martes, enero 28, 2014

Para entender a Lacan :

"Una psicosis lacaniana" . Presentación de enfermos de Jacques Lacan.

Dr. Lacan: Siéntese, buen hombre. Usted ha encontrado aquí el más vivo interés. Quiero decir que nos hemos interesado verdaderamente en su caso. Ha hablado con sus psiquiatras. Se han aclarado varias cosas. Hábleme de usted. (Silencio del señor Primeau.) No veo por qué no darle la palabra; usted sabe muy bien lo que le ocurre.

Sr. Primeau: No logro discernirme.

Dr. Lacan: ¿No logra discernirse? Explíqueme lo que le pasa.

Sr. Primeau: Estoy un poco desunido respecto del lenguaje. Es una disyunción entre el sueño y la realidad. Hay una equivalencia entre dos... dos mundos en mi imaginación, y no una predominancia. Entre el mundo y la realidad-eso que se llama realidad-se produce una disyunción. Me encuentro constantemente al borde de que fluya lo imaginativo.

Dr. Lacan: Hábleme de su nombre. Porque Gérard Primeau no es...

Sr. Primeau: Sí, había descompuesto, antes de conocer a Raymond Roussel... Cuando tenía veinte años estudiaba matemáticas superiores... Luego, me interesé por los hechos físicos, y se hablaba mucho de estratos y subestratos intelectuales. El lenguaje podría presentar estratos y subestratos. Por ejemplo, descompuse mi nombre en Geai (grajo), un pájaro, Rare (raro), la rareza.

Dr. Lacan: Geai Rare...

Sr. Primeau: Prime Au (primero al). Había descompuesto, de un modo un tanto lúdico, había despedazado mi nombre para crear. Lo que tengo que decirle es... (silencio).

Dr. Lacan: Y después ¿qué más? ¿A qué llama usted "la palabra"-así me lo han contado-, la palabra impuesta?

Sr. Primeau: La palabra impuesta es una emergencia que se impone a mi intelecto y que no tiene ninguna significación corriente. Son frases que emergen, frases no reflexivas, que no son ya pensadas, sino que son como emergencias que expresan el inconsciente...

Dr. Lacan: Prosiga.

Sr. Primeau: ...emergen como si yo fuese, no sé, manipulado... No soy manipulado, pero no logro explicarme. Tengo muchas dificultades para explicárselo. Tengo dificultad para discernir el problema, dificultad para discernir esta emergencia. No sé cómo viene, se impone a mi cerebro. Llega de golpe: Usted ha matado al pájaro azul. Es un "anarchic system"... frases que no tienen ninguna significación racional en el lenguaje banal y que se imponen en el cerebro, en el intelecto. También hay una especie de oscilación. Con el médico que se llama M.D. tengo una frase impuesta que dice: "M.D. es amable" y enseguida tengo una oscilación, con una reflexión que es mía, es una disyunción entre una frase impuesta y una frase mía, una frase reflexiva, y digo: "Pero yo estoy loco" Digo: "M.D. es amable" -frase impuesta-, "Pero yo estoy loco"-frase reflexiva.

Dr. Lacan: Déme otros ejemplos.

Sr. Primeau: El hecho es que, sobre todo, estoy muy acomplejado, muy agresivo a ratos. Con frecuencia, tengo tendencia...

Dr. Lacan: Y "agresivo", ¿qué quiere decir?

Sr. Primeau: Lo he explicado.

Dr. Lacan: Usted no tiene pinta de agresivo.

Sr. Primeau: Cuando tengo un contacto sensible soy agresivo interiormente... No puedo decir más...

Dr. Lacan: Usted conseguirá decírmelo, decirme cómo sucede.

Sr. Primeau: Tiendo a compensar. Soy agresivo, no físicamente, sino interiormente. Tiendo a compensar en el nivel de las frases impuestas. Me expreso mal, me descubro en seguida... Tiendo a recuperar las frases impuestas, a hallar amable a todo el mundo, bello a todo el mundo... mientras que en otros momentos tengo frases agresivas impuestas...

Dr. Lacan: Tómese su tiempo, tómese su tiempo para orientarse.

Sr. Primeau: Hay varios niveles de voces.

Dr. Lacan: ¿Por qué las llama "voces"?

Sr. Primeau: Porque las oigo, las oigo interiormente.

Dr. Lacan: Sí.

Sr. Primeau: Así pues, soy agresivo, e internamente oigo a la gente por telepatía. A veces tengo frases emergentes que no tienen significado, como acabo de explicarle un poco.

Dr. Lacan: Déme un ejemplo.

Sr. Primeau: Me matará el pájaro azul. Es un "anarchic system" Es un "assastinat" político... que es la contracción entre assassinat (asesinato) y assistanat (asistentado), que evoca la noción de asesinato.

Dr. Lacan: Que evoca... Dígame: ¿no le asesinan a usted?
Sr. Primeau: No, no me asesinan. Voy a continuar con una especie de recuperación inconsciente. A veces, tengo frases emergentes, agresivas e insignificantes o, mejor dicho, no significantes en el lenguaje corriente, y otras veces tengo recuperaciones de esta agresividad. y tengo la tendencia a encontrar a todo el mundo amable bello, etcétera. Eso beatifica, canoniza a ciertas personas a las que llamo santas. Tengo una amiga que se llama Bárbara; de lo que resulta Santa Bárbara. Santa Bárbara es una frase emergente, pero yo estoy en una fase agresiva. Siempre tengo esta disyunción entre las dos, que se completan, según la influencia del tiempo, y que no son del mismo tipo; una es emergente y la otra es reflexiva.

Dr. Lacan: Sí. Entonces hablemos más precisamente si usted quiere, de las frases emergentes. ¿Desde cuándo emergen? No es una pregunta estúpida.

Sr. Primeau: No, no. Desde cuando hice... Me diagnosticaron un delirio paranoico en marzo de 1974.

Dr. Lacan: ¿Quién dijo eso, "delirio paranoico"?

Sr. Primeau: Un médico lo dijo entonces. Y esas frases emergentes...

Dr. Lacan: ¿Por qué se vuelve hacia ese señor?

Sr. Primeau: Sentí que se burlaba de mí.

Dr. Lacan: ¿Ha sentido una presencia burlesca? El no está en su campo...

Sr. Primeau: Oí un sonidos y sentí.

Dr. Lacan: No se burla de usted. Lo conozco bien, seguramente no se burla de usted; al contrario, todo esto le interesa. Es eso, el ruido que ha hecho.

Sr. Primeau: La impresión de comprensión intelectual de su parte...

Dr. Lacan: Sí, también lo pienso, es más bien su estilo. Le digo que le conozco. Por otro lado, conozco a todas las personas que están aquí. No las hubiéramos hecho venir si yo no tuviera una confianza absoluta en ellos. Bien, continúe...

Sr. Primeau: Por otra parte, pienso que la palabra (la parole) puede ser la fuerza del mundo, de las palabras (des mots).

Dr. Lacan: Ciertamente, veamos. Hace un instante usted emitió su doctrina. Y en efecto, es un buen embrollo esta historia de...

Sr. Primeau: Es un lenguaje muy simple que uso en la vida cotidiana, y por otra parte hay un lenguaje de influencia imaginativa, en el que hago una disyunción de lo real, las personas que me rodean. Es eso lo importante. Mi imaginación crea otro mundo, un mundo que tendría un sentido equivalente al mundo llamado real, pero que estaría completamente desunido. Los dos mundos estarían completamente desunidos. Por otro lado, estas frases impuestas, en la medida en que emergen para agredir, a veces, a la persona, son puentes entre el mundo imaginativo y el mundo llamado real.

Dr. Lacan: Sí, pero en fin, está el hecho de que usted los mantiene perfectamente diferenciados.

Sr. Primeau: Sí, los mantengo perfectamente diferenciados pero el lenguaje, el fluir de la imaginación, no es del mismo orden intelectual o espiritual que lo que digo. Es una especie de sueño, una especie de sueño despierto, un sueño permanente.

Dr. Lacan: Sí.

Sr. Primeau: No creo que invente. Está desunido, pero esto no tiene ningún... No logro... Respondiéndole tengo miedo a equivocarme .

Dr. Lacan: ¿Cree haberse equivocado al responder?

Sr. Primeau: No me he equivocado. Cualquier palabra es fuerza de ley, toda palabra es significante, pero aparentemente, a primera vista, no tienen un sentido puramente racional.

Dr. Lacan: ¿De dónde ha tomado usted este término: "Toda palabra es significante"?

Sr. Primeau: Es una reflexión personal.

Dr. Lacan: Exacto.

Sr. Primeau: Tengo conciencia de este mundo desunidos no estoy seguro de tener conciencia de este mundo desunido.

Dr. Lacan: ¿No está seguro de...?

Sr. Primeau: No estoy seguro de tener conciencia de este mundo desunido. No sé si el...

Dr. Lacan: ¿Si el...?

Sr. Primeau: El sueño, el mundo construido por la imaginación, donde encuentro el centro de mí mismo, no tiene nada que ver con el mundo real, porque en mi mundo imaginativo, en el mundo que creo por la palabra, ocupo el centro. Tiendo a crear una especie de miniteatro, donde yo sería a la vez creador y director, mientras que en el mundo real sólo tengo una función de...

Dr. Lacan: Sí, ahí usted no es un geai rare, es tan cierto que...

Sr. Primeau: No, el geai rare está en el mundo imaginativo. El Gérard Primeau está en el mundo comúnmente llamado real, mientras que en el mundo imaginativo yo soy Geai Rare Prime Au. Es, quizás, a partir de mi palabra Prime: es el primero, el que codifica, que tiene fuerza. Había empleado un término en uno de mis poemas...

Dr. Lacan: ¿En uno de sus poemas?
Sr. Primeau: Era el centro solitario de un círculo solitario. No sé si eso ha sido dicho antes. Lo encontré cuando era bastante joven. Creo que ya lo había dicho Novalis.

Dr. Lacan: Exactamente.

Sr. Primeau: Soy el centro solitario, una especie de dios, de demiurgo de un círculo solitario, porque justamente este mundo está amurallado, y no logro hacerlo pasar a la realidad cotidiana. Todo el que se masturba... es decir, que se crea en el sueño interior-iba a decir "que se masturba"... (silencio).

Dr. Lacan: En definitiva, ¿qué piensa? Por lo que dice, parecería que tiene la sensación de que hay un sueño que funciona como tal, que usted, en definitiva, es la presa de un determinado sueño.

Sr. Primeau: Sí, más o menos eso. Una tendencia en la vida, además a... (silencio).

Dr. Lacan: Dígame.

Sr. Primeau: Estoy cansado. No estoy muy en forma, esta mañana, para hablar.

Dr. Lacan: ¿Y por qué diablos?

Sr. Primeau: Porque estaba un poco angustiado.

Dr. Lacan: Ha estado angustiado. ¿A qué nivel?

Sr. Primeau: No sé. Estoy angustiado. También la angustia es emergente. A veces está en relación con el hecho de encontrarse con una persona. Por otra parte, el hecho de encontrarme con usted, y...

Dr. Lacan: ¿Es angustiante hablar conmigo? ¿Acaso tiene la sensación de que yo no entiendo nada de todo este asunto suyo?

Sr. Primeau: No estoy seguro de que la entrevista pueda desbloquear ciertas cosas. Una vez tuve una angustia emergente que era puramente física, sin relación con un hecho social.

Dr. Lacan: Sí, el modo en el que yo me introduzco en este mundo...

Sr. Primeau: No... tenía miedo de usted porque estoy muy acomplejado. Usted es una personalidad bastante conocida. Tenía miedo de encontrarme con usted. Era muy simple, como angustia.

Dr. Lacan: Sí. ¿Y qué impresión le causan las personas que están aquí, que escuchan con tanto interés?

Sr. Primeau: Es oprimente. Es por esto que me da fatiga para hablar. Me siento angustiado y cansado, y esto bloquea mi tendencia a...

Dr. Lacan: ¿Con quién habló en 1974?

Sr. Primeau: Con el doctor G.

Dr. Lacan: ¿No fue G. el primer psiquiatra con el que habló?

Sr. Primeau: Sí, fue el primero. Vi al profesor H, a los quince años.

Dr. Lacan: ¿Quién le condujo a él?

Sr. Primeau: Mis padres. Tenía problemas de oposición a mis padres.

Dr. Lacan: ¿Es usted hijo único?

Sr. Primeau: Sí, soy hijo único.

Dr. Lacan: ¿Qué hace su padre?

Sr. Primeau: Visitador médico.

Dr. Lacan: ¿Qué tipo de trabajo es?

Sr. Primeau: Trabaja para un laboratorio farmacéutico. El trabajo consiste en ir a hablar con los médicos para presentar sus productos, es una especie de representante.

Dr. Lacan: ¿Trabaja para...?

Sr. Primeau: Para los laboratorios D.

Dr. Lacan: Y usted ¿ha seguido una orientación profesional? Hace poco me dijo que había hecho matemáticas superiores.

Sr. Primeau: Exacto, sí. En el liceo P.

Dr. Lacan: Hábleme un poco de sus estudios.

Sr. Primeau: ¿A qué nivel? Siempre he sido un alumno más bien perezoso. La naturaleza me había dotado... Siempre tenía tendencia a apoyarme en mi inteligencia más que en el trabajo. En matemáticas superiores lo dejé porque tuve...

Dr. Lacan: ¿Tuve...?

Sr. Primeau: Tuve un problema sentimental.

Dr. Lacan: ¿Tuvo un problema sentimental?

Sr. Primeau: Tuve preocupaciones por un problema sentimental. En noviembre había comenzado matemáticas superiores, luego me vine abajo a los dos meses a causa de un problema sentimental. Después, abandoné la matemática superior ya que entretanto tuve una depresión nerviosa.

Dr. Lacan: Usted tuvo una depresión nerviosa ligada a...

Sr. Primeau: A esa decepción sentimental.

Dr. Lacan: Esa decepción sentimental ¿en relación a quién?

Sr. Primeau: A una muchacha que había conocido en una colonia de vacaciones. Ambos éramos monitores.

Dr. Lacan: Sí. No veo por qué no decirme cómo se llamaba.

Sr. Primeau: Hélène Pigeon.

Dr. Lacan: Sí, era pues en 1967. ¿En qué punto se encontraba usted en su "escolaridad"? Es preciso llamarla así.

Sr. Primeau: Había tenido problemas porque era perezoso. Pero la pereza es una enfermedad. Ya estaba muy trastornado desde los quince años, y tenía palpitaciones afectivas a causa de mis relaciones tempestuosas con mis padres. Me ocurría que tenía lagunas de memoria.

Dr. Lacan: Habla de sus padres. Ya me ha situado un poco a su padre. ¿Y su madre?

Sr. Primeau: Fui criado por mi madre, porque mi padre, visitador médico, trabajaba en provincias. Mi madre era una mujer muy angustiada, muy silenciosa, y como yo mismo era muy retraído, muy, muy reservado, la cena era muy silenciosa, no había ningún contacto afectivo verdadero de parte de mi madre. Estaba angustiada, tenía un estado mental bastante contagioso... No es un virus, pero está en el ambiente. Entonces, fui criado por esta madre muy angustiada, hipersensible, que se peleaba muchas veces en escenas familiares con mi padre cuando regresaba los fines de semana. Había una atmósfera bastante tensa y angustiante. Creo que, por un fenómeno de ósmosis, yo también estaba muy angustiado.

Dr. Lacan: Cuando habla de fenómenos de ósmosis, ¿qué idea se hace de esta ósmosis, usted que sabe distinguir tan bien lo real...?

Sr. Primeau: ¿...de lo imaginario?

Dr. Lacan: Exacto, sí. ¿Entre qué y qué había ósmosis?

Sr. Primeau: Creo que, ante todo, hay una toma de conciencia entre lo que se llama lo real... se crea una tensión psicológica, una angustia en lo real, pero carnal, es decir en el cuerpo, y que, por ósmosis, pasa enseguida al espíritu... Porque tengo un problema es que no consigo... me siento un poco... Una vez le escribí una carta a mi psiquiatra...

Dr. Lacan: ¿A qué psiquiatra?

Sr. Primeau: Al doctor G. Desde hacía tiempo, hablaba de la escisión entre el cuerpo y el espíritu, y había una... Estaba obsesionado por... Yo le hablo de entonces, ahora ya no es válido... Llevé una especie de... (parece muy emocionado)... toda una noción de cuerpos eléctricos aparentemente empalmados, y que aparentemente se desunían. No lograba distinguir completamente en el nivel de esa situación cuerpo-espíritu.

Dr. Lacan: ¿"De entonces", eso cuándo era?

Sr. Primeau: Tendría diecisiete o dieciocho años... Decía: ¿cuál es el momento en que el cuerpo entra en el espíritu, o el espíritu entra en el cuerpo? No sé. Estoy obsesionado por la... ¿Cómo?... por el cuerpo compuesto de células, de todo tipo de células nerviosas. ¿Cómo pasar de un hecho biológico a un hecho espiritual? ¿Cómo se realiza la división entre el cuerpo y el espíritu? En suma, ¿cómo el pensamiento tiene una interacción neuronal? ¿Cómo se formuló el pensamiento? ¿De qué modo, a partir de esta interacción neuronal con el cerebro, el pensamiento puede hacer emerger de estas interacciones neuronales, de estos desarrollos hormonales, de estos desarrollos neurovegetativos, etcétera? Se me había ocurrido...

Dr. Lacan: Pero usted sabe que no sabemos más que usted.

Sr. Primeau: Se me había ocurrido, en vista de que la biología tomaba sus ondas en el cerebro, se me ocurrió que el pensamiento, o la inteligencia, era una especie de onda, de proyección de onda hacia el exterior. No sé cómo estas ondas se proyectaban hacia el exterior, pero el lenguaje... Es en relación con el hecho que soy poeta, porque...

Dr. Lacan: Sí, no hay duda de que usted sea poeta.

Sr. Primeau: Intenté, al principio...

Dr. Lacan: ¿Tiene cosas escritas por usted?

Sr. Primeau: Sí, tengo cosas aquí.

Dr. Lacan: Tiene ¿dónde?

Sr. Primeau: En el Hospital. El doctor Z me había pedido que las trajera. En fin, querría continuar. Intenté, con la acción poética, encontrar un ritmo de oscilación, una música. Se me ha ocurrido que la palabra es la proyección de la inteligencia que se eleva hacia el exterior.

Dr. Lacan: La inteligencia, la palabra. ¿Es esto lo que usted llama la inteligencia, es el uso de la palabra?

Sr. Primeau: Pensaba que la inteligencia era una proyección ondulatoria hacia el exterior, como si... No estoy de acuerdo con usted cuando dice que la inteligencia es la palabra. Está la inteligencia intuitiva, que no se puede traducir por la palabra, y justamente yo soy muy intuitivo y me cansa logificar (à logifier)... No sé si es una palabra francesa, es una palabra que inventé. Lo que veo... Por momentos, se me ocurría decir, cuando discutía con alguien: "Veo", pero no logro traducir racionalmente lo que veía. Son imágenes que pasan, y no logro...

Dr. Lacan: Hábleme un poco de esas imágenes que pasan.

Sr. Primeau: Es como un cine, lo que en medicina se llama "cine". Parte a toda velocidad y no sabría formular estas imágenes, porque no consigo calificarlas.

Dr. Lacan: Intentemos, antes que nada, definir un poco mejor esto. ¿Qué relación hay, por ejemplo, entre estas imágenes y una cosa que yo sé-porque me lo han dicho-, que tiene un lugar relevante para usted? La idea de lo bello. ¿Es de estas imágenes que usted se hace su idea de la belleza?

Sr. Primeau: ¿A nivel del círculo solitario?

Dr. Lacan: Del círculo solitario, sí.

Sr. Primeau: Efectivamente, se trata de esto. Pero la idea de lo bello en el sueño es esencialmente una visión física.

Dr. Lacan: ¿Qué es bello, aparte de usted? Porque, ante todo, ¿usted piensa que es bello?

Sr. Primeau: Sí, pienso que soy bello.

Dr. Lacan: ¿Las personas con las que usted se relaciona son bellas?

Sr. Primeau: En un rostro yo busco su luminosidad, siempre esta proyección, un don luminoso; busco una belleza que irradia. Esto no es extraño al hecho de que diga que la inteligencia es una proyección de ondas. Busco gente que tenga una inteligencia sensible, esta irradiación del rostro que te pone en relación con esta inteligencia sensible.

Dr. Lacan: Hablemos de la persona por la que se preocupaba en 1967... Hélène. ¿Ella irradiaba?

Sr. Primeau: Sí, ella irradiaba. Bien, encontré otras...

Dr. Lacan: ¿Otras personas irradiantes?

Sr. Primeau: Otras personas irradiantes, tanto entre las mujeres como entre los hombres. Sexualmente, me enamoro tanto de una mujer como de un hombre. Hablaba de las relaciones físicas con los hombres. Era atraído únicamente a causa de esta irradiación a la vez intelectual y sensible.

Dr. Lacan: Entiendo muy bien lo que usted quiere decir. No estoy obligado a participar, pero entiendo lo que quiere decir. Pero, en fin, usted no tuvo que esperar diecisiete años para quedar conmovido así, sensiblemente, por la belleza. ¿Qué le llevó a...?

Sr. Primeau: Por un problema...
Dr. Lacan: Dígame.

Sr. Primeau: ...de oposición a mis padres. Mi madre era muy silenciosa, pero mi padre, cuando regresaba los fines de semana... por problemas de educación, por problemas de la vida cotidiana, de la vida escolar o de la educación, con los consejos que me daba, yo era más bien refractario, bastante rebelde, ya muy independiente, y estaba irritado por los consejos que mi padre quería darme, como si yo tuviera la posibilidad de ir adelante por mi cuenta, sin recibir los consejos de mi padre. Fue entonces...

Dr. Lacan: ¿Qué le dijo a H.?

Sr. Primeau: Ya no me acuerdo.

Dr. Lacan: ¿Dijo usted que era un oposicionista?

Sr. Primeau: Ya no me acuerdo de qué dijo. Me hizo hablar y luego me hizo salir y habló con mi padre, no hizo el diagnóstico en mi presencia. Me pasó unos tests, desnudo. Estaba muy acomplejado desde el punto de vista sexual.

Dr. Lacan: La palabra "acomplejado", para usted, significa... ¿Está especialmente centrada en, digamos, cosas sexuales? ¿Es esto lo que quiere decir? Ya ha usado cinco o seis veces la palabra "acomplejado".

Sr. Primeau: No es sólo en lo sexual. También lo es a nivel relacional. Pero me es muy difícil expresarme, y tengo la impresión de ser, no rechazado, sino...

Dr. Lacan: "Sino"... ¿Por qué dice "no rechazado"? ¿Siente que es rechazado?

Sr. Primeau: Sí, tengo complejos por la palabra, complejos por la vida social. Es por miedo, una cierta angustia, un miedo a hablar de... Soy de efectos retardados, no soy rápido en la respuesta y tiendo a replegarme sobre mí mismo por este motivo. Me resulta muy difícil... A veces me paro, no logro... El hecho de que hace un momento haya tenido miedo de verle, era un complejo de inferioridad.

Dr. Lacan: ¿Se siente en estado de inferioridad ante mi presencia?

Sr. Primeau: He dicho "hace un momento". Estoy acomplejado en las relaciones. Como usted es una personalidad muy conocida, eso me había angustiado.

Dr. Lacan: ¿Cómo sabe que soy una personalidad conocida?

Sr. Primeau: Intenté leer sus libros.

Dr. Lacan: ¿Ah, sí? ¿Lo intentó? (El señor Primeau sonríe.) Usted leyó. Está al alcance de todo el mundo.

Sr. Primeau: Ya no recuerdo más. Lo leí de muy joven, a los dieciocho años.

Dr. Lacan: ¿Leyó las cosas que yo había propuesto cuando tenía dieciocho años?
Sr. Primeau: Sí.

Dr. Lacan: Y eso ¿en qué año?

Sr. Primeau: En 1966.

Dr. Lacan: Acababa de ser publicado.

Sr. Primeau: No me acuerdo.

Dr. Lacan: En aquel entonces usted estaba...

Sr. Primeau: En la clínica C., para estudiantes. Lo vi en la biblioteca. Debía tener veinte años.

Dr. Lacan: ¿Qué le empujó a abrir alguna vez ese maldito libro?

Sr. Primeau: Fue bajo la influencia de un amigo que me había hablado de él... lo hojeé. Había muchos términos muy...

Dr. Lacan: ¿Muy qué?

Sr. Primeau: Muy complejos, y no podía seguir la lectura.

Dr. Lacan: Sí, es más bien por el hecho de que hay cosas últimamente que se encuentran en todas partes. ¿Le impresiona eso?

Sr. Primeau: Me gustó. No lo leí todo, simplemente lo recorrí por encima.

Dr. Lacan: Bien, sigamos entonces, intente volver atrás. Sucio asesinato político. ¿Por qué estos asesinatos?

Sr. Primeau: No, hay asistentado político y hay "assastinat"

Dr. Lacan: ¿Entre el "asistentado" y el "asesinato", usted hace una diferencia, o bien todo es equívoco?

Sr. Primeau: Equívoco.

Dr. Lacan: ¿Es equívoco?

Sr. Primeau: No puedo...

Dr. Lacan: ...distinguir el "asistentado" del "asesinato"? ¿Desde cuándo este embrollo, digamos, "sonoro"? Cuando las palabras -dejemos de lado la historia de su nombre, Prime Au Geai Rare-, esto tiene un cierto peso, el geai rare -pero- "asistentado" y "asesinato" se deslizan uno sobre otro. No se puede decir que aquí las palabras tengan su peso, porque "el sucio asesinato"...

Sr. Primeau: Su peso, en la medida en que no es reflexivo.

Dr. Lacan: ¿Es decir que usted no les añade su reflexión?

Sr. Primeau: No, emergen, llegan espontáneamente, a ráfagas, a veces espontáneamente.

Dr. Lacan: ¿A ráfagas?

Sr. Primeau: A ráfagas. Exactamente, pensaba, precisamente, que quizás había una relación racional, aunque no sea emergente, una relación entre sucio asesinato, sucio asistentado, y sucio "assistanat". Pero luego, estas contracciones de palabras entre "asesinato" y "asistentado"... Me interesé? también, por las contracciones de las palabras. Por ejemplo, había conocido a Béatri Sarmeau, que es una cantante. La conocí al ir a escucharla al teatro V. Santa Beatriz es el 13 de febrero. Me acordé de esto mirando mi diccionario-no mi diccionario, mi calendario-y como ella me había pedido que volviera para escucharla, porque le había dicho cosas bastante bellas sobre su espectáculo, había escrito un deseo: "Del espacio en el que la leo, no se es Beatriz en fiesta" (ne s'est pas Béatrice en fête). Había escrito dixt, diez días: a la vez, el hecho de que eran diez días que habría podido desear, la distancia entre trece y veintitrés, diez, y la formulación, no lo había dicho (dit), porque es espacio de diez (dix) días pasó sin que hubiera una fiesta.

Dr. Lacan: En fiesta, ¿qué quiere decir? ¿Era esa la fiesta?

Sr. Primeau: Era la fiesta. En el deseo, sólo era esta palabra la que estaba contraída. Hay otra palabra como aplallado que es a la vez aplastado y estallado. Había escrito una poesía que llamaba Venurio, que es una contracción de Venus y Mercurio. Era una especie de elegía. Pero ahora no la tengo aquí, porque... Había también la palabra caer (choir) que escribía choixre, para expresar la noción de caída (chute) y la noción de elección (choix).

Dr. Lacan: ¿Y aparte de Hélène, para llamarla por su nombre, y el Venurio, que le "venurió"? Cuénteme eso.

Sr. Primeau: Entonces vino Claude Tours, a quien conocí en C.

Dr. Lacan: Cuénteme un poco más.

Sr. Primeau: También ella era poetisa. Trabajaba en el piano sola, a cuatro manos, bailaba, diseñaba.

Dr. Lacan: ¿También ella estaba iluminada?

Sr. Primeau: Cuando la conocí tenía su belleza. Estaba muy marcada por los medicamentos que tomaba. Su cara se había abotargado. Más tarde, seguí viéndola, después de su salida. Estaba delgada, tenía una belleza luminosa. Siempre me atraen esas bellezas. Estoy buscando una personalidad aquí en esta sala... Quizás esa señora... que lleva el fulard rojo, de ojos azules. Lástima que lleve maquillaje.

Dr. Lacan: Entonces ¿ella se parecía a esta señora?
Sr. Primeau: Se le parecía un poco, sí. Pero Claude no se maquillaba. Esa señora se ha puesto polvos.

Dr. Lacan: ¿Y a usted también se le ocurre alguna vez maquillarse?

Sr. Primeau: Sí, alguna vez. Se me ocurrió, sí (sonríe). Se me ocurrió a los diecinueve años, porque tenía la impresión... Estaba acomplejado sexualmente... Porque la naturaleza me había dotado de un falo muy pequeño.

Dr. Lacan: Hábleme un poco de eso.

Sr. Primeau: Tenía la impresión de que mi sexo se iba encogiendo, y de que me iba a convertir en una mujer.

Dr. Lacan: Sí.

Sr. Primeau: Tenía la impresión de que me iba a convertir en un transexual.

Dr. Lacan: ¿Un transexual?

Sr. Primeau: Es decir, a sufrir una mutación desde el punto de vista sexual.

Dr. Lacan: ¿Y eso qué quiere decir? ¿Ha tenido la sensación de que iba a convertirse en una mujer?

Sr. Primeau: Sí. Tenía determinados hábitos, me maquillaba, tenía esa impresión angustiante de encogimiento del sexo, y al mismo tiempo la voluntad de saber qué es una mujer, para intentar entrar en el mundo de una mujer, en la psicología de una mujer, y en la expresión intelectual, psicológica, de una mujer.

Dr. Lacan: Usted esperó... Es, con todo, una especie de esperanza .

Sr. Primeau: Era una esperanza y una experiencia.

Sr. Lacan: Es una experiencia... de que, no obstante, usted tiene un órgano masculino. ¿Sí o no?

Sr. Primeau: Sí.

Dr. Lacan: Bien, entonces, ¿en qué sentido dice que era una experiencia? Era más bien del orden de la esperanza. ¿En qué sentido sería una experiencia?

Sr. Primeau: Esperando que fuese experimental.1

Dr. Lacan: Es decir, que usted "esperaba experimentar", para jugar de nuevo con las palabras. Pero la cosa se quedó en el estadio de la esperanza... En fin, ¿usted nunca sintió que era una mujer?

Sr. Primeau: No.
Dr. Lacan: ¿Sí o no?

Sr. Primeau: No. ¿Puede repetir la pregunta?

Dr. Lacan: Le he preguntado si usted había sentido que era una mujer.

Sr. Primeau. Psicológicamente, sí. Con esa especie de intuición de...

Dr. Lacan: Sí, excuse, de intuición. Porque las intuiciones son imágenes que pasan súbitamente, ¿se ha visto alguna vez mujer?

Sr. Primeau: No, me vi mujer en sueños, pero voy a intentar.. .

Dr. Lacan: Se vio mujer en sueños. ¿Que entiende por “sueño”?

Sr. Primeau: ¿Sueño? Sueño de noche.

Dr. Lacan: De todos modos usted debe darse cuenta de que no es la misma cosa, el sueño de noche...

Sr. Primeau: Y el sueño despierto.

Dr. Lacan: Y el sueño que usted mismo llama despierto y al cual, si le he entendido bien, vinculaba la palabra impuesta. Bien. Eso que le ocurre de noche, a saber esas imágenes que se ven cuando se está dormido ¿es de la misma naturaleza que las palabras impuestas? Estoy hablando en términos muy aproximativos pero quizá tenga usted sus propias ideas sobre esto.

Sr. Primeau: No, no hay ninguna relación.

Dr. Lacan: Entonces ¿por qué definía como sueños las palabras impuestas?

Sr. Primeau: Las palabras impuestas no son un sueño, usted no me ha entendido bien.

Dr. Lacan: Le pido disculpas. He escuchado muy bien cómo usted usaba la palabra "sueño" en relación a esto. Añadiendo también "despierto", ha sido usted quien ha usado la palabra "sueño". ¿Usted recuerda haber utilizado la palabra "sueño"?

Sr. Primeau: Sí, usé esa palabra, "sueño", pero las frases impuestas están, por así decirlo, entre el círculo solitario y lo que agredo en la realidad. No sé qué forma parte del...

Dr. Lacan: Bien. ¿Entonces es este puente lo que agrede?

Sr. Primeau: Lo que agrede es el puente, sí.

Dr. Lacan: Entonces, esas palabras...

Sr. Primeau: No, son frases.

Dr. Lacan: Esas palabras que lo atraviesan, expresan su asesinato. Es más o menos lo que usted mismo dijo hace poco, por ejemplo: Quieren monarquizarme. Esto lo dice usted, pero es una palabra impuesta.

Sr. Primeau: Es una palabra impuesta.

Dr. Lacan: Bien. Esos que quieren monarquizarlo son personas a quienes usted insulta, usted los acusa de quererle monarquizar el intelecto. ¿Está de acuerdo?

Sr. Primeau: Sí, pero no sé si es...

Dr. Lacan: Una de dos, o las palabras surgen así, le invaden...

Sr. Primeau: Sí, me invaden.

Dr. Lacan: Sí.

Sr. Primeau: Me invaden, emergen, no son reflexivas.

Dr. Lacan: Sí. Entonces es una segunda persona quien reflexiona ahí y añade lo que usted añadía al reconocer que usted desempeñaba ese papel. ¿Está de acuerdo?

Sr. Primeau: Sí.

Dr. Lacan: ¿Qué añade, por ejemplo? ¿Quieren monarquizarme el intelecto?

Sr. Primeau: Nunca se me ha ocurrido añadir frases a esta frase, Quieren monarquizarme el intelecto. Pero la realeza no está vencida o está vencida. No sé si...

Dr. Lacan: Usted mismo hace la distinción entre la palabra impuesta y las reflexiones que añade y, en general-no es el único caso-, agrega un "pero", como acaba de decir: "Pero la realeza está vencida"

Sr. Primeau: Quieren monarquizarme el intelecto, emergencia. Pero la realeza está vencida, es una reflexión.

Dr. Lacan: ¿Es decir, es suya, es de su propia invención?

Sr. Primeau: Sí, mientras que la emergencia se me impone. Me vienen así como una especie de pulsiones intelectuales, que nacen violentamente y que vienen a imponerse a mi intelecto.

Dr. Lacan: ¿En el transcurso de nuestra conversación...?

Sr. Primeau: He tenido muchas.

Dr. Lacan: Quizá podría reconstruirlas.

Sr. Primeau: Quieren matarme los pájaros azules.

Dr. Lacan: Quieren matarme los pájaros...

Sr. Primeau: ...Los pájaros azules. Quieren agarrarme, quieren matarme.

Dr. Lacan: ¿Quiénes son los pájaros azules? ¿Están aquí los pájaros azules?

Sr. Primeau: Los pájaros azules.

Dr. Lacan: ¿Qué son los pájaros azules?

Sr. Primeau: Al principio, era una imagen poética, relacionada con el poema de Mallarmé, L'Azur, luego el pájaro azul era el cielo, el azul infinito. El pájaro azul era el infinito azul.

Dr. Lacan: Sí, continúe.

Sr. Primeau: Es una expresión de infinita libertad.

Dr. Lacan: Entonces ¿qué es? Traduzcamos "pájaro azul" por "infinita libertad". ¿Son las "infinitas libertades" las que quieren matarle? Es preciso saber si las "infinitas.libertades" quieren matarle. Continúe.

Sr. Primeau: Vivo sin límites. No tengo límites...

Dr. Lacan: Es preciso saber bien si usted vive sin límites o si está en un círculo solitario, porque la palabra "círculo" implica más bien la idea de limite.

Sr. Primeau: Sí, y de una tradición a nivel de...

Dr. Lacan: La imagen del círculo solitario...

Sr. Primeau: ¿A nivel del sueño, a nivel de lo no imaginativo creado por mi intelecto?

Dr. Lacan: No, pero es preciso ir hasta el fondo de las cosas.

Sr. Primeau: Es muy difícil. porque...

Dr. Lacan: ¿Qué es lo que usted crea? Para usted la palabra "crear" tiene un sentido preciso.

Sr. Primeau: Desde el momento que esto emerge de mí, es una creación. Es más o menos así. No hace falta liarse. No hay contradicción entre el hecho de hablar de estos círculos solitarios y el vivir sin límites. Para mí no hay contradicción. ¿Cómo explicárselo? Estoy en un círculo solitario porque estoy en ruptura con la realidad. Es por esto que hablo de círculo solitario Pero esto no me impide vivir, a nivel imaginativo, sin límites Es Justamente por no tener límites que tiendo a dispersarme un poco, a vivir sin limites, y si uno no tiene límites que lo paren ya no puede funcionar en la lucha. Ya no hay más lucha.

Dr. Lacan: Usted distinguía, hace un momento, el mundo de la realidad, de la que usted mismo dice que está hecha de cosas como éstas, esta mesa, esta silla. Bien. Me ha parecido también que indicaba que lo considera como todo el mundo, que lo concibe a nivel de sentido común. Entonces, interroguémonos sobre este punto. ¿Acaso crea usted otros mundos? La palabra "crear"...

Sr. Primeau: Creo mundos a través de mi poesía, a través de mi palabra poética.

Dr. Lacan: Sí, y las palabras impuestas crean mundos.

Sr. Primeau: Sí.

Dr. Lacan: Eso era un problema.

Sr. Primeau: Sí, crean mundos. Crean mundos, y la prueba es que...

Dr. Lacan: ¿La prueba es que...?

Sr. Primeau: Acabo dé decirle que Quieren matarme el pájaro azul implica un mundo en el que estoy sin límites. Se vuelve, yo vuelvo a mi círculo solitario, donde vivo sin límites. Es confuso, lo sé, pero estoy muy cansado.

Dr. Lacan: Acabo de hacerle notar que el círculo solitario no implica vivir sin límites, porque usted está limitado por ese círculo solitario.

Sr. Primeau: Sí, pero a nivel de este círculo solitario vivo sin límites. Pero a nivel de lo real, vivo con límites, porque estoy limitado, aunque sólo fuese por mi cuerpo.

Dr. Lacan: Sí. Todo esto es muy cierto, por el hecho de que el círculo solitario está limitado.

Sr. Primeau: Está limitado en relación con la realidad tangible, pero esto no impide que en medio de ese círculo se viva sin límites. Usted piensa en términos geométricos.

Dr. Lacan: Yo pienso en términos geométricos, es cierto, mientras que usted no. Pero es vivir sin límites lo que es angustiante. ¿No? ¿No le angustia esto?

Sr. Primeau: Es verdad que me angustia. Pero no consigo liberarme de este sueño o de este hábito.

Dr. Lacan: Bien. Dicho esto, le ha ocurrido un tropiezo que ha motivado su ingreso aquí. Si entendí bien, ha sido un intento de suicidio. ¿Qué le empujó a eso? ¿Fue su amiga Claude de la que hablábamos antes?

Sr. Primeau: No, no, no, no. Fue a causa de la telepatía.

Dr. Lacan: Exactamente. Aún no habíamos abordado esa palabra. ¿Qué es la telepatía?

Sr. Primeau: Es la transmisión del pensamiento. Soy telépata emisor.

Dr. Lacan: ¿Es usted emisor?

Sr. Primeau: Quizá no me oye.

Dr. Lacan: No, le oigo muy bien. Usted es un emisor telepático. En general, la telepatía es del orden de la recepción, ¿no? ¿La telepatía le advierte de lo que ha ocurrido?

Sr. Primeau: No, eso es clarividencia. La telepatía es la transmisión del pensamiento.

Dr. Lacan: Entonces, ¿a quién transmite usted?

Sr. Primeau: No transmito ningún mensaje a nadie. Lo que pasa a través de mi cerebro es oído por determinados telépatas receptores.

Dr. Lacan: Por ejemplo, ¿soy yo receptor?

Sr. Primeau: No lo sé.

Dr. Lacan: No soy muy receptor, porque es evidente que vacilo en su sistema. Las preguntas que le he hecho prueban que era justamente de usted de quien deseaba las explicaciones. Así, pues, no he recibido todo lo que supone eso que, provisionalmente, llamaremos "su mundo".

Sr. Primeau: Un mundo a mi imagen.

Dr. Lacan: ¿Pero existen esas imágenes?

Sr. Primeau: Sí.

Dr. Lacan: Pero es usted quien las recibe, puesto que es quien las ve.

Sr. Primeau: La telepatía se hace a nivel de la palabra. La frase emergente y las reflexiones que yo puedo tener, porque de vez en cuando me ocurre que tengo algunas...

Dr. Lacan: Sí, usted reflexiona constantemente sobre sus frases.

Sr. Primeau: No, no reflexiono siempre sobre las frases, sino que reflexiono sobre diversos temas. No sé qué es lo que transporta la telepatía, pero no son imágenes lo que transmite la telepatía. Al menos lo supongo porque no soy a la vez yo y otro al mismo tiempo.

Dr. Lacan: Sí. ¿Pero en qué ve usted que el otro las recibe?

Sr. Primeau: Por sus reacciones. Si alguna vez los agredo, si alguna vez digo cosas que no me parecen... Los médicos me han formulado muchas veces esa pregunta. Es un razonamiento que hago. Cuando voy a casa de alguien me doy cuenta si su rostro se contrae, o si hay diferencia en la expresión, pero no tengo una conciencia perfectamente objetiva, científica, del hecho de que determinadas personas me reciban.

Dr. Lacan: Yo, por ejemplo, ¿lo he recibido?

Sr. Primeau: No creo.

Dr. Lacan: ¿No?

Sr. Primeau: No.

Dr. Lacan: Porque las preguntas que le he hecho demostraban que vacilaba. ¿Quién ha recibido, aquí, aparte de mí?

Sr. Primeau: No lo sé, no he tenido tiempo de mirar a las personas. Por otro lado, el auditorio de los psiquiatras, que están acostumbrados a concentrarse y a no reaccionar... Es sobre todo con los enfermos que veo.

Dr. Lacan: ¿Sus compañeros del hospital?

Sr. Primeau: Exacto.

Dr. Lacan: ¿Desde cuándo dura la telepatía, es decir, esta contracción a partir de la cual usted nota que han estado recibiendo alguna cosa?

Sr. Primeau: Desde marzo de 1974, cuando G. me diagnosticó un delirio paranoide.

Dr. Lacan: ¿Usted cree en este delirio paranoide? Yo no le encuentro delirante.

Sr. Primeau: En esa época era así. Por entonces estaba muy excitado, quería...

Dr. Lacan: ¿Quería?

Sr. Primeau: Quería salvar a Francia del fascismo.

Dr. Lacan: Sí, continúe.

Sr. Primeau: Escuchaba la transmisión de Radio France-Inter, a las diez, y al mismo tiempo hablaba. En un determinado momento Pierre Bouteiller dijo, al margen de su emisión: "No sabía que tenía oyentes que tuviesen esos dones". Es así cómo tomé conciencia de que me podían oír en la radio.

Dr. Lacan: ¿Tuvo la sensación, en aquel momento, de que podían oírle en la radio?

Sr. Primeau: Sí. Y tengo también otra anécdota, de cuando tuve mi intento de suicidio. Había una emisión, "Radioscopie". Reflexionaba, y... En un momento dado hablaban, y reían como entendiéndose entre ellos, y yo hablaba, ya no recuerdo qué era lo que decía, pero al final dijeron: "Esto es lo que quiero decirle a un poeta anónimo". Quizá no fuese exactamente así, era una especie de indiferencia, que no es la indiferencia, la indiferencia. Hablaron del poeta anónimo. En otra ocasión en "Radioscopie" había otro invitado, que era Roger Fressoz, el director del "Canard Enchaîné". Fue después de mi intento de suicidio. Hablaban, justo al final de la entrevista, del anticlericalismo, y dije: "Roger Fressoz es una santa". Los dos estallaron de risa, en la radio, de un modo que no tenía ninguna relación con lo que decían, y oí en un tono un poco más bajo: "Podríamos admitirle en el 'Canard Enchaîné' ". ¿Fue sólo el fruto de mi imaginación, o me oyeron de verdad? ¿Eran telépatas receptores, o es pura imaginación, una creación?

Dr. Lacan: ¿No puede decidir?

Sr. Primeau: No.

Dr. Lacan: Entonces, ¿fue a causa de esta telepatía de emisión, muy distinta de la clarividencia, que usted hizo ese intento?

Sr. Primeau: No, no fue a causa... Insultaba a los vecinos, era muy agresivo.

Dr. Lacan: ¿Usted los insultaba?

Sr. Primeau: Porque con demasiada frecuencia hacían escenas domésticas. Una tarde volvía de D, y...

Dr. Lacan: ¿Y qué?

Sr. Primeau: Tenía muchos medicamentos.

Dr. Lacan: Sí.

Sr. Primeau: Ya estaba muy angustiado porque se pudiesen oír algunos de mis pensamientos.

Dr. Lacan: Sí. ¿Por qué esos insultos eran insultos en el pensamiento?

Sr. Primeau: En el pensamiento, sí. No era cara a cara. Era el apartamento de arriba. Estaba a punto de agredirles y les oí gritar: "El señor Primeau está loco, hay que encerrarlo en un manicomio", etcétera.

Dr. Lacan: ¿Es esto lo que determinó su...?

Sr. Primeau: Estaba muy depresivo. Estaba muy angustiado ya por el hecho de saber que determinadas personas pueden percibir algunos pensamientos o algunos fantasmas, más o menos estrafalarios, de otras personas. Al mismo tiempo escuchaba la radio y contaba cosas bastante banales e insignificantes. En la radio tuve también la impresión de que me oían y se mofaban de mí. Verdaderamente no podía más, porque desde hacía un tiempo, a causa de esta telepatía, tenía otros vecinos insultados que me miraban mal. De repente, tuve ganas de suicidarme, y tomé.. .

Dr. Lacan: No, pero... ¿qué resuelve que usted se suicide?
Sr. Primeau: Es una fuga... Para escapar de mi angustia. Mientras que, intelectualmente, estaba contra la mentalidad suicida. Tenía una frase: "La vida como medio de conocimiento" En todos los momentos de desesperación que he tenido desde que estoy enfermo, a los quince años, tengo siempre esta frase que me volvía: "Si muero, hay cosas que no puedo conocer". Creo en la reencarnación, pero no en el Paraíso.

Dr. Lacan: ¿Cree en la reencarnación?

Sr. Primeau: Creo en la metempsicosis. En un determinado momento, a los dieciocho años, pensaba que era la reencarnación de Nietzsche.

Dr. Lacan: ¿Pensaba que era la reencarnación de Nietzsche? Sí... ¿por qué no?

Sr. Primeau: Sí, y cuando tenía veinte años descubrí a Artaud. A los diecisiete años leí El ombligo de los limbos y me compré las Obras Completas de Artaud. Y a los veinte años más o menos tuve la impresión de que era la reencarnación de Artaud. Artaud murió el 4 de marzo de 1948. Yo nací el 10 de setiembre de 1948. El nació el 4 de setiembre de 1896 y los dos éramos del signo Virgo. Y como había esta distancia de marzo a setiembre, tenía la impresión de que su espíritu y su alma habían migrado, durante seis meses, y que esa alma, ese espíritu, se habían reencarnado en mí, cuando nací, el día 10 de setiembre de 1948.

Dr. Lacan: ¿Usted cree de verdad en estas cosas?

Sr. Primeau: Ahora ya no creo ser la reencarnación de Artaud o de Nietzsche, pero todavía sigo creyendo en la reencarnación porque, de pequeño, tuve un sueño que era una especie de doble reencarnación, un sueño en la noche, un sueño nocturno. Debía de tener ocho o nueve años. A esa edad, uno no ha leído los libros de la metempsicosis. En ese sueño me encontraba en la Edad Media, tenía la impresión de haber vivido ya en la Edad Media. Al mismo tiempo, en ese sueño, me encontré en un castillo un tanto en ruinas y, en el sueño, también soñaba.

Dr. Lacan: Sí, un sueño en un sueño.

Sr. Primeau: Y pensaba que ya había visto ese castillo antes, en la otra vida, antes de la Edad Media. Recuerdo que conocía ya ese castillo, aunque estuviese un poco en ruinas.

Dr. Lacan: ¿Entonces ese castillo era de antes de la Edad Media?

Sr. Primeau: Quizás en la época de la Edad Media la vida no superaba los treinta y cinco o cincuenta años. Quizás el sueño del sueño también era de la época medieval, y quizá transcurrieron cincuenta o cien años para que el castillo se arruinara un poco. Pero esto es una hipótesis que yo hago, pero que en el sueño no está formulada de ninguna manera.

Dr. Lacan: Es una hipótesis que usted formuló.

Sr. Primeau: Tuve fenómenos de levitación. Fui formado muy joven, a los once años. Un día...
Dr. Lacan: ¿Qué entiende por "ser formado"? ¿Tenía erecciones?

Sr. Primeau: Exacto.

Dr. Lacan: ¿Entonces?

Sr. Primeau: Tuve un sueño de levitación.

Dr. Lacan: Sí, cuente.

Sr. Primeau: Me estaba masturbando y tuve un despliegue de goce extremo. Tuve la sensación de elevarme en el aire. ¿Me elevé verdaderamente, o es una ilusión del orgasmo? Desde el punto de vista del pensamiento, pienso verdaderamente que entré en levitación.

Dr. Lacan: Sí, esperemos... (Silencio). Dígame, ¿qué va a hacer ahora?

Sr. Primeau: Voy a seguir intentando cuidarme. ¿Ahora? ¿Inmediatamente, o en el futuro?

Dr. Lacan: En el futuro.

Sr. Primeau: No tengo idea alguna, no tengo ningún proyecto para el futuro.

Dr. Lacan: Aún tiene que terminar los estudios.

Sr. Primeau: No, ya no estudio.

Dr. Lacan: ¿Actualmente, no trabaja en ninguna parte?

Sr. Primeau: No, no trabajo.

Dr. Lacan: Pero de todos modos algún día hay que salir del hospital. ¿Cómo piensa volver a empezar?

Sr. Primeau: Si consigo desangustiarme, encontrar una posibilidad de diálogo... Siempre habrá ese fenómeno de telepatía que me perjudicará, porque no podré actuar, todas mis acciones serán pronto reconocidas por telepatía por aquellos que me oyen, incluso sin oírme... No podré vivir en la sociedad mientras exista esta telepatía. No podré vivir en la vida social, en la corriente social, sin ser prisionero de esta telepatía. La gente oye mis pensamientos, no podré tener un trabajo en la vida corriente, no es posible. Lo que más me tortura...

Dr. Lacan: ¿Desde cuándo está un poco mejor?

Sr. Primeau: Desde hace quince días. He tenido muchas entrevistas con los psiquiatras, y esto me ha desbloqueado un poco. Pero desde el momento en que mi jardín secreto es percibido por determinadas personas, que mis pensamientos y mis reflexiones son...

Dr. Lacan: ¿Su jardín secreto, es el círculo solitario?

Sr. Primeau: Jardín secreto donde las reflexiones son las imágenes, o las reflexiones que puedo tener sobre diferentes temas, etcétera... ¿Cómo es posible tener una actividad profesional si una parte de quienes te rodean perciben tus reflexiones y entran en cortocircuito? Incluso si uno vive de una manera completamente inmediata, hay cosas... Si me llevaran a un círculo de estudios para dirigir a las personas, y fuese oído, no sería posible vivir. Hace aproximadamente un mes estaba realmente mal. Permanecía constantemente estirado en mi cama. Estaba destrozado. Pensaba en suicidarme otra vez, porque no se puede vivir con esta telepatía, que no siempre ha existido, y que nació en el momento...

Dr. Lacan: ¿Qué es lo que no ha existido siempre? ¿Las palabras impuestas son de antes?

Sr. Primeau: Las palabras impuestas y la telepatía empezaron en marzo de 1974... al mismo tiempo que el delirio paranoide, cuando quería combatir a los fascistas, etcétera, con el pensamiento.

Dr. Lacan: En el momento en que veía a H...

Sr. Primeau: Sólo lo vi una vez.

Dr. Lacan: En ese momento ¿tenía fenómenos del tipo de palabra impuesta, o telepáticos?

Sr. Primeau: No, no era eso. Por otra parte, cuando volví a ver a mi psiquiatra G, a mi regreso de O, me dijo: "Su telepatía..." Tuve veinticinco electronarcosis, trece en N., y doce en O. Estoy cada vez más angustiado. Ya no consigo concentrarme. Con esas electronarcosis se dañaban las células.

Dr. Lacan: Es lo que usted piensa. Su drama de estar enfermo, es la electronarcosis.

Sr. Primeau: Estas electronarcosis me las han hecho para curarme, porque estaba verdaderamente delirante. Me han hecho no pocos tests en mi vida. Cuando me llevaron a la clínica de M, deliraba tanto... Intelectualmente oía voces que me hacían preguntas sobre la Francia fascista. Tenía la impresión de estar en la Facultad de Filosofía o de Matemáticas? no sé, no logro concentrarme ya. Creía que los fascistas habían tomado por asalto la sede de la ORTF. Con el pensamiento hacía que Jean-Claude Bourret y Jean Ristat se mataran estrangulándose entre sí. En esa época tenía la obsesión de la fraternidad... Respondía con símbolos matemáticos. Tenía la impresión de que me formulaban preguntas, y yo tenía que responder para salvar a Francia del fascismo. Me hacían preguntas, y esas respuestas, las daba abiertamente, eran series matemáticas o de símbolos poéticos. No puedo recordarlo. Es por esto que diagnosticaron un delirio.

Dr. Lacan: En resumen, ¿quién tiene razón, los médicos o usted?

Sr. Primeau: No sé.

Dr. Lacan: Se pone en las manos de los médicos.

Sr. Primeau: Me pongo en sus manos, intentando conservar mi libre arbitrio.

Dr. Lacan: ¿A usted le parece que le da un lugar serio al libre arbitrio? En lo que me ha contado, usted padece, usted padece de ciertas cosas que se le escapan.

Sr. Primeau: Sí, pero...

Dr. Lacan: ¿Sí, pero...?

Sr. Primeau: Tengo tal esperanza, esperanza de recobrar mi poder de juicio, mi poder de diálogo, un poder de control de la personalidad. Creo que es el problema más crucial. Como le dije al principio, el hecho es que no logro discernirme, no logro controlarme.

Dr. Lacan: Bien, amigo mío, hasta la vista (el doctor Lacan le estrecha la mano). Estaría contento de tener algunas muestras de sus...

Sr. Primeau: ¿De mis escritos?

Dr. Lacan: Nos veremos dentro de algunos días.

Sr. Primeau: Gracias, señor (sale).

Dr. Lacan: Cuando entramos en detalles, vemos que los tratados clásicos no agotan el problema. Hace un mes y medio examiné a alguien a propósito de quien se habló de psicosis freudiana. Esto es una psicosis "lacaniana"... verdaderamente caracterizada. Con esas "palabras impuestas", lo imaginario, lo simbólico y lo real. Es precisamente por eso por lo que no soy muy optimista con respecto a este muchacho. Tiene la sensación de que las palabras impuestas se han agravado. La sensación que llama "telepatía" es un paso ulterior. Por otro lado está esa sensación de ser observado que provoca su desesperación. No veo cómo va a salir de esto. Hay intentos de suicidio que acaban teniendo éxito. Sí. Es un cuadro de los que no encontramos descritos, incluso en los buenos clínicos, como Chaslin. Es para estudiarlo.

lunes, mayo 06, 2013


Han pasado los años y Sigmund Freud aún despierta el recelo y la desconfianza . Ese recelo aparece en esta entrevista poco conocida al psicoanalista francés Jacques Lacan (1901/1981), realizada en 1974 por Emilio Granzotto. Inédita hasta que fue  publicada  en  el  Magazine Litteraire  en 2004. 

Merece ser leída aún por aquellos que piensan que el psicoanálisis es sólo una muy costosa  pérdida de tiempo.  Granzotto atraviesa temas disímiles y complejos, y siempre prevalece la agudeza del entrevistado, que no se cansa de repetir que “el psicoanálisis es el reino de la palabra: no hay otro remedio”.


Lacan: “En diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza”   por Emilio Granzotto -1974-  -Magazine Litteraire 2004- 

Foto  captada en Sabana Grande, Caracas, en 1980, por Vasco Szinetar

- Cada vez se habla con más frecuencia de la crisis del psicoanálisis. Se dice que Sigmund Freud está obsoleto, la sociedad moderna ha descubierto que su obra no basta para entender al hombre, ni para interpretar a fondo su relación con el mundo.- Esos son cuentos. En primer lugar, la crisis. No existe tal crisis, no puede haberla. El psicoanálisis aún no ha encontrado sus propios límites. Todavía hay tanto por descubrir en la práctica y en el conocimiento. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sólo la larga y paciente investigación de las razones. En segundo lugar, Freud.¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad? Lo que sí es cierto es que nos ha dado a conocer cosas completamente nuevas que ni siquiera habríamos imaginado antes de él. Desde los problemas del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, desde el acceso a lo simbólico hasta la sujeción a las leyes del lenguaje.Su doctrina pone en tela de juicio la verdad, es una cuestión que nos concierne a todos y cada uno personalmente. Es algo muy distinto a una crisis. Lo repito: estamos lejos de Freud. Su nombre también ha servido para cubrir muchas cosas, ha habido desviaciones, los epígonos no siempre han seguido fielmente el modelo, se han creado confusiones. Tras su muerte en 1939, algunos de sus alumnos también pretendieron ejercer el psicoanálisis de otro modo, reduciendo su enseñanza a una fórmula banal: la técnica como ritual, la práctica restringida al tratamiento de la conducta, y como medio de readaptación del individuo a su entorno social. Es la negación de Freud, un psicoanálisis de comodidad, de salón.El propio Freud lo previó. Solía decir que hay tres posiciones insostenibles, tres tareas imposibles: gobernar, educar y ejercer el psicoanálisis. En nuestros días, poco importa quién asume la responsabilidad de gobernar y todo el mundo se cree educador. En cuanto a los psicoanalistas, gracias a Dios, prosperan, como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarla significa un éxito asegurado, y la clientela se atropella a sus puertas. El psicoanálisis es otra cosa.¿Exactamente qué?– Lo defino como un síntoma, revelador de la enfermedad de la civilización en la que vivimos. Ciertamente, no es una filosofía. Aborrezco la filosofía, hace ya mucho tiempo que no dice nada interesante. El psicoanálisis tampoco es una fe y no me gusta llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica y que se ocupa de lo que no anda bien. Terriblemente difícil porque pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible, lo imaginario. Ha obtenido algunos resultados hasta el presente pero aún no tiene reglas y se presta a todo tipo de equívocos.No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, bien sea con respecto a la medicina, o la sicología y a sus anexos. Además es muy joven. Freud murió hace apenas 35 años. Su primer libro, La Interpretación de los Sueños, fue publicado en 1900, con muy poco éxito. Se vendieron, eso creo, 300 ejemplares en varios años. Tuvo pocos pupilos, a quienes se les tomaba por locos, y que ni siquiera estaban de acuerdo en la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.¿Qué es lo que no anda bien en el hombre de hoy?– Es ese gran hastío, la vida como consecuencia del curso del progreso. A través del psicoanálisis, las personas esperan aventurarse hasta donde puedan ir arrastrando ese hastío.¿Qué impulsa a la gente a hacerse psicoanalizar?– El miedo. Cuando le ocurren cosas, incluso cosas que desea, cosas que no comprende, el hombre siente miedo. Sufre por no entender y poco a poco cae en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica, el cuerpo enferma de miedo de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva, el miedo mete cosas raras en la mente, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y objetos adquieren significaciones diversas que suscitan miedo.¿Por ejemplo?– El neurótico se siente obligado por una necesidad tremenda de ir docenas de veces a verificar si un grifo está realmente cerrado. O si una cosa está en su lugar, sabiendo sin embargo con certeza que el grifo está como debe estar y que la cosa está en el lugar donde debe estar. No hay píldoras que curen esto. Hay que descubrir por qué esto nos pasa y saber qué significa.- ¿Y la cura?– El neurótico es un enfermo que se cura con la palabra, y sobre todo con su propia palabra. Debe hablar, contar, explicarse a sí mismo. Freud definía el psicoanálisis como la asunción por parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente no es tan profundo como inaccesible a un examen profundo de lo consciente. Y decía que en ese inconsciente, el que habla es un sujeto dentro del sujeto, trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.¿La palabra de quién, del enfermo o del psicoanalista?– En el psicoanálisis los términos “enfermo”, “medicina”, “remedio” no son más precisos que las fórmulas pasivas que adoptamos comúnmente. Cuando hablamos de “hacerse psicoanalizar” cometemos un error. Quien hace el verdadero trabajo en el análisis es quien habla, el sujeto analizado. Aunque lo haga de la manera sugerida por el analista quien le indica cómo proceder, y lo ayuda mediante sus intervenciones. Él también proporciona una interpretación.A simple vista, ella parece dar un sentido a lo que dice el analizado. En realidad, la interpretación es más sutil, tendiendo a borrar el sentido de las cosas por las que sufre el individuo. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que el síntoma, digamos la enfermedad, no tiene relación alguna con nada, que está privada de cualquier sentido posible. Aunque en apariencia es real, no existe.Las vías por las que procede este acto de la palabra exigen mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medición son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que se le da al individuo analizado. En consecuencia, el psicoanálisis es difícil. Cuando se habla de Jacques Lacan se asocia inevitablemente este nombre con una fórmula, el “regreso” a Freud ¿Qué significa esto?– Exactamente lo que se dice. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que regresar a Freud, a sus términos y definiciones, leídos e interpretados en sentido literal. Yo fundé en París una escuela freudiana precisamente con este objetivo. Hace más de 20 años que expongo mi punto de vista: regresar a Freud significa simplemente despejar el terreno de desviaciones y equívocos de la fenomenología existencial por ejemplo, como del formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de la enseñanza de Freud según los principios definidos y enumerados a partir de su trabajo. Releer a Freud quiere decir sencillamente releer a Freud. Quien no lo hace en el psicoanálisis, utiliza una fórmula abusiva.– Pero Freud es difícil. Y se dice que Lacan lo vuelve francamente incomprensible. A Lacan se le reprocha hablar y sobre todo escribir de una maneta tal que sólo unos pocos adeptos pueden esperar comprender.– Lo sé, se me tiene por un oscuro que esconde su pensamiento tras una cortina de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis, repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real” ¿Acaso no está claro? Pero el psicoanálisis no es cosa de niños.Mis libros son definidos como incomprensibles ¿Pero por qué? No los escribí para todo el mundo, para que fueran comprendidos por todos. Al contrario, nunca me ocupé en lo más mínimo de complacer a ningún tipo de lector, quien quiera que sea. Tenía cosas que decir y las dije. Me basta con tener un público que lee. Si no comprenden, paciencia. En cuanto al número de lectores, he tenido más suerte que Freud. Mis libros son incluso más leídos, eso me sorprende.También estoy convencido de que en diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza. Quizá entonces dirán: ‘Este Lacan, que banalidad’”.– ¿Cuáles son las características del lacanismo?– Aún es muy pronto para decirlo, ya que el lacanismo todavía no existe. Apenas se siente su aroma, como un presentimiento.En todo caso, Lacan es un señor que práctica el psicoanálisis desde al menos 40 años y que durante todos esos años lo ha estudiado. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Escribí en mi libro que “a lo que nos lleva el descubrimiento de Freud es a la enormidad del orden en el que hemos entrado, en el que nacimos por segunda vez, si se quiere expresar así, saliendo del estado llamado muy acertadamente infans, sin palabra”.El orden simbólico sobre el cual Freud basó su descubrimiento está constituido por el lenguaje como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de la palabra el que crea el mundo de las cosas, inicialmente confusas en todo lo que está por suceder. Sólo las palabras pueden dar un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría ¿Qué sería el placer sin el intermediario de la palabra?Mi idea es que Freud, enunciando en sus primeras obras – La interpretación de los sueñosMás allá del principio del placerTótem y tabú- las leyes del inconsciente, fue el precursor de la postulación de las teorías con las cuales unos años después Ferdinand de Saussure abriría la vía a la lingüística moderna. Esta está sometida, como todo el resto, a las leyes del lenguaje. Sólo las palabras pueden engendrarla y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no avanzaría ni un paso en las investigaciones sobre el pensamiento. Este es el caso del psicoanálisis. Cualquiera que sea la función que se le atribuya, agente de sanación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio del cual nos servimos: la palabra del paciente. Y toda palabra amerita una respuesta. Luego, es análisis en tanto que diálogo. Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo de la confesión.- ¿Pero qué confesión? No le confesamos nada al psicoanalista. Uno se deja llevar a decirle cosas, simplemente, todo lo que nos pasa por la cabeza. Palabras, precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el hombre como animal hablante. Le corresponde al analista ordenar las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, hace falta un acuerdo, la alianza entre el analizado y el analista.A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer entender al paciente lo que puede esperarse del análisis.– Es una relación de extrema confianza.– Más bien un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha. También el silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Sólo da las respuestas que quiere darle a las cuestiones que suscitan su deseo. Pero al final del final, el analizado siempre va a donde lo lleva el analista.– Acaba de hablar de la cura ¿Hay posibilidad de curar? ¿Superar la neurosis?– El psicoanálisis triunfa cuando limpia el terreno, sale del síntoma, sale de lo real. Es decir, cuando llega a la verdad.¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana?– Llamo síntoma a todo lo que viene de lo real. Y real a todo aquello que anda mal, que no funciona, que se opone a la vida del hombre y al enfrentamiento de su personalidad. Lo real siempre regresa al mismo lugar. Siempre lo encontramos allí, con los mismos rostros. Los científicos tienen razón al decir que nada es imposible en lo real. Hace falta un tupé sagrado para afirmar cosas de este tipo, o bien, como lo supongo, la total ignorancia de lo que se hace y se dice.Lo real y lo imposible son antitéticos, no pueden ir juntos. El análisis empuja al individuo hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas con sentido, acciones que tienen un sentido.Escuchamos repetir que hay que darle sentido a esto o aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero no sabemos nada de nada sobre la vida. Los sabios se afanan en explicárnoslo.Mi temor es que por su fracaso, lo real, esa cosa monstruosa que no existe, termine por tomarlo, por arrastrarlo. La ciencia sustituye a la religión y además es más despótica, obtusa y oscurantista. Hay un dios-átomo, un dios-espacio, etc. Si la ciencia gana o la religión, el psicoanálisis está acabado.– ¿En nuestros días, que relación existe entre la ciencia y el psicoanálisis?– Para mí, la única ciencia verdadera, seria, a seguir, es la ciencia-ficción. La otra, la oficial, la que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas, sin equilibrio. E incluso, comienza a tener miedo de su propia sombra.Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, en sus batas almidonadas, esos viejos chiquillos que juegan con cosas desconocidas, fabricando aparatos cada vez más complicados e inventando fórmulas cada vez más oscuras, comienzan a preguntarse lo que podrá venir mañana, a dónde nos llevarán finalmente sus investigaciones siempre novedosas. En fin, yo me pregunto ¿y si fuera demasiado tarde? Los biólogos se lo preguntan hoy, o los físicos, los químicos. Para mí, están locos. Aunque ya están en el proceso de cambiarle el rostro al universo, sólo ahora, en el presente se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso ¿Y si todo saltara? ¿Si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se transformaran en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de estas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por esos sabios de los laboratorios?A las tres posiciones imposibles de Freud, gobierno, educación, psicoanálisis, yo le agregaría una cuarta, la ciencia. Salvo que los sabios no saben que su posición es insostenible.– Esa es una visión bastante pesimista de lo que llamamos progreso.– No, es otra cosa. No soy pesimista. No pasará nada. Por la sencilla razón de que el hombre es un bueno para nada, ni siquiera es capaz de destruirse a sí mismo. Personalmente, me parecería maravillosa una calamidad total producida por el hombre. Esa sería la prueba de que ha llegado a hacer algo con sus manos, su cabeza, sus intervenciones divinas, naturales o de otra especie.Todas esas bellas bacterias sobrealimentadas por diversión, diseminadas en el mundo como las langostas de la Biblia, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no sucederá. La ciencia atraviesa, afortunadamente, por una crisis de responsabilidad, todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo anuncié: lo real tomará la delantera, como siempre. Y nosotros seremos como siempre dichosos.– Otra paradoja de Jacques Lacan. Se le reprocha, además de la dificultad del lenguaje y oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas del lenguaje, los retruécanos a la francesa, y precisamente, las paradojas. Quien lo escucha o quien lo lee tiene el derecho a sentirse desorientado.– De hecho, ya no bromeo, digo cosas muy serias. Me sirvo solamente de la palabra como los sabios de los que he hablado se sirven de sus alambiques y de sus instalaciones electrónicas. Siempre busco referirme a la experiencia del psicoanálisis.– Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre promedio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que ve con sus ojos, lo que toca.– Deslastrémonos también de este hombre promedio que, en principio no existe. Existen individuos, eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre común, de fenómenos de masa y de cosas de ese tipo, pienso en todos los pacientes que he visto pasar por el diván en cuarenta años de escucha. Ninguno, en medida alguna, se parece al otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre promedio ¿quién es ese? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república?– Hablábamos de lo real, del mundo que vemos todos.- Exactamente. La diferencia entre lo real, es decir lo que está mal, y lo simbólico, lo imaginario es decir la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no hay mundo, basta con pensar en todas las banalidades que una infinidad de imbéciles creen que es el mundo. Y yo invito a mis amigos de Panorama, antes de acusarme de paradójico, a reflexionar sobre lo que apenas han leído.– Se diría que usted es siempre pesimista.– Eso no es cierto. No me clasifico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Será muy infeliz el psicoanalista que no haya superado el estadio de la angustia. Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, como la televisión por medio de la cual una gran parte de nosotros es fagocitada. Pero esto sólo ocurre porque hay personas que se dejan fagocitar, que hasta se inventan un interés por lo que ven.Luego, hay otros ardides monstruosos igualmente devoradores: los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo de los océanos, etc. Todas cosas que devoran. Pero no hay motivo para dramatizar. Estoy seguro de que cuando nos hartemos de los cohetes, de la televisión y de todas las malditas investigaciones al vacío, encontraremos otra cosa de qué ocuparnos. Es una reviviscencia de la religión ¿verdad? ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión? Es una fiestas continua para divertirse durante siglos como ya ha quedado demostrado.Mi respuesta a todo eso, es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. Lo único real que podemos concebir, a lo que tenemos acceso es justamente eso: habrá que buscarle una razón, darle sentido a las cosas, como decimos. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría hecho célebre, y yo sería profesor de liceo.– ¿Las angustias siempre son de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a determinadas épocas históricas, a algunas latitudes?– La angustia del sabio que tiene miedo de sus descubrimientos puede parecer reciente. ¿Pero qué sabemos de lo que ocurrió en otros tiempos? ¿De los dramas des otros investigadores? La angustia del obrero esclavo en la cadena de producción como en la rama de una galera, es la angustia de hoy. O, más sencillamente, está vinculada con las otras definiciones y palabras de hoy.¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?– Algo que se sitúa más allá de nuestro cuerpo, un miedo, pero de nada, que el cuerpo, incluido el espíritu, puede motivar. El miedo del miedo, en resumen. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel que las percibimos tienen que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad, para el animal hablante que se llama hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Una de las tareas del analista es encontrar en la palabra del paciente la relación entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.– Hoy en día, cuando el sexo se distribuye por todas partes, sexo en el cine, sexo en el teatro, sexo en la televisión, sexo en los periódicos, en las canciones, en las playas, se dice que las personas siente menos angustia por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo.– La sexomanía invasora no es más que un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa sería que tiene que ver, lo repito, con una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe el psicoanálisis colectivo, así como no hay angustias o neurosis de masas.Que el sexo sea puesto al orden del día en cada esquina, tratado como un detergente cualquiera en los carruseles televisados, no implica ninguna promesa de beneficio alguno. No digo que eso sea malo. No basta ciertamente con tratar las angustias y los problemas particulares. Hay que partir de la moda, de esa fingida liberalización que se nos da, como un bien otorgado desde arriba, por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve a nivel del psicoanálisis.[Este texto fue recuperado por la revista francesa Magazine Litteraire 428, en febrero de 2004]

lunes, febrero 25, 2013


CONSIDERACIONES SOBRE LA HISTERIA
Bruselas, 26 de febrero de 1977
Jacques Lacan


Texto establecido por Jacques-Alain Miller


Publicado en la revista Quarto, nº 90


Introducción
¿Qué fue de las histéricas de antaño, de aquellas maravillosas mujeres, las Anna O, las Emmy von N?
No sólo jugaron un cierto papel sino un papel social cierto (*). Fueron ellas quienes permitieron el nacimiento del psicoanálisis cuando Freud se dispuso a escucharlas. Al escucharlas, Freud inauguró una modalidad completamente nueva de la relación humana.
¿Qué sustituye actualmente a los síntomas histéricos de otro tiempo? ¿No se ha desplazado la histeria en el campo social? ¿No la habrá reemplazado la chifladura psicoanalítica?
Nos parece cierto ahora que a Freud le afectaba lo que le contaban las histéricas. El inconsciente se origina en el hecho de que la histérica no sabe lo que dice cuando, de hecho, algo dice con las palabras que le faltan. El inconsciente es un sedimento de lenguaje.
En el extremo opuesto de nuestra práctica está lo real. Se trata de una idea límite, la idea de lo que no tiene sentido. En nuestra práctica operamos con el sentido, es decir con la interpretación. En tanto objeto de la ciencia -y no del conocimiento que es más que criticable-, lo real es ese punto de fuga. Lo real es el objeto de la ciencia.
Considerada desde ese punto de fuga al menos, nuestra práctica es una estafa: embaucar, asombrar a la gente, deslumbrarla con palabras. Esas palabras son un camelo, lo que habitualmente llamamos un camelo. Es lo que Joyce designaba con esas palabras más o menos infladas de donde nos viene todo el mal.
Lo que digo aquí está en el centro del problema de lo que aportamos al tejido social. Es por lo que sugerí que había algo que estaba sustituyendo a esa sopladura que es el síntoma histérico.
Un síntoma histérico es algo muy curioso. Se soluciona a partir del momento en que la persona, que verdaderamente no sabe lo que dice, comienza a balbucear.
¿Y el histérico macho? Ni uno se encuentra que no sea una hembra.
Freud convirtió a ese inconsciente, del que no comprendía estrictamente nada, en representaciones inconscientes. ¿Qué podrían ser las representaciones inconscientes? En su Unbewusste Vorstellungen hay una contradicción en los términos. Intenté explicarlo, promoverlo, para instituirlo en el plano de lo simbólico. Lo simbólico consiste en palabras, nada que ver con representaciones. Y en última instancia sí, se puede concebir que las palabras sean inconscientes. No son más que palabras lo que se cuenta, y a montones. En conjunto, hablan sin saber absolutamente nada de lo que dicen. Por lo que el inconsciente no tiene cuerpo más que de palabras.
Me incomoda atribuirme un papel en esta ocasión pero, me atrevo decirlo, fui piedra de escándalo en el campo de Freud. No estoy tan orgulloso. Incluso diré más, no estoy orgulloso de haber sido aspirado por una práctica que he continuado como he podido y que, después de todo, nada asegura que la sostenga hasta reventar. Pero está claro que soy el único en haber dado su peso a eso hacia lo que Freud se vio aspirado por la noción de inconsciente.
Todo esto trae algunas consecuencias consigo. Que el psicoanálisis no sea una ciencia, cae por su propio peso. Incluso es exactamente lo contrario. Cae por su propio peso si pensamos que una ciencia sólo se desarrolla con pequeños artilugios que son artilugios reales, y que además es preciso saber construirlos. Por eso, sin duda, hay todo un lado artístico en la ciencia. Es fruto de la industria humana: es preciso saber-hacer-con. Pero ese saber-hacer-con desemboca en el plano del camelo. Un camelo es a lo que normalmente llamamos lo bello.

Se dice: ¡qué bella demostración!
Elucubro una geometría, a la que llamo de sacos y cuerdas, geometría de la trama, que nada tiene que ver con la geometría griega, hecha de abstracciones. Lo que intento articular es una geometría que resista.
Podría estar al alcance de lo que llamaría todas las mujeres si las mujeres no se caracterizaran precisamente por no ser todas. Por eso, aún teniendo el material, los hilos, las mujeres no lograron hacer esa geometría a la que me aferro.
Quizás la ciencia tomara otro cariz si hiciéramos con ella una trama, o sea algo que se resolviera con hilos. En fin, no sabemos si nada de esto tendrá la menor fecundidad.
Aun siendo cierto que a una demostración se la puede calificar de bella, los cables se nos cruzan totalmente cuando no se trata de una demostración, sino de algo muy, muy paradójico y a lo que intento llamar como puedo, una mostración. Es curioso percatarse de que, en ese entrecruzamiento de hilos, hay algo que se impone como real, como otro nudo de real.
Hice la experiencia. No se pueden imaginar hasta qué punto me preocupan esas historias de lo que en un tiempo llaméredondeles de cuerda. No es cualquier cosa llamarlos así. Esas historias de redondeles de cuerda me preocupan mucho cuando me quedo solo. Les ruego que hagan la prueba, verán que es irrepresentable, enseguida se nos cruzan los cables. El nudo borromeo todavía llegamos a representarlo, pero hace falta ejercitarse. Negro sobre blanco, también se pueden dar de él representaciones planas con las que no nos orientamos. No se le reconoce. Éste de aquí es un nudo borromeo porque, si se rompe una de las cuerdas, las otras dos quedan libres.
No es azaroso que llegara a atragantarme con esas representaciones de nudos. Me preocupan verdaderamente. Conducido, dirigido como por una rampa, continué con esa práctica, con ese bla-bla-bla que es el psicoanálisis, y de todas maneras es sorprendente que todo eso me haya conducido hasta aquí, porque en Freud no hay rastro del nudo borromeo. Sin embargo, considero que fueron precisamente las histéricas quienes me guiaron. Yo no me atenía menos a la histérica, a lo que continuamos teniendo al alcance de la mano como histérica.
Me molesta emplear la primera persona (je), porque decir el yo (moi), confundir la conciencia con el yo (moi), no es serio. Sin embargo, es fácil deslizarse del uno al otro. Es sorprendente pensar que también empleamos la palabra carácter a tontas y a locas. ¿Qué es un carácter e incluso un análisis del carácter, como se expresa Reich? Es extraño, no obstante, que nos deslicemos con tanta facilidad.
Lo que nos interesa son los síntomas y saber cómo, con el bla-bla-bla, llegamos a disolverlos, con nuestro propio bla-bla-bla, es decir, con el uso de ciertas palabras. Lo que sorprende en los Studien uber Hysterie es que Freud llega casi, incluso del todo, a vomitar que todo ello se resuelve con palabras, que con las propias palabras de la paciente, se evapora el afecto.
La cuestión es saber si el afecto se ventila, o no, con palabras. Algo sopla en esas palabras que vuelve inofensivo el afecto, es decir, que no engendra síntoma. El afecto ya no engendra síntoma una vez que la histérica ha empezado a contar aquello con lo que se asustaba.
Decir que se asustaba tiene todo su peso. Si es preciso un término reflexivo para decirlo es porque se da miedo a sí misma. Ahí estamos en el circuito de lo que es deliberado, de lo que es consciente.

¿En qué consiste enseñar?
Se trata de provocar en los otros el saber-hacer-con, es decir, saber desenvolverse en este mundo, que en absoluto es el mundo de las representaciones sino el mundo de la estafa.

Lacan es freudiano, pero Freud no es lacaniano
Es completamente verdad. Freud no tuvo ni la menor idea de lo que Lacan se encontró farfullando en torno a algo de lo que alguna idea tenemos y que es lo real. Puedo hablar de mí en tercera persona. La idea de la representación inconsciente es una idea totalmente vacía. Freud daba palos de ciego en relación con el inconsciente. Ante todo, se trata de una abstracción. La idea de representación sólo puede sugerirse sustrayéndole a lo real todo su peso concreto. La idea de la representación inconsciente es una locura. Pero es así como lo aborda Freud. Hay huellas hasta muy tarde en sus escritos.
Propongo que se le dé otro cuerpo al inconsciente porque es pensable que se piense en las cosas sin pesarlas, basta para eso con las palabras. Las palabras dan cuerpo. Lo que en absoluto quiere decir que se comprenda nada en ellas. El inconsciente consiste en eso: en que nos guían palabras de las que no comprendemos nada.
Tenemos la muestra cuando la gente habla a tontas y a locas. Está bastante claro que a las palabras no se les da el peso de su sentido. Hay todo un mundo entre el uso de los significantes y el peso de la significación, la forma en que opera un significante. De eso se trata en nuestra práctica: de abordar cómo operan las palabras.
Lo esencial de lo que dijo Freud es que, en una especie que tiene palabras a su disposición, existe la mayor relación entre el uso de las palabras y la sexualidad que reina en esa especie. La sexualidad está enteramente capturada en esas palabras. Ése es el paso esencial que dio Freud. Es mucho más importante que saber lo que quiere o no quiere decir el inconsciente. Freud puso el acento en ese hecho.
Todo esto es la histeria misma. No es un mal uso el de utilizar la histeria en un sentido metafísico. La metafísica es la histeria.

Estafa y proton pseudos
Estafa y proton pseudos son lo mismo. Freud dice lo mismo que lo que yo llamo con un nombre francés. Tampoco podía decir que educaba a unos cuantos estafadores. Desde el punto de vista ético, nuestra profesión es insostenible. Por eso es por lo que me enferma –porque tengo un superyó, como todo el mundo.
No sabemos cómo gozan los otros animales, pero sabemos que, para nosotros, el goce es la castración. Todo el mundo lo sabe porque es completamente evidente. Tras lo que imprudentemente llamamos el acto sexual, como si hubiera un acto, ya no nos volvemos a empalmar. Utilicé la palabra castración, la castración, como si fuera unívoca, pero incontestablemente hay varios tipos de castración. Todas las castraciones no son automorfas.
Contrariamente a lo que pudiera creerse –morphé, forma–, el automorfismo no es en absoluto una cuestión de forma, como hice notar en mi cháchara seminarista. Forma y estructura no son lo mismo. He intentado dar representaciones sensibles de esto. No se trata de representaciones, sino de mostraciones. Cuando se le da la vuelta a un toro, se obtiene algo completamente diferente desde el punto de vista de la forma. Hay que diferenciar entre forma y estructura.

La estafa: ¿con la forma, o con la estructura?
Sólo persigo la noción de estructura con la esperanza de escapar de la estafa. Con la esperanza de alcanzar lo real, sigo la pista de esa noción de estructura que, no obstante, tiene un cuerpo de lo más evidente en matemáticas. En psicología, la estructura se pone del lado de la Gestalt. Pero si decimos que hay un inconsciente, la psicología es una futilidad.
Tenemos el modelo de la Gestalt, que es con toda evidencia el de la burbuja. Ahora bien, lo propio de la burbuja es estallar. Como es que cada cual hemos sido paridos como una burbuja, no podemos sospechar que haya algo distinto a la burbuja.
Se trata de saber si Freud es un acontecimiento histórico, o no lo es. Y Freud no es un acontecimiento histórico. Creo que falló el golpe, al igual que yo. Dentro de muy poco tiempo, a todo el mundo se la sudará el psicoanálisis. Sólo una cosa se ha demostrado: que está claro que el hombre pasa el tiempo soñando, que nunca se despierta. Nosotros lo sabemos, nosotros los psicoanalistas, viendo lo que los pacientes nos proporcionan y somos, en este caso, tan pacientes como ellos: no nos proporcionan más que sueños.

La dificultad de hablar de lo real
Es muy cierto que no es fácil hablar de lo real. Por ahí ha empezado mi discurso. Es una noción muy común y que implica la evacuación completa del sentido y por lo tanto la nuestra, en tanto interpretante.

Las castraciones
La castración no es única. El uso del artículo definido no es bueno, o hay que utilizarlo en plural. Siempre hay castraciones. Para que se pudiera aplicar el artículo definido, haría falta que se tratara de una función autoestructurada y no automorfa, quiero decir que tuviera la misma estructura. No queriendo decir auto otra cosa que estructurado por sí, parido de la misma manera, anudado del mismo modo –en topología hay ejemplos a montones.
El uso de ellaloslas es siempre sospechoso porque hay cosas que tienen una estructura diferente por completo y que no se puede designar con el artículo definido, porque no hemos visto cómo se ha parido.
Por esa razón elucubré la noción de objeto a. El objeto a no es automorfo. El sujeto no se deja penetrar siempre por el mismo objeto, de vez en cuando le pasa que se equivoca. Eso es lo que quiere decir la noción de objeto a: quiere decir que nos equivocamos de objeto a. Nos equivocamos siempre a nuestra costa. ¿De qué serviría equivocarse si no fuera un fastidio? Es por lo que se construyó la noción de falo. El falo no quiere decir más que esto, un objeto privilegiado con el que no nos equivocamos.
Sólo se puede decir la castración cuando hay identidad de estructura, y sin embargo hay cuarenta estructuras diferentes, no automorfas. ¿Es a eso a lo que se llama goce del Otro, a un encuentro de identidad de estructura? Lo que quiero decir es que el goce del Otro no existe, porque no se le puede designar con el. El goce del Otro es diverso, no es automorfo.

¿Por qué los nudos?
Los nudos me sirven como lo más cercano que he encontrado a la categoría de estructura. Me tomé alguna molestia para llegar a cribar lo que podría ser una aproximación a lo real.
La anatomía, en el animal o la planta –es la misma historia– son puntos triples, cosas que se dividen. La “y”, que es una ípsilon, sirvió desde siempre para soportar formas, es decir, algo que tiene sentido. Hay algo de lo que partimos y que se divide. El bien a la derecha, el mal a la izquierda.
¿Qué había antes de la distinción bien/mal, antes de la división entre lo verdadero y la estafa? Antes de que Hércules vacilara en el cruce de caminos entre el bien y el mal, ya había algo. Ya seguía un camino. ¿Qué es lo que ocurre si cambiamos de sentido, si orientamos la cosa de diferente manera? Tendremos, a partir del bien, la bifurcación entre el mal y lo neutro.
¿Y en qué consiste la neutralidad del analista sino precisamente en esa subversión del sentido? Es decir en esa especie de aspiración, no hacia lo real sino por lo real.

¿La psicosis escapa a la estafa?
La psicosis es perjudicial para el psicótico porque, en fin, no es lo que de más normal pueda desearse. Y sin embargo, se conocen los esfuerzos de los psicoanalistas por parecérseles. Freud ya hablaba de paranoia lograda.

More geometrico
A causa de la forma, el individuo se presenta como fue parido, como un cuerpo. Un cuerpo se reproduce a través de una forma. El cuerpo hablante no puede llegar a reproducirse sino a través del error, es decir, gracias a un malentendido de su goce.

La estructura
Cuando se sigue la estructura, nos persuadimos del efecto de lenguaje. El afecto está hecho con el efecto de la estructura, con lo que se dice en alguna parte.

El amor
Lo que nos revela nuestra práctica es que el saber, el saber inconsciente, tiene relación con el amor.

(*) Se estableció este texto partiendo de una primera transcripción aparecida con mi autorización en el segundo número de Quarto en 1981; esa transcripción utilizaba las notas manuscritas del Sr. José Cornet y de la Sra. Isabelle Gilson-Simon. –JAM.

Traducción de Carmen Ribés

lunes, febrero 04, 2013


Eric Laurent: “El efecto crisis produce una incertidumbre masiva”

Para el psicoanalista francés hoy la adicción al juego, al sexo, al trabajo, las toxicomanías… son síntomas de la desagregación de los lazos sociales devenidos de la crisis de las representaciones de la autoridad, entre otras. Allí Laurent revindica el papel del psicoanálisis, aunque “no produzca buenas noticias”(*)

ERIC LAURENT. El psicoanalista francés en su última visita a Buenos Aires (David Fernández)


    Contra las certezas universales, el psicoanalista francés Eric Laurent reivindica el lugar desacoplado de su práctica en el régimen de discurso dominante en la época, el de la ciencia. Y cuestiona los resultados de las “soluciones” globales al dolor de vivir, aplastado por un optimismo mercantilista que no hace más que generar nuevos inconvenientes y una angustia que a falta de brújulas singulares, se oscurece por medio de fármacos, drogas, soluciones inmediatas, compulsión y placebos como el consumo sin freno y la felicidad obligatoria. Esta es la conversación que sostuvo con Ñ digital en un aparte de su participación en el VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) que sesionó la semana pasada en Buenos Aires.
La crisis financiera global, ¿cómo encuentra a los analizantes, sometidos cada vez a efectos más nocivos que se venden como soluciones?
Los encuentra de manera más grave, más angustiados, perdidos. Diría que en los analizantes, el “efecto crisis” provoca una incertidumbre masiva. Esa angustia puede escucharse. Las cosas aparecen ensombrecidas. Existen más depresiones, una notable ausencia de deseo, según cada sujeto. Pero hasta los que están más animados, incluso los hipomaníacos, los que desafían al fetichismo del contexto, también están marcados.
Los síntomas ¿cambian, han cambiado en este año y medio?
Los síntomas son los que aparecen, los que ya aparecen: toxicomanías en general; todo (o casi todo) puede transformarse en algo adictivo; el juego, el sexo, el trabajo, etcétera; y como respuesta, al interior del discurso del amo, una mayor voluntad de vigilar, castigar, prohibir, que provoca en el sujeto, lógicamente, una creciente voluntad de destrucción. ¿Quieren prohibir? Entonces quiero más. Esto es muy común entre los jóvenes. Pero no sólo entre los jóvenes. Pero los jóvenes, de esa manera, demuestran la impotencia del otro, su megalomanía, sus maneras de sobrevivir a la punición. Porque también es evidente la transformación del ideal de juventud: ahora se trata de conseguir una juventud “eterna”.
¿Eso es lo que se llama la “infantilización generalizada”?
Digamos que la desagregación del lazo social es contigua a la caída de las representaciones de la autoridad y a las prohibiciones que implica. A pesar de que Freud dijo que en la cultura existe algo que no anda, un malestar, ahora hay un plus, un “más” que se intenta civilizar sin éxito, y que provoca el retorno de una voluntad de goce nueva, imparable. Y que por esa razón, de estructura, se produce un llamado de más vigilancia y más prohibición.
El sujeto del tardocapitalismo, inerme, desamparado, ¿cómo enfrenta la angustia?
El recurso más difundido hoy día es el uso de alcohol y drogas. Existen antecedentes: la prohibición del alcohol en los Estados Unidos durante un tiempo el siglo pasado. Esa política multiplicó los mercados negros y el consumo. Y lo mismo pasó con las drogas: prohibición, “permisividad”. Después, guerra contra las drogas. Y el efecto resultó el contrario al buscado. ¿Es una política? No lo descartaría. Ahora mismo, el consumo de drogas está globalizado. Y aparecen nuevas sustancias todo el tiempo. Además de mafias y armas a un nivel nunca visto. Y Estados de Derecho en peligro. México, por ejemplo, que está al borde de la catástrofe.
Legalizar el consumo, ¿no sería un principio de solución?
Es relativo. Pero sí cambiar de perspectiva. En la reciente cumbre de Colombia, el presidente de Guatemala dijo sobre este tema que habría que empezar a pensar en otro sistema. Y después lo hizo el presidente colombiano. Porque de atender a la dialéctica estadounidense sobre alcohol y drogas, el efecto es tanto un llamado al goce como a una mayor vigilancia. Pero liberalizar sin control es tan absurdo como soñar que se terminará la producción de sustancias. A mi juicio, no se trata de liberalización o prohibición total sino de adaptación: cómo puede ser regulada cada sustancia, para reducir el daño a los estados, a la gestión policial y a los sujetos. Eso implica un cálculo político. Entre el empuje al goce y la prohibición, el problema no se resolverá por una dialéctica que ya mostró sus resultados. Es necesario inventar instrumentos de orientación, incluso instrumentos legales nuevos para salir de esa falsa oposición, que es la doble cara de la pulsión de muerte.
¿Y qué está sucediendo con los llamados trastornos alimenticios, la anorexia, la bulimia, la obesidad?
Están en la misma serie anterior. Pero aclarando que esos males son propios de países que han “resuelto” el problema de la alimentación. Porque no es lo mismo en las zonas donde la comida casi no existe y lo que está en juego es la supervivencia. Pero en el caso de estar “resuelto”, puede verse que la pulsión oral es imposible de domesticar. Y tenemos también las dos caras: restricción o producción. Del lado femenino, existe una industria de la “belleza” anoréxica. Y del otro, la bulimia: en los Estados Unidos, en el lapso de una generación, se ha multiplicado el número de personas obesas. Y los factores son similares y distintos, y múltiples las determinaciones, como en el caso de las toxicomanías: destrucción del lazo social, ansiedad, demasiada azúcar, demasiada sal, producción de alimentos artificiales, etcétera. Y un dato nuevo: la voluntad de hacer desaparecer el tabaco… está muy bien: limitó el número de los cánceres de pulmón, pero sorpresa, aumentó la cantidad de casos de diabetes. Porque el tabaco era una manera de controlar el peso. Y el peso es un factor central en la diabetes.
Pero ¿no se hicieron estudios previos?
Existen médicos que reconocen que esos efectos -colaterales- no se calcularon. La  diabetes, ahora, es la causa de muerte más común en los países centrales. Esto no se puede resolver con una prohibición: prohibir el azúcar, el tabaco, la sal, las grasas. Esos son sueños… sueños de la razón que producen monstruos. Entre el empuje al goce y la prohibición, se producen impasses…
¿Cómo resolver esos impasses?
Creo que con soluciones “a medida”, para cada uno. Pensar soluciones globales, leyes universales que resuelvan esta situación, normas de salud impuestas por burocracias sanitarias, es otro sueño. Pero encontrar, cada uno, un camino entre estