerencial en una empresa corporativa de primera línea. Se reponía y certificado médico mediante retomaba sus tareas habituales, actuando sus malestares sufridos ante la sospecha de sus jefes y compañeros que si bien no le creían, tampoco sabían la verdad de su adicción.

En vista que el tratamiento grupal no marchaba, se le indica un tratamiento “paralelo” con un psicoanalista de la institución. El acepta pero con una gran desconfianza respecto de mi persona, debido a que él hubiese querido continuar con su anterior psicoanalista que hacía más de un año no veía ni tenía noticias. Con ella, el problema nunca había sido la droga, sólo era que “no quería madurar”….

3- Entrevistas con un psicoanalista:

A. resulta ser un paciente extremadamente histriónico, hiperactivo, compulsivo pero extremadamente respetuoso y carismático. Abusa de su inteligencia y responde a todo con frases hechas, chistes, y ademanes payasescos mientras estudia atentamente todo lo que pasa a su alrededor manteniendo una imagen de si “perfecta”, sin fallas ni problemas.


Le fascina que lo adulen, lo miren, lo consulten tanto cómo ayudar, hacer favores, enseñar, explicar, acompañar. Se viste con extremada prolijidad, cuida de todos los detalles.
Sin embargo, cuando la sola idea de consumir se le impone, todas estas conductas se alteran. Deja de ser amable, deja de sonreír, enmudece, todo lo molesta, comienza a descuidar sus modos, se vuelve extremadamente agresivo, grosero, hosco, apaga todos sus teléfonos, descuelga el portero eléctrico, y en ese estado llama al dealer o lo sale a buscar hasta que lo encuentra y se compra cocaína y rivotril, en cantidades imposibles de consumir en los dos o tres días que le durará la “fiesta”.

Llama a una o dos prostitutas, algún amigo consumidor y a su novia y se encierran a consumir cocaína y whisky mientras juegan a los dados durante 6 horas seguidas, para luego en un estado de extrema inmovilidad y sonambulismo, intentar tener relaciones sexuales durante otras seis horas…y no tanto por placer si no por el sólo hecho de intentar excitarse.
La cocaína los anestesia y las excitaciones se les vuelven imposibles de sostener. Se transforma esa búsqueda de placer en un trabajo forzado, que sólo el sopor del sueño logra interrumpir.

A partir de la puesta en cuestión de sus “mentiras” en su manera de ser con y sin drogas, este paciente en particular logró decir “verdades” muy dolorosas que nunca antes había podido recordar. Estos recuerdos olvidados, es decir reprimidos, sólo surgieron a partir de la angustia que le ocasionó la ausencia de complacencia que su analista le hizo notar cada vez que él se hacía el gracioso o cada vez que intentaba mentir sobre su estado de ánimo cotidiano diciendo “todo bieeeen!!!” sobre todo los días viernes, día clave para comenzar sus “giras”.
Frente a la pesada seriedad del analista, A. comenzaba a asociar sus sensaciones con las peleas con su padre, sus maestros, profesores, jefes y hermanos casi automáticamente.

El analista desechaba toda esa verborrea psicoanalíticoide y le exigía que “hable y no parlotee”. Recién ahí durante cientos de sesiones, fueron surgiendo los hechos de discurso que lo llevaron por la vida del consumo y al mismo tiempo, dejarlos caer de una vez.

Que esos relatos hayan caído lo obligaron a recurrir a nuevas formas y soluciones frente a la vida. Estas caídas de las fórmulas para enfrentar la vida no fueron sin angustia.


4-Conclusiones:

Sin un tratamiento grupal, con otros consumidores y ex consumidores estos comienzos de un psicoanálisis no hubiesen sido posibles.

Las crisis de sinsentido que atravesó en las sesiones podían precipitarlo al consumo, cómo de hecho pasó algunas veces, pero la posibilidad de contar con “su” grupo terapéutico le permitieron canalizar la angustia transformándola en diálogos diversos acerca de las experiencias comunes a la mayoría de ellos.

El tratamiento grupal duró 3 años aproximadamente. A partir de allí continuó dos años de atención individual que fue interrumpida en el año 2002 en que por razones laborales -que decidió no prescindir- lo llevaron a vivir fuera del país.

La interrupción no fue un final. De hecho he recibido noticias suyas diciendo que en cuanto pueda volverá a atenderse porque frente a situaciones determinadas ha vuelto a consumir alcohol y drogas.

Sin embargo, estas ya no le sirven cómo lo hacían. Sus mentiras son increíbles hasta para él.


lunes, agosto 11, 2003

UN ESLABON REPRIMIDO ENTRE LA CADENA Y EL NUDO

El deslizamiento de perspectiva

J-A Miller consideró cómo “un simple deslizamiento de perspectiva...” (1) a las mutaciones que las enseñanzas de Lacan sufrieron a partir del Seminario 20, en relación al efecto que el significante produce sobre el cuerpo.

Hasta dicho seminario el significante “mata la cosa” y con ello el goce que la cosa misma implica. Pero algo del goce permanece, localizándose fundamentalmente como resto en el objeto (a).

La nueva perspectiva en cambio podría definirse: Si hay goce localizable después que el significante hubo operado, será a causa del significante que el goce se ubica en ciertas zonas erógenas. El significante entonces no es tan mortificador como “avivador” o productor de goce.

Si bien ya hace más de 10 años que J-A. Miller (2) y otros vienen señalando éstas consideraciones y sus consecuencias en la práxis, aún no se hacen tan evidentes para más de un psicoanalista.

En analogía a lo que Lacan describe en “La tercera” como “represión del nudo natural”(3), se podría pensar desde la represión a este “deslizamiento de perspectiva”? Cómo un “eslabón reprimido” en la cadena del saber psicoanalítico? Un saber no sabido sobre el saber psicoanalítico mismo.

El error de Lacan o retorno de lo reprimido

Lacan en su Seminario 21 rectifica casi veinte años de teorización: “... - Quizá en Función y campo dije que (los significantes) formaban cadena. Es un error... ” -(4)
y en un párrafo posterior reafirma su “error” en relación a los discursos al “cualificarlos y no cuantificarlos de cuatrípodos”. -(4)

Error, cambio de perspectiva o retorno de lo reprimido. Lacan en el ‘73 ya no piensa -cómo en el ’56 o en el ’68 - que las “cadenas simbólicas” (5) fuesen lo suficientemente potentes para matematizar aquello de lo que el psicoanálisis trata. El inconciente, el saber, la interpretación, el síntoma, etcetera tendrán que reescribirse, comenzando entonces por la llamada “cadena significante”.

La cadena significante y su eslabón reprimido

Para no explayarme en algo ya muy comentado podemos decir que toda cadena bien formada debía tener:

1- Dos significantes articulables, no simétricos, de los cuales uno representaba al sujeto para el otro significante. Ello hace que si un significante 1 se dirige a un significante 2 el efecto es distinto al obtenido si se invierte el recorrido.
2- El orden de esos significantes, por tanto, no es conmutativo.
3- Que en el caso de un discurso a esos elementos se le agrega el objeto antecediendo al sujeto. Lacan dice que para que haya sujeto hace falta previamente la pérdida del objeto.

Lo que cae de estos enunciados es fundamentalmente que “hay Dos” - esto es un conjunto cerrado de dos elementos – y un sujeto. Pero que ese par de elementos debe además seguir un orden estricto.
A manera de ejemplo: el lazo que va de un (S1) al Otro (S2) supone un saber en el Otro. Si el lazo es del Otro a uno, el efecto será diferente: El Saber sería la consecuencia de que hay Otro, y por tanto hay dos, ordenados y en serie. (*)

Pares ordenados como núcleo de la cadena significante o psicoanálisis con matemáticas.
El uso “espinoziano” que ha hecho Lacan de las matemáticas daría para un ensayo, y la definición de “cadena significante” lacaniana es un ejemplo acabado: Es estructuralmente análoga a la definición matemática del “par ordenado”.

La teoría del par ordenado en Lacan es la referencia obligada de los 20 primeros años de su enseñanza.
Y cómo sucedió en las matemáticas, lo que fue una herramienta poderosa se transformó luego en obstáculo epistemológico al intentar avanzar en la formalización del continuo, cosa que Lacan sabía perfectamente.

Las nociones de orden y medida, debieron dejarse de lado para “despegar” de la geometría que “…no dejan de referirse al triángulo del Menon” (6) dirá Lacan.

El espacio geométrico euclidiano necesitó del par ordenado, - al igual que las coordenadas cartesianas -, tanto o más que “el espacio lacaniano” aunque renegando continuamente de estas ataduras.

“Par ordenado” en matemática de conjuntos se puede definir como:
El conjunto {a; b} que contiene un conjunto unitario {a} y un conjunto binario
{a ; b} integrado a su vez por el componente unitario y el componente diferente
del primero que nomina al segundo elemento del par ordenado.
Ej. : El par ordenado {a; b} = {(a); (a; b)} que es totalmente diferente al par
ordenado {b; a} .
Continuando con el ejemplo anterior (*) al comentar la diferencia entre:
$A y A$ si se escriben en forma de “pares ordenados” tenemos:
{$; A} y {A; $} (plausibles de leerse psicoanaliticamente como matemas en distintos momentos de la clínica propiamente dicha.)
El par ordenado {S1; S2} que es igual a esto {{S1}; {S1; S2}} es una manera de escribir el “Discurso del Amo” tal cómo Lacan lo desarrolla en “El envés…”
Este tipo de estructura es justamente la que Lacan va a desarticular en el seminario 21 al señalar que este segundo significante obtiene su estatuto de que no tiene ninguna relación con el primero. Es decir que sólo hay cadena “en apariencia”.
La nueva perspectiva consiste en sustituir a la “cadena significante” por esta “apariencia de cadena”. Y la teoría matemática subyacente por otra más potente.

Apariencia de cadena significante o espacio topológico.

La nueva referencia matemática, de mayor amplitud axiomática, será el denominado “espacio topológico.” Ultimo gran paso de las matemáticas” dirá Lacán en su Seminario 21 citando a Hermann Grasmann como uno de los matemáticos que desarrollaron el tema.

A grandes rasgos, la teoría del “par ordenado” debió sufrir una pérdida para poder alojar en el seno de las matemáticas a los denominados “espacios topológicos”. Pérdida en relación con su completud lo que la vuelve consistente para definir nuevas operaciones. (7)

Conjuntos cerrados y abiertos

Si bien Lacan con sus matemas -$ (A barrado), (a), etcetera, intentó que la “cadena significante” (definida como un “par ordenado” de significantes) no sea cerrada, toda la matemática define lo contrario: Si hay par ordenado ello implica partir de conjuntos cerrados de significantes. Lo que es igual a decir que hacen “una totalidad”. Y por más vacios que se le intenten incluir, ella no perderá su condición de “totalidad”. El conjunto vacio –por definición- está incluido en toda totalidad. Y a Lacan nunca se le escapó esto.

Un “conjunto cerrado” es por ejemplo el conjunto comprendido por todos los puntos que existen entre 0 y 1 incluidos ellos mismos;
Otro conjunto cerrado es el conjunto vacío porque contiene a todos sus elementos porque justamente no tiene ninguno.

Lo que Lacan necesitaba para “matemátizar” la “aparente cadena” es otro tipo de conjuntos denominados “abiertos”.

Un conjunto abierto es el complemento de un conjunto cerrado.

Si A es un conjunto abierto y C es el conjunto cerrado que lo complementa, cualquier punto incluido en C no lo estará en A y viceversa.

Así descubrimos que cada elemento - por ejemplo un número real -, de un conjunto abierto A tiene como propiedad tener un “entorno o vecindad” de números reales que no pertenecen a C. Así mismo ese “entorno” es de por sí un conjunto abierto porque no incluye al conjunto vacío que es su complemento y por tanto es un conjunto cerrado.

Un ejemplo de conjunto abierto es justamente el conjunto de la recta de números reales, porque dicha recta es el complemento del conjunto vacío, que es un conjunto cerrado. Pero el conjunto vacío también es un conjunto abierto porque es el complemento de toda la recta numérica.

Esta ambigüedad estructural denominada por el propio Lacan como “maleabilidad”(8) caracteriza a la matemática cuando aumenta su potencia formalizadora. Más precisa pero menos exacta. Una matemática “borrosa”.
Toda la topología presenta esa propiedad al abandonar la medida, como fundamento de las relaciones entre los términos de un conjunto.

Las propiedades necesarias para constituir un conjunto abierto son tres:
1-Toda la recta y el conjunto vacío son abiertos
2-La unión de conjuntos abiertos siempre da otro abierto
3-La intersección de dos abiertos será también un abierto.

Esta “maleabilidad” de los abiertos promueve una generalización interesante puesto que como dijimos antes, si un entorno o vecindad es un conjunto abierto bien puede decirse que todo entorno o vecindad es un conjunto abierto salvo que se lo defina axiomáticamente como cerrado.

Con dicha generalización es que cae el concepto de “distancia” como base de la relación entre dos términos de un conjunto. Una “vecindad” es toda colección de elementos próximos con las propiedades de un conjunto abierto. Y así, toda la recta de números puede considerarse como un sistema de vecindades entrelazadas constituyendo ello un “espacio topológico”

Lacan, sirviéndose de las matemáticas, señala que si algo (…“debe ser puesto en una vecindad implica que algo diferente esté en la misma... ) y (.. No se funda en nada que una a cada uno de estos elementos triples salvo el pertenecer a la misma vecindad”.) (9)
Y con esta aclaración define directamente al “saber inconciente” como un espacio topológico estructurado como un conjunto abierto de elementos, es decir un entorno o vecindad.

El saber inconciente como conjunto abierto o vecindad

El deslizamiento de la perspectiva de Lacan señalado por Miller implica entonces considerar entre otras cosas, el Saber, (S2), como “conjunto abierto” y por ende sin relación entre los distintos abiertos que constituyen a dicho abierto. Patentizan así la no-relación entre los significantes Uno.
Sin un orden preestablecido, desconectados, y fundamentalmente distintos entre si ligados sólamente por cierta proximidad o vecindad, como un “enjambre”. (10)

Algo bien diferente a las estructuras concatenada, que apelan a la “cadena rota” (5) entre los términos que ocupen los lugares de la producción y la verdad, en los matemas de los cuatro discursos por ejemplo o cuando todo acontecimiento, que se rige por la modalidad de la contingencia, se presenta esencialmente como “corte de cadenas” o “Tyche”. Radical aislamiento en la misma vecindad

Un ejemplo matemático o psicoanalítico?

Si definimos al espacio topológico como una estructura de conjuntos abiertos que se entrelazan y consideraramos como tal, al espacio estructurado por el conjunto de todas las rectas que se pueden trazar sobre un plano, paralelas a una dirección fija, dicho conjunto de rectas puede ser tomado como un conjunto abierto, en el que cada una de las rectas sea un “punto” del espacio.

Otra analogía se da al considerar al conjunto abierto antes mencionado, en el sistema de números reales, es decir un conjunto de puntos entre dos puntos cualquiera.

Otro espacio topológico familiar es el de la circunferencia de un círculo, en el que sus arcos desempeñan la misma condición que el que desempeñan los intervalos en una línea recta.
En un círculo existen dos arcos que unen dos cualquiera de sus puntos. El interior (excluyendo los puntos extremos) del arco puede ser considerado un arco “abierto” de la misma manera que el interior de un segmento hace las veces de intervalo abierto en una línea recta.

Entonces un conjunto abierto del círculo puede definirse como la unión de un número cualquiera de tales arcos abiertos, y esta estructura cumple con las tres propiedades antes mencionadas para toda estructura topológica. Pero lo que este ejemplo permite a la intuición es derivar del espacio topológico de la recta, gracias a la “maleabilidad” o “deformación contínua” de esta estructura matemática, la estructura topológica de la circunferencia con sólo curvar un segmento de recta y hasta la unión de sus extremos. Así los intervalos abiertos de la línea recta se convierten en arcos abiertos de la circunferencia.
Como cada punto del segmento se corresponde con el mismo segmento -pero curvado- notamos que si bien las distancias entre los puntos que las constituyen cambian, la estructura de los conjuntos abiertos entrelazados permanece constante. Como resultado, la curva obtenida por deformación del segmento de recta es homeomorfa al mismo.
Con este ejemplo creo que es suficiente para percatarnos de la importancia que dio Lacan al estudio de estas estructuras los últimos años de su seminario... y de su vida.

Anudando eslabones matemáticos y psicoanalíticos

Si todo conjunto abierto es complemento de uno cerrado y viceversa entonces de acuerdo a la “perspectiva” señalada por Miller estamos en condiciones de aceptar que si el saber inconciente como entorno de significantes aislados es un abierto que cumple con las tres propiedades antes enunciadas, el goce quedará en otro conjunto, cerrado, y promovido por el abierto de significantes. Y viceversa.

Pero lo más importante es que las dos “perspectivas” no se anulan sino que se sostienen ambas. Porque lo que antes era abierto ahora será cerrado respecto de aquel. Las dos “perspectivas”, deben funcionar al mismo tiempo. Ni más ni menos que lo que no dejamos de escuchar en la clínica cotidiana.

Este eslabón matemático “reprimido”, es el que nos permite la aplicación de las lógicas nodales (topológicas) y modales a las conceptualizaciones psicoanalíticas anteriores al seminario Aún y reformularlas en los términos en que Lacan lo hace en sus últimos seminarios. Redefiniendo la estructura del parletre a partir de los espacios topológicos, reubicando a su “escobilla” (cadena significante), y a su “invento” ( el objeto a) como hechos de “ semblante”. Lo Real será a partir de aquí la lógica modal y la topología de los nudos en tanto “no-supuestos” que “arrinconan al sujeto”. (11)

Bibliografía y referencias citadas
1- J-A Miller “El Hueso de un análisis”; 1º ed .1998; Tres Haches; Cap. 2, pags.55 56
2-(x); Matemas ll; Manantial - 1988
3- Intervenciones y Textos 2; “La tercera” ;Manantial 2° Edición –1991- Pág.105
4- Seminario 21, “Los no Incautos...” (versión inédita) (Lección del 11/12/1973
5- Seminario17, “El reverso...”; Pág.13; Paidós – 1° Edición Argentina –1992- Ver también “El Caldero” de la EOL N ° 31 de Mayo del ‘ 95, “Un paso hacia la estructura”, de mi autoría.
6-Seminario 15 - “El acto psicoanalítico” - versión inédita - Clase del 6-12-67
7- Como la que una vez debió soportar la operación de “resta o diferencia” si se operaba entre un número mayor respecto de otro menor: Ello generó la necesidad lógica de contar con números negativos que si bien permitieron una mayor potencia operatoria, la operación entera de “resta” desaparece como tal porque se transforma todo en “sumas o adiciones” de números positivos y negativos. - Nota del autor-
8- Seminario 21; “Los no incautos...” – inédito - Clase 15/1/74
9- Ídem anterior
10-Seminario 20, “Aun...”; Paidós, Clase 11 del 26 de Junio de 1973 Pág. 11- Seminario 21-“Los no incautos...” –inédito- Clase del 15/1/74

miércoles, febrero 12, 2003

Permanentemente tendemos a razonar sobre los hombres como si fuesen planetas, calculando sus masas, su gravedad, sus monótonos recorridos ( órbitas) .

Cómo es que un ser humano puede llegar a cometer semejante extravío en sus pensamientos?

Desde Newton(1642) o Descartes (1594-1650) los planetas fueron acallados por el discurso científico.

Durante las épocas anteriores a la ciencia en Occidente, la astrología trataba de escuchar las voces de los cuerpos celestes (celestes por hallarse en los cielos! no por el color ...)
El gran imperio Chino no desarrolló un discurso científico como Occidente y eso por una parte los mantuvo escuchando al cielo hasta que Mao Tse Tung impulsó el discurso científico y lo aplicó fundamentalmente al control de la natalidad y al de la alimentación.

Consecuencias: El humano se transformó en planeta y los planetas en meros cuerpos móviles, enteramente calculables...cómo los hombres...Fundamentalmente si estos se tratan en "masa".
Los campos de concentración por desgracia, han mostrado de la peor forma, lo que implica transformar en números a los hombres.