miércoles, octubre 01, 2008

Que bueno, ahora si !!!!


Psychoanalytic Therapy Wins Backing


Published: September 30, 2008

Intensive psychoanalytic therapy, the “talking cure” rooted in the ideas of Freud, has all but disappeared in the age of drug treatments and managed care.

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Sigmund Freud Museum/Associated Press

Research is smiling on treatment rooted in Freud’s ideas.

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But now researchers are reporting that the therapy can be effective against some chronic mental problems, including anxiety and borderline personality disorder.

In a review of 23 studies of such treatment involving 1,053 patients, the researchers concluded that the therapy, given as often as three times a week, in many cases for more than a year, relieved symptoms of those problems significantly more than did some shorter-term therapies.

The authors, writing in Wednesday’s issue of The Journal of the American Medical Association, strongly urged scientists to undertake more testing of psychodynamic therapy, as it is known, before it is lost altogether as a historical curiosity.

The review is the first such evaluation of psychoanalysis to appear in a major medical journal, and the studies on which the new paper was based are not widely known among doctors.

The field has resisted scientific scrutiny for years, arguing that the process of treatment is highly individualized and so does not easily lend itself to such study. It is based on Freud’s idea that symptoms are rooted in underlying, often longstanding psychological conflicts that can be discovered in part through close examination of the patient-therapist relationship.

Experts cautioned that the evidence cited in the new research was still too meager to claim clear superiority for psychoanalytic therapy over different treatments, like cognitive behavior therapy, a shorter-term approach. The studies that the authors reviewed are simply not strong enough, these experts said.

“But this review certainly does seem to contradict the notion that cognitive or other short-term therapies are better than any others,” said Bruce E. Wampold, chairman of the department of counseling psychology at the University of Wisconsin. “When it’s done well, psychodynamic therapy appears to be just as effective as any other for some patients, and this strikes me as a turning point” for such intensive therapy.

The researchers, Falk Leichsenring of the University of Giessen and Sven Rabung of the University Medical Center Hamburg-Eppendorf, both in Germany, reviewed only those studies in which the therapy had been frequent — more than once a week in many cases — and had lasted at least a year or, alternatively, had been 50 sessions long. Further, the studies had to have followed patients closely, using strict definitions of improvement.

The investigators examined studies that tracked patients with a variety of mental problems, among them severe depression, anorexia nervosa and borderline personality disorder, which is characterized by a fear of abandonment and dark squalls of despair and neediness.

Psychodynamic therapy, Dr. Leichsenring wrote in an e-mail message, “showed significant, large and stable treatment effects which even significantly increased between the end of treatment and follow-up assessment.”

The review found no correlation between patients’ improvement and the length of treatment. But improve they did, and psychiatrists said it was clear that patients with severe, chronic emotional problems benefited from the steady, frequent, close attention that psychoanalysts provide.

“If you define borderline personality broadly as an inability to regulate emotions, it characterizes a lot of people who show up in clinics, whether their given diagnosis is depression, pediatric bipolar or substance abuse,” said Dr. Andrew J. Gerber, a psychiatrist at Columbia. For some of those patients, Dr. Gerber said, “this paper suggests that you’ve got to get into longer-term therapy to make improvements last.”

Some psychoanalysts were more surprised by where the paper appeared than by its results: most review papers in major medical journals have hundreds of studies to draw on, or certainly far more than 23. The new review is encouraging, they said, but also a reminder of how much more study needs to be done.

Dr. Barbara L. Milrod, a professor of psychiatry at Weill Cornell Medical College, who like Dr. Gerber is a clinical practitioner of psychodynamic therapy, said further research was crucial as a matter of survival for a valuable treatment.

“Let’s be real,” Dr. Milrod said. “Major medical centers have been shutting down psychodynamic training programs because there isn’t an adequate evidence base.”

miércoles, julio 04, 2007


July 01
Presentación en Esquel -Introducción al tema Adicciones
Toxicomanías y adicciones; abordaje institucional y psicoanalítico

A - Introducción:

Philipe Pinel (1745-1826) es el verdadero fundador de la clínica y de sus bases metodológicas. Elaboró una clasificación completa de los trastornos mentales : Es el primero que divide a la locura en cuatro grandes clases:1- MANIA: en la cual el delirio es general antecesora de lo que actualmente puede relacionarse con las psicosis paranoicas. 2- MELANCOLIA: el delirio es parcial predominando la tristeza profunda y falta de deseos de vivir.3- DEMENCIA: antecedente de la DEMENCIA PRECOZ de Kräepelin, lo que actualmente se conoce como Esquizofrenia.
4- IDIOCIA o IDIOTISMO: consiste en la obliteración de las funciones intelectuales. El sujeto queda reducido a una existencia vegetativa, con restos esporádicos de actividad. Es lo que en la actualidad recibe el nombre de oligofrenia o debilidad mental.

Pinel fue el primero que realizará un contacto personal con el enfermo y gestará lo que se conoce como tratamiento moral, a través del cual todos los esfuerzos terapéuticos van encaminados a que el enfermo mental recupere el control racional de su conducta; para tal fin propone retirarlo de su ambiente para curarlo y poder controlar sus condiciones de vida con una disciplina severa regulada por la ley médica, lo que se conoce como transferencia paterna en esta época.

Esto era posible porque para Pinel el cerebro no estaría dañado, la mente solamente está alterada en su funcionamiento, de donde surge la acción del posible tratamiento moral y la curabilidad potencial de la locura en una proporción que estimaba elevada, al menos para la manía y la melancolía no complicada. Se rompe así el tópico de la incurabilidad del loco, aunque los resultados obtenidos dejarán mucho que desear.


Las toxicomanías estaban incluidas entonces dentro de las Manías.

Uno de los continuadores de Pinel, y alumno preferido de éste, fue Esquirol (1772-1840) quien describió la manía tal como lo había hecho su maestro, pero en su intento por desterrar el término “melancolía” del lenguaje médico -y dejárselo a los poetas,- modifica las clasificaciones.

Y en lo que a nosotros nos interesa, subdivide las manías en las propiamente dichas por una parte y en las monomanías, bajo las que reagrupa todas las afecciones mentales que afectan en forma parcial a la mente, dejando intactas las demás facultades. Las monomanías le parecen esencialmente asimilables a una pasión patológica que actúa sobre la inteligencia fijando su atención.
Las toxicomanías, en la actualidad, remiten a aquellas monomanías de Esquirol.

Pero en 1985, la OMS, ha introducido el concepto “Dependencia” en las antiguas definiciones de toxicomanías y alcoholismo.

Que cambio estructural representa para nosotros esta modificación? Se tratará de una reedición de la disputa entre la medicina y la poesía?

Al hablar actualmente de “adicciones” notamos un cambio de paradigma, o más psicoanaliticamente un cambio de Discurso: Dependencia y adicción son sinónimos. Inclusive los conceptos relacionados cómo “uso, abuso, dependencia física, psíquica y tolerancia, remiten más al objeto (droga) del que se depende, que al sujeto afectado por algún tipo de pasión que los llevaría a consumirlas.

Podemos decir que el paradigma global de abordaje de estos pacientes en la actualidad se deslizó desde el Sujeto monomaníaco al del objeto droga que captura al sujeto.

Y por cierto, si la causa de la “adicción” queda del lado del objeto la terapéutica, el tratamiento recaerá fundamentalmente sobre éste. El objeto droga, es el que se estudia, se legaliza se prescribe o prohíbe, se inocula o se extirpará del sujeto que pasa a ser él mismo un objeto atrapado por el “estupefaciente”.
Agreguemos a la complejidad del tema que el correlato fisiológico del estudio del objeto droga fue y es cada vez más en la actualidad, la producción -sin límite interno y sin sujeto- de saber sobre los diferentes sistemas de neurotrasmisión y neurorecepción de los que el mismísimo Freud fue -cómo neurólogo- uno de los precursores.

Este hecho autoriza –cada vez más- a que a los tratamientos morales, herederos directos de los de Pinel, se le sumen los psicofarmacológicos . Drogas para curar drogadicción o inclusive para sustituir a las drogas de consumo (heroína-metadona) (nicotina-bupropión) (cocaina-clonazepam) Y si existe una pasión engendrada por estos abordajes va a estar tanto en la producción de nuevos saberes (con el mercado por detrás) cómo en la pasión llamada “indiferencia” .


B -Abordaje psicoanalítico y científico

La operación analítica, definida por el discurso del psicoanálisis= a /S2:$/S1 podría decirse que es estructuralmente el reverso de la propuesta conceptual y terapéutica de la OMS. El inverso desde ya no es el opuesto.

Es esta posibilidad la que lo vuelve totalmente compatible con ella, incluso la suplementa, como el suplemento de un diario…(en el sentido de la “suplencia” tal cómo se presenta la psicosis en los casos más afortunados). Suplementaria no es igual a complementaria: No hay complemento posible porque el sujeto para el psicoanálisis es imposible de completar, por definición es descompletado por el efecto del lenguaje sobre el cuerpo.

El suplemento del discurso de la ciencia sostenido por discurso psicoanalítico es posible porque sus estructuras son homeomórficas –topologicamente- hablando. Hipótesis que no desarrollaré aquí pero que puede decirse que el real sobre el que operan es diferente: Así cómo lo que estudia la biología como sexualidad es diferente a la abordada por el psicoanálisis, sin embargo el sujeto producto del discurso científico es justamente el sujeto el psicoanálisis.

En otras palabras: mientras la ciencia trabaja produciendo saberes que modifican al –parletre- (ser humano hablante) sin mediación simbólica, éste humano cuyo cuerpo viviente es la casa del lenguaje no deja de síntomatizar, cada vez con más sofisticación y en escala planetaria. Por ello es homologable el discurso de la histeria al de la ciencia. $/a : S1/S2 pero sin sujeto ni goce.

Una prueba de ello es lo que viene ocurriendo en relación al consumo de sustancias “psicoactivadoras”. Si bien el alcohol y las drogas nacieron con el hombre nunca en la historia se alcanzó el nivel actual de producción, acceso e imperativo global de consumirlas.

En la época de Freud se podía decir más abiertamente “donde hay pesares, también habrá licores” De penas y quitapenas se trataba.

Nuestra época no es tan caracterizable por la pena cómo sí por el pánico.
Ataque de Pánico al que Freud llamó Neurosis Actual o Neurosis de Angustia y en los niños Fobia. Y la anulación de estos afectos sería no tanto la seguridad o la tranquilidad sinó la de la INDIFERENCIA
Ahora el aforismo sería “donde hay sujetos indiferentes habrá sustancias psicoactivadoras para soportar esa pasión desubjetivante”

Lacán en sus Seminarios 4 y 21 da un giro a la definición freudiana de fobia y a grandes rasgos la homologa a una plataforma giratoria por la que el sujeto podrá dirigirse hacia la neurosis o la perversión cómo estructura dependiendo justamente de la elaboración que se haga.

El miedo, la fobia es –según Heidegger- un afecto impropio a diferencia de la angustia. La angustia es ante el deseo del Otro, ante la falta de significante en el Otro o a la presentificación de la falta del Otro que es el objeto causa de deseo. La angustia no es espacializable, es topológica.

El miedo ante la imagen del deseo del otro, ante los significantes del deseo del Otro, que trazan recorridos específicos, seguros, a prueba de miedo.

El pánico, el miedo, la cobardía moral, la indiferencia, son síntomas más acordes a nuestra época y pueden tomarse cómo síntomas sociales en respuesta al avance cada vez mayor e imparable del llamado discurso científico.

Una manera de percibir lo que el discurso de la ciencia elide puede desocultarse si uno se pregunta: Quién se hace responsable que de una semana a otra un descubrimiento científico, -una tecnología- un tipo de técnica se modifique a tal punto que podría considerarse peligroso lo que ayer fue óptimo? Bien, por estructura, “nadie”. No se podría pensar en responsabilidades porque no existe nadie verdaderamente a cargo del discurso científico. No se podría por ejemplo responsabilizar a “la química”, “la física”, etc de no haber hecho los descubrimientos necesarios para curar ciertas patologías.

Por ello las respuestas del $ frente a este real tienden a ser más masivas, sofisticadas, autoactualizables y precisas que no buscan quitar las penas sinó todo tipo de afecto.
Las drogas, o mejor el uso que los humanos hacemos de ellas, en la actualidad es una de estas respuestas subjetivas a la indiferenciación globalizante .

Y dejemos tambien sentado que frente a la era del pánico, hay todo un nuevo mercado en ascenso, ampliamente utilizado - tanto por los canallas cómo por los hombres de bien- que es la industria universal de la seguridad y su correlato el manejo de la información y los datos de todo tipo : Recordemos que actualmente con 150 dólares podemos tener acceso a mucha más información que toda la que existía disponible en el mundo durante la 2° guerra mundial.

Todo un círculo vicioso: Pánico-Drogas-Inseguridad-Ciencia-Drogas-indiferencia …más drogas, etc

sábado, junio 09, 2007


Cómo los laboratorios influyen sobre los psiquiatras infantiles


Los que más dinero reciben de la industria son quienes más prescriben drogas




NUEVA YORK.- Cuando, después de haber cumplido 12 años, Anya Bailey desarrolló un trastorno de la alimentación, su madre la llevó a un psiquiatra de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, que le prescribió una poderosa droga antipsicótica llamada risperidona.

Creada para tratar la esquizofrenia, la risperidona no ha sido aprobada para el tratamiento de los trastornos de la alimentación, pero uno de sus efectos secundarios es aumentar el apetito y los médicos pueden prescribir una droga para otro fin que no sea el aprobado si lo consideran correcto.

Anya subió de peso con esta medicación, pero después de dos años desarrolló un trastorno muscular que afecta su espalda llamada distonía, que limita seriamente sus movimientos. Ahora, tras haber dejado la risperidona, Anya debe recibir periódicas inyecciones de toxina botulínica para desanudar los músculos de su espalda. Habitualmente despierta llorando de dolor.

Isabella Bailey, su mamá, dijo que no tenía idea de que los niños fueran especialmente susceptibles a los efectos secundarios de la risperidona. Tampoco sabía que la risperidona y otras drogas de la misma clase no contaban entonces con la aprobación para ser usadas en niños, o que los estudios clínicos utilizados para justificar su uso pediátrico culminan con no más de ocho niños tomando la medicación.

Igual de sorprendente, dijo la señora Bailey, fue enterarse de que el psiquiatra que supervisó el tratamiento de Anya recibió más de 7000 dólares entre 2003 y 2004 de Johnson & Johnson, el fabricante de risperidona, como pago por conferencias que tenían como tema una de las drogas de esa compañía.

Médicos como el de Anya Bailey aseguran que el dinero que reciben de las compañías farmacéuticas no influye sobre lo que prescriben a sus pacientes. Pero en ninguna especialidad es tan cierto como lo es en psiquiatría que los crecientes pagos que reciben los psiquiatras coinciden con el creciente uso en niños de este relativamente nuevo grupo de drogas llamadas antipsicóticos atípicos.

Estas drogas que lideran el ranking de las más vendidas incluyen la risperidona, la quetiapina, la olanzapina, el aripiprazol y la ziprasidona, y actualmente son prescriptas a más de medio millón de niños en los Estados Unidos para ayudar a sus padres a manejar problemas de comportamiento, a pesar de sus riesgos y de que no han sido aprobadas para ser usadas en menores.

Un análisis realizado por el diario
The New York Times de los registros de Minnesota, el único estado de los Estados Unidos que requiere notificaciones públicas de los pagos de los laboratorios a los médicos, constituye un raro documento de cómo las relaciones entre ambos se corresponden con el creciente uso de los antipsicóticos atípicos en niños.

Prescripciones en alza

Entre 2000 y 2005, los pagos de las farmacéuticas a los psiquiatras de Minnesota aumentaron más de seis veces, hasta alcanzar los 1,6 millones de dólares. Durante esos mismos años, las prescripciones de antipsicóticos a niños aumentaron nueve veces.

Aquellos psiquiatras que recibieron sumas más grandes de dinero fueron más propensos a prescribir con mayor frecuencia, muestran los datos. En promedio, los psiquiatras de Minnesota que recibieron al menos 5000 dólares de los fabricantes de antipsicóticos atípicos entre 2000 y 2005 prescribieron tres veces más estas drogas que sus colegas que recibieron menos dinero o nada.

Las farmacéuticas subvencionan a los tomadores de decisiones en todos los niveles de la atención de la salud. Pagan a los médicos que prescriben y recomiendan sus medicamentos, que enseñan a sus colegas sobre esas enfermedades, que realizan estudios y escriben las guías de tratamiento que los médicos suelen seguir a la hora de prescribir.

Pero hay estudios que ofrecen firmes evidencias de que los intereses financieros pueden afectar esas decisiones, aunque muchas veces las personas no lo sepan.

En Minnesota, los psiquiatras recibieron más dinero de las farmacéuticas entre 2000 y 2005 que los médicos de otras especialidades. Los pagos totales a cada uno de los psiquiatras van desde 51 a 689.000 dólares, con un promedio de 1750 dólares. Dado que los registros analizados son incompletos, estas estadísticas probablemente subestimen los ingresos anuales de los psiquiatras.

Estos pagos pueden alentar a los psiquiatras a utilizar los medicamentos de modos que puedan poner en peligro la salud de los pacientes, dijo el doctor Steven E. Hyman, presidente de la Universidad de Harvard y ex director del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos. El creciente uso de los antipsicóticos atípicos es el más problemático ejemplo de ello, agregó Hyman.

"Existe una ironía en que los psiquiatras les pidan a sus pacientes que piensen sobre lo que les sucede, cuando al mismo tiempo ellos no establecen conexiones sobre cómo el dinero está afectando nuestra profesión y está poniendo en riesgo a nuestro pacientes", dijo Hyman.

Por G. Harris, B. Carey y J. Roberts
De The New York Times


Indicaciones no aprobadas

  • NUEVA YORK (The New York Times).- Es ilegal que las farmacéuticas paguen a los médicos para que prescriban medicamentos. Las leyes federales (de los Estados Unidos) también les prohíben que promuevan las indicaciones de las drogas no aprobadas por las autoridades regulatorias en medicamentos. Pero los médicos son libres de prescribirlas para los usos que consideren adecuados y las compañías farmacéuticas puedan esquivar la prohibición de promover usos no autorizados al pagar a los médicos para que den conferencias en las cuales pueden discutir esos usos.

lunes, noviembre 06, 2006




Principios directores del acto psicoanalítico

por Eric Laurent




Primer principio: El psicoanálisis es una práctica de la palabra. Los dos participantes son el analista y el analizante, reunidos en presencia en la misma sesión psicoanalítica. El analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente; está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir. El analista puntúa los decires del analizante y le permite componer el tejido de su inconsciente. Los poderes del lenguaje y los efectos de verdad que este permite, lo que se llama la interpretación, constituyen el poder mismo del inconsciente.

La interpretación se manifiesta tanto del lado del psicoanalizante como del lado del psicoanalista. Sin embargo, el uno y el otro no tienen la misma relación con el inconsciente pues uno ya hizo la experiencia hasta su término y el otro no.


Segundo principio: La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a las cuales el sujeto está fijado. El psicoanalista autoriza a tomar distancia de los hábitos, de las normas, de las reglas a las que el psicoanalizante se somete fuera de la sesión. Autoriza también un cuestionamiento radical de los fundamentos de la identidad de cada uno. Puede atemperar la radicalidad de este cuestionamiento teniendo en cuenta la particularidad clínica del sujeto que se dirige a él. No tiene en cuenta nada más. Esto es lo que define la particularidad del lugar del psicoanalista, aquel que sostiene el cuestionamiento, la abertura, el enigma, en el sujeto que viene a su encuentro. Por lo tanto, el psicoanalista no se identifica con ninguno de los roles que quiere hacerle jugar su interlocutor, ni a ningún magisterio o ideal presente en la civilización. En ese sentido, el analista es aquel que no es asignable a ningún lugar que no sea el de la pregunta sobre el deseo.


Tercer principio: El analizante se dirige al analista. Pone en el analista sentimientos, creencias, expectativas en respuesta a lo que él dice, y desea actuar sobre las creencias y expectativas que él mismo anticipa. El desciframiento del sentido no es lo único que está en juego en los intercambios entre analizante y analista. Está también el objetivo de aquel que habla. Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido. Esta recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Es ella la que funda la transferencia que anuda a los dos participantes. La formula de Lacan según la cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido incluye tanto el desciframiento como la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. En última instancia, cuando el analizante habla, quiere
encontrar en el Otro, más allá del sentido de lo que dice, a la pareja de sus expectativas, de sus creencias y deseos. Su objetivo es encontrar a la pareja de su fantasma. El psicoanalista, aclarado por la experiencia analítica sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en nombre de ese fantasma.

Cuarto principio: El lazo de la transferencia supone un lugar, el "lugar del Otro", como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular. Este lugar es aquel donde el inconsciente puede manifestarse en el decir con la mayor libertad y, por lo tanto, donde aparecen los engaños y las dificultades. Es también el lugar donde las figuras de la pareja del fantasma pueden desplegarse por medio de los más complejos juegos de espejos. Por ello, la sesión analítica no soporta ni un tercero ni su mirada desde el exterior del proceso mismo que está en juego. El tercero queda reducido a ese lugar del Otro.
Este principio excluye, por lo tanto, la intervención de terceros autoritarios que quieran asignar un lugar a cada uno y un objetivo previamente establecido del tratamiento psicoanalítico. El tercero evaluador se inscribe en esta serie de los terceros, cuya autoridad sólo se afirma por fuera de lo que está en juego entre el analizante, el analista y el inconsciente.

Quinto principio: No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica.
Freud tomó la metáfora del ajedrez para indicar que sólo había reglas o para el inicio o para el final de la partida. Ciertamente, después de Freud, los algoritmos que permiten formalizar el ajedrez han acrecentado su poder. Ligados al poder del cálculo del ordenador, ahora permiten a una máquina ganar a un jugador humano. Pero esto no cambia el hecho de que el psicoanálisis, al contrario que el ajedrez, no puede presentarse bajo la forma algorítmica. Esto lo vemos en Freud mismo que transmitió el psicoanálisis con la ayuda de casos particulares: El Hombre de las ratas, Dora, el pequeño Hans, etc. A partir del Hombre de los lobos, el relato de la cura entró en crisis. Freud ya no podía sostener en la unidad de un relato la complejidad de los procesos en juego. Lejos de poder reducirse a un protocolo técnico, la experiencia del psicoanálisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un
discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción.

Sexto principio: La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas. Las curas de Freud tuvieron duraciones muy variables. Hubo curas de sólo una sesión, como el psicoanálisis de Gustav Mahler. También hubo curas de cuatro meses como la del pequeño Hans o de un año como la del Hombre de las ratas y también de varios años como la del Hombre de los lobos. Después, la distancia y la diversificación no han cesado de aumentar. Además, la aplicación del psicoanálisis más allá de la consulta privada, en los dispositivos de atención, ha contribuido a la variedad en la duración de la cura
psicoanalítica. La variedad de casos clínicos y de edades en las que el psicoanálisis ha sido aplicado permite considerar que ahora, en el mejor de los casos, la duración de la cura se define "a medida". Una cura se prolonga hasta que el analizante esté lo suficientemente satisfecho de la experiencia que ha
hecho como para dejar al analista. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino al acuerdo del sujeto consigo mismo.

Séptimo principio: El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación de
la singularidad del sujeto a normas, a reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual. Esta impotencia es designada con el término de castración. Más allá de esto, el psicoanálisis con Lacan, formula la imposibilidad de que exista una norma de la relación entre los sexos.
Si no hay satisfacción plena y si no existe una norma, le queda a cada uno inventar una solución
particular que se apoya en su síntoma. La solución de cada uno puede ser más o menos típica, puede estar más o menos sostenida en la tradición y en las reglas comunes. Sin embargo, puede también remitir a la ruptura o a una cierta clandestinidad. Todo esto no quita que, en el fondo, la relación entre los sexos no tiene una solución que pueda ser "para todos". En ese sentido, está marcada por el sello de lo incurable, y siempre se mostrará defectuosa. El sexo, en el ser hablante, remite al "no todo".

Octavo principio: La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. La formación analítica, desde que fue establecida como discurso, reposa en un trípode: seminarios de formación teórica (para-universitarios), la prosecución por el candidato psicoanalista de un psicoanálisis hasta el final (de ahí los efectos de
formación), la transmisión pragmática de la práctica en las supervisiones (conversaciones entre pares sobre la práctica) Durante un tiempo, Freud creyó que era posible determinar una identidad del psicoanalista. El éxito mismo del psicoanálisis, su internacionalización, las múltiples generaciones que se han ido sucediendo desde hace un siglo, han mostrado que esa definición de una identidad del psicoanalista era una ilusión. La definición del psicoanalista incluye la variación de esta identidad. La definición es la variación misma. La definición del psicoanalista no es un ideal, incluye la historia misma del psicoanálisis y de lo que se ha llamado psicoanalista en distintos contextos de discurso.
La nominación del psicoanalista incluye componentes contradictorios. Hace falta una formación
académica, universitaria o equivalente, que conlleva el cotejo general de los grados. Hace falta una experiencia clínica que se trasmite en su particularidad bajo el control de los pares. Hace falta la experiencia radicalmente singular de la cura. Los niveles de lo general, de lo particular y de lo singular son heterogéneos. La historia del movimiento psicoanalítico es la de las discordias y la de las interpretaciones de esa heterogeneidad. Forma parte, ella también, de la gran Conversación del psicoanálisis, que permite decir quién es psicoanalista. Este decir se efectúa en procedimientos que tienen lugar en esas comunidades que son las instituciones analíticas. El psicoanalista nunca está solo, sino que depende, como en el chiste, de un Otro que le reconozca. Este Otro no puede reducirse a un Otro normativizado, autoritario, reglamentario, estandarizado.

El psicoanalista es aquel que afirma haber obtenido de la experiencia aquello que podía esperar de ella y, por lo tanto, afirma haber franqueado un "pase",como lo nombró Lacan.

El "pase" testimonia del franqueamiento de sus impases. La interlocución con la cual quiere obtener el acuerdo sobre ese atravesamiento, se hace en dispositivos institucionales.
Más profundamente, ella se inscribe en la gran Conversación del psicoanálisis con la civilización. El psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, a la que anhela conmover y tocar en favor de la causa analítica.

miércoles, junio 16, 2004


Lic LaChavanne Posted by Hello
LA MENTIRA DE LA DROGA
Lic. Horacio Lachavanne

A- GENERALIDADES

1- Mentiras verdaderas

Desde que el ser humano se reconoce en sus primeras palabras,- cosa que ocurre más o menos a partir de los dos años- podría decirse que miente.
Desde ya que no se trataría de la mentira cómo pecado, sino de la mentira en relación a un decir la verdad de las cosas y los hechos. Mentira como falta a la verdad, esencial al uso del lenguaje.

En otras palabras, el problema surge cuando para comunicar e incluso para pensar, “utilizamos” el lenguaje: mental, hablado, escrito, gestual, etc.

La palabra es la que instaura la mentira en la realidad. Precisamente porque introduce lo que no es, puede también introducir lo que es. Antes de la palabra, nada es ni no es. Sin duda, todo está siempre allí, pero sólo con la palabra hay cosas que son- que son verdaderas o falsas, es decir que son- y cosas que no son dijo J. Lacan en su Seminario 1

Cuando hablamos y por hablar sin importar el idioma en que se lo haga, ni el tono de voz, incluso hasta cuando hablamos por gestos o escribimos –como yo ahora,- no podemos no utilizar un lenguaje. Sin embargo, al “lenguajear” ( término que implicaría un poco más que el mero hablar, pensar o comunicarse) no podemos no mentir en absoluto.

Aunque nuestra intención sea decir las “cosas” lo más claro y verosímiles posible, a las “cosas” nunca llegamos, hay una insuficiencia en el lenguaje cómo para asegurar la íntegra transmisión de lo que se quiera decir y por eso siempre hay algo de mentira en todo decir.

Intentar trasmitir a otra persona algo tan simple cómo el color de una prenda de vestir por medio de palabras, puede transformarse en una empresa totalmente infructuosa. Si agregamos imágenes a esas palabras, no hay que creer que se soluciona el problema. Piensen en los últimos restauradores de la Capilla Sextina y los debates acerca de las luminosidades y transparencias de los colores que esperaban conseguir a partir de la limpieza de las impurezas depositadas en esos frescos durante siglos.


El ser humano se confrontó con este problema desde siempre y la forma más eficiente para enfrentarlo fue aplicando códigos cada vez más precisos y universales que se han ido acercando a la perfección de la transmisión de información…pero no tanto de sensaciones o sentidos.

El ejemplo de codificación más evidente para nuestras generaciones es el que ha utilizado la industria discográfica desde sus inicios hasta nuestros días.
Desde los cilindros tallados de las cajas de música hasta los formatos ultracodificados de encriptación de señales de audio (mp3, wav, etc.) capaces de reproducir datos con una fiabilidad asombrosa.
Este tipo de lenguaje digitalmente exacto no es otra cosa que el lenguaje de la matemática y la lógica.

El lenguaje lógico-matemático es el más estricto y exacto que conocemos y gracias a él, un color o un sonido ya no es imposible de transmitir. Basta con numerar y codificar todas existentes las frecuencias y listo!

Y aunque esto parezca tan imposible como numerar las olas del mar, actualmente con el uso de los computadores esos numeritos “perfectos” están al alcance de cualquiera de nosotros.
Nuestros sentidos han sido decodificados, digitalizados y por tanto capaces de “escribirse” y trasmitirse casi “perfectamente”…es decir “casi” sin engaños!

Un decir perfecto implica la utilización de números extremadamente grandes (o pequeños) pero desgraciadamente los números son infinitos!

Y si nos ponemos exigentes, notaremos que un infinitesimal podría alterar nuestra transmisión y lo que era un “verde esperanza”….dejará de serlo inmediatamente puesto que es con el lenguaje que se cuestiona el lenguaje mismo creándose así la dimensión de la posibilidad de lo falso.

Este “algo de mentira” es lo imposible de trasmitir o de escribir y es el fundamento del lenguaje humano.

2- La verdad, estoy mintiendo.

Sin embargo, no es sólo este imposible de decir el único condicionamiento que al humano-hablante le impide -aunque quisiera- , decir toda la verdad.
Ya San Agustín en “Las confesiones” situó a la palabra bajo el signo de la ambigüedad, pero no sólo de la ambigüedad semántica, sino de la ambigüedad subjetiva. Admite que el propio sujeto que nos dice algo, a menudo no sabe lo que nos dice.
El ser humano a diferencia de los animales, es capaz de mentirse a si mismo debido al efecto que el lenguaje produce sobre quien habla.
Queriendo decir algo se puede estar diciendo cualquier otra cosa.
¿Consiste la verdad en describir las cosas tal como son, sin preocuparse del modo en que las entenderá el oyente? se preguntó S. Freud en sus trabajos sobre el chiste y su relación con el inconciente.
Y por supuesto, cuando uno habla no puede dejar de ser oyente al mismo tiempo, no hay párpados para las orejas.

Un caso ejemplar es el de la paradoja del cretense Epimenides:

a)Epiménides dice: Todos los cretenses sólo dicen la verdad, yo miento.

i) Si Epiménides dice la verdad, entonces, lo que dice es verdadero, y por tanto, miente. Como miente, lo que dice no es verdad.
ii) Si Epiménides no dice la verdad, entonces, lo que dice es falso, y por tanto, no miente. Como no miente, dice la
verdad.

El tema de la verdad/mentira se hace cada vez más complejo pero justamente de nada de estas complejidades se trata cuando se escucha atentamente a un adicto a drogas o alcohol!



3-La mentira increíble
¿Qué uso de la mentira hace un adicto a las drogas?

Fundamentalmente la mentira es utilizada constantemente - sin descanso, sin ninguna lógica ni sentido, ingenua o estúpida y otras veces hasta delirante. Las mentiras se escapan a chorros de la boca de los adictos a drogas y alcohol, siendo la primera de ellas y más increíble la siguiente: “Yo no soy un adicto” (o versiones tales cómo “Yo no me drogo” o “Yo no soy alcohólico”, etcétera.)

Y si bien como es evidente, no todos los mentirosos son consumidores de drogas, hay una poderosa inclinación de la mayoría de los adictos a no poder dejar de mentir, - y ya no me refiero a la mentira propia del uso de todo lenguaje -.
La mentira que los consumidores de drogas no pueden dejar de utilizar es una manifestación “increíble” de lo que las drogas provocan en el hablante-ser que las consume. Es una mentira compulsiva que no deja de repetirse.

Este efecto “mentiroso” que el consumo de drogas provoca en el ser hablante, no es un problema de tipo fisiológico. Los daños orgánicos que las drogas ocasionan no tienen que ver con la necesidad permanente de mentir y mentirse todo el tiempo

Se habla con cierto fundamento cuando se denomina “adicción” al acto de consumir drogas de forma abusiva y compulsivamente.
La palabra adicción tiene como referencia a la palabra “esclavitud” es decir al que no tiene “derecho a hablar”, sin dicción, sin voz ni voto.
Para los griegos, los esclavos eran los que no pertenecían al pueblo.
Los extranjeros por ejemplo, si querían vivir en la Grecia de Pericles, lo podían hacer pero cómo esclavos, no como ciudadanos con voz y voto. (Se los llamaba “bárbaros” porque su lengua sonaba parecido a “bar-bar”, algo así cómo el bla-bla para la lengua latina o el iara-iara para los americanos)

Podemos decir entonces que la “mentira increíble” de los adictos se basa en que para ellos casi todas las relaciones con los semejantes, con los valores, con la ley, con los afectos y hasta las cosas mismas pierden su sentido de verdad e incluso de pesada realidad que las constituyen.

En otras palabras, el efecto “estupefaciente” hace caer las significaciones y sentidos comunes de manera tal que justifica a estos – paradójicamente- llamar “caretas” todos y todo los que no se relaciona con la droga.
Nada es serio, nada es sagrado ni tabú, todo parece relativizase y esfumarse en función del consumo de la droga para el adicto.

3- ¿Ella no engaña?

La droga elegida parecería ser la única verdad para el adicto. Ella parecería no engañarlo en el instante del consumo inminente y fugaz. Luego, la única verdad será volver a consumirla no importa donde ni cómo ni por cuanto.

Eric Clapton en sus épocas de adicto grave a drogas y alcohol escribió la canción titulada “Cocaine” que explica perfectamente esto:

If you wanna hang out you've got to take her out, cocaine.
Si querés aguantar tenés que conseguir: cocaina
If you wanna get down, down on the ground, cocaine.
Si querés perderte, tirarte en el piso: cocaina
She don't lie, she don't lie, she don't lie, cocaine.
Ella no te miente: cocaina
If you got bad news, you wanna kick them blues, cocaine.
Si has tenido malas noticias, pateá tu bajón:cocaina
When your day is done and you wanna run, cocaine.
Cuando tu día terminó y querés rajarte:cocaina

If your thing is gone and you wanna ride on, cocaine.
Si se te fue todo y querés seguir: coacaina
Don't forget this fact; you can't get it back, cocaine.
No te olvides de esto, no lo podrás recuperar, cocaina

El mismo autor, muchos años más tarde, después de años de consumo de heroína, cocaína y alcohol y de varias internaciones y tratamientos, dejará de incluirla en sus repertorios y será reemplazada por otro tema, acerca de la muerte accidental de su hijo de 4 años durante una “fiesta”, quien por descuido de los presentes, cayó a la calle desde el balcón de un piso muy alto en la ciudad de nueva York. (Clapton en 1997 abrió una clínica para la rehabilitación de drogadictos y alcohólicos en la isla caribeña de Antigua con el nombre de “Crossroads Center”).

4-Lo que no engaña

Lo que no engañó a Clapton ni a nadie, no son ni pueden ser las drogas.
No sabemos que acontecimientos le hicieron vislumbrar una verdad oculta tras la “verdad de la droga” .
A “nuestro” Maradona tal vez le pasó lo mismo cuando su respiración se detuvo.
De todas formas, eso no fue suficiente para ninguno de ellos. Ambos debieron ser llevados por la fuerza a tratarse por su compulsión a drogarse.

Definitivamente lo único que no engaña se llama angustia.

La angustia, el afecto fundamental del ser-hablante, no engaña porque siempre es sin palabras.
Y cómo no hay palabras que la definan, no hay un objeto del cual uno se angustie. La angustia a diferencia del miedo, no se refiere a algo o a alguien.
La angustia se apega al cuerpo y hace caer el sentido a todo lo que nos rodea
En eso reside el “parecido” con la supuesta verdad de las drogas: Tanto la angustia cómo la droga afectan al ser hablante quitándole las palabras y las significaciones .

Sólo que la angustia no engaña y puede ser el punto de apoyo para buscar las causas de la misma, en cambio las drogas, sólo son el punto de apoyo para buscar más drogas…

El surgimiento de la angustia es lo que todo adicto a drogas o alcohol ha venido evitando desde que alguna vez se ha confrontado con ella y no tuvo los recursos emocionales para canalizarla.

De aquí que para muchos pacientes, se les hace necesaria la desintoxicación prolongada de lo que consuman a fin de que recuperen su capacidad de hablar con la verdad.

Está claro que solamente con la angustia no hay posibilidades de buscar nada.
Este afecto deberá ser encausado y dosificado en un tratamiento cuya ética no apele a prácticas esotéricas, fórmulas mágicas, ni a recetas milagrosas, sino al recorrido de todos los relatos que hayan llevado al adicto creer que las drogas son su verdad.
Ni la autoayuda ortopédica, ni los psicofármacos más efectivos permitirían ese encauce por si sólo.

Una escucha de todo lo que el paciente pueda saber acerca de su angustia tendrá el efecto de verdad a la altura de aquella.

De allí que el tiempo de un tratamiento no va a ser corto. Estará relacionado con los caminos a recorrer por cada uno según quien ha estado-siendo hasta ahora.

B- CASO CLINICO


1- La mentira en tratamiento:

(A), masculino, 36 años, profesional, divorciado sin hijos, Sector social ABC1.


A, después de 15 años de psicoanálisis ortodoxo con una médica psicoanalista reconocida en los círculos tradicionales argentinos, es obligado por sus padres (por indicación de otro psicoanalista perteneciente a una institución especializada en adicciones) a realizar un tratamiento para dejar de consumir drogas, cosa que había venido haciendo desde los 14 años de edad. (cocaina, marihuana, alcohol, psicofármacos varios, etc.)

Según los relatos de A., si bien alguna vez habló del consumo de las diferentes drogas, con su analista, ella nunca ahondó en el tema a pesar de los innumerables accidentes, detenciones policiales, episodios de peleas brutales, ausencias prolongadas y enfermedades asociadas al consumo, de drogas.

Tampoco, había solicitado entrevistas con los padres (A. tenía 14 años cuando ya se drogaba casi todo el día, repitiendo dos veces el colegio secundario) a pesar de los reiterados pedidos de los padres. Las respuestas de tan afamada profesional, amiga de conocidos de la familia, los hizo pensar en que eran unos padres intrusivos y desubicados al querer dirigirle la vida a su hijo. Quedaron convencidos que había que dejarlo libre, con su psicoanalista, para elegir su destino.

2-La intervención institucional:

Recién después del tormentoso divorcio con una actriz y modelo, y con un nivel de adicción a la cocaína y alcohol, los padres de A. recurrieron a una institución especializada en este tipo de tratamientos.

La primera intervención desde la institución (atención grupal tres veces por semana durante una hora y media) a dejar de concurrir a su psicoanalista de casi “toda la vida” hasta tanto no sostenga una abstinencia de alcohol y drogas de al menos tres meses.

De la misma manera se lo insta a dejar de ver a su pareja actual, adicta a drogas hasta tanto ella misma no haga tratamiento, en la misma u otra institución. El y ella no acceden buenamente, pero después de repetir las mismas situaciones dolorosas, típicas del uso de drogas, deciden aceptar las reglas.

Ambos sostienen la concurrencia a la institución durante aproximadamente un año y tres meses, pero no pueden lograr dejar el consumo de cocaína por más de un mes seguidos. Había que ir a buscarlos al departamento donde vivían después de días de intentar algún tipo de contacto telefónico con ellos. Se drogaban tres o cuatro días seguidos. A. faltaba a su trabajo, tenía un cargo gerencial en una empresa corporativa de primera línea. Se reponía y certificado médico mediante retomaba sus tareas habituales, actuando sus malestares sufridos ante la sospecha de sus jefes y compañeros que si bien no le creían, tampoco sabían la verdad de su adicción.

En vista que el tratamiento grupal no marchaba, se le indica un tratamiento “paralelo” con un psicoanalista de la institución. El acepta pero con una gran desconfianza respecto de mi persona, debido a que él hubiese querido continuar con su anterior psicoanalista que hacía más de un año no veía ni tenía noticias. Con ella, el problema nunca había sido la droga, sólo era que “no quería madurar”….

3- Entrevistas con un psicoanalista:

A. resulta ser un paciente extremadamente histriónico, hiperactivo, compulsivo pero extremadamente respetuoso y carismático. Abusa de su inteligencia y responde a todo con frases hechas, chistes, y ademanes payasescos mientras estudia atentamente todo lo que pasa a su alrededor manteniendo una imagen de si “perfecta”, sin fallas ni problemas.


Le fascina que lo adulen, lo miren, lo consulten tanto cómo ayudar, hacer favores, enseñar, explicar, acompañar. Se viste con extremada prolijidad, cuida de todos los detalles.
Sin embargo, cuando la sola idea de consumir se le impone, todas estas conductas se alteran. Deja de ser amable, deja de sonreír, enmudece, todo lo molesta, comienza a descuidar sus modos, se vuelve extremadamente agresivo, grosero, hosco, apaga todos sus teléfonos, descuelga el portero eléctrico, y en ese estado llama al dealer o lo sale a buscar hasta que lo encuentra y se compra cocaína y rivotril, en cantidades imposibles de consumir en los dos o tres días que le durará la “fiesta”.

Llama a una o dos prostitutas, algún amigo consumidor y a su novia y se encierran a consumir cocaína y whisky mientras juegan a los dados durante 6 horas seguidas, para luego en un estado de extrema inmovilidad y sonambulismo, intentar tener relaciones sexuales durante otras seis horas…y no tanto por placer si no por el sólo hecho de intentar excitarse.
La cocaína los anestesia y las excitaciones se les vuelven imposibles de sostener. Se transforma esa búsqueda de placer en un trabajo forzado, que sólo el sopor del sueño logra interrumpir.

A partir de la puesta en cuestión de sus “mentiras” en su manera de ser con y sin drogas, este paciente en particular logró decir “verdades” muy dolorosas que nunca antes había podido recordar. Estos recuerdos olvidados, es decir reprimidos, sólo surgieron a partir de la angustia que le ocasionó la ausencia de complacencia que su analista le hizo notar cada vez que él se hacía el gracioso o cada vez que intentaba mentir sobre su estado de ánimo cotidiano diciendo “todo bieeeen!!!” sobre todo los días viernes, día clave para comenzar sus “giras”.
Frente a la pesada seriedad del analista, A. comenzaba a asociar sus sensaciones con las peleas con su padre, sus maestros, profesores, jefes y hermanos casi automáticamente.

El analista desechaba toda esa verborrea psicoanalíticoide y le exigía que “hable y no parlotee”. Recién ahí durante cientos de sesiones, fueron surgiendo los hechos de discurso que lo llevaron por la vida del consumo y al mismo tiempo, dejarlos caer de una vez.

Que esos relatos hayan caído lo obligaron a recurrir a nuevas formas y soluciones frente a la vida. Estas caídas de las fórmulas para enfrentar la vida no fueron sin angustia.


4-Conclusiones:

Sin un tratamiento grupal, con otros consumidores y ex consumidores estos comienzos de un psicoanálisis no hubiesen sido posibles.

Las crisis de sinsentido que atravesó en las sesiones podían precipitarlo al consumo, cómo de hecho pasó algunas veces, pero la posibilidad de contar con “su” grupo terapéutico le permitieron canalizar la angustia transformándola en diálogos diversos acerca de las experiencias comunes a la mayoría de ellos.

El tratamiento grupal duró 3 años aproximadamente. A partir de allí continuó dos años de atención individual que fue interrumpida en el año 2002 en que por razones laborales -que decidió no prescindir- lo llevaron a vivir fuera del país.

La interrupción no fue un final. De hecho he recibido noticias suyas diciendo que en cuanto pueda volverá a atenderse porque frente a situaciones determinadas ha vuelto a consumir alcohol y drogas.

Sin embargo, estas ya no le sirven cómo lo hacían. Sus mentiras son increíbles hasta para él.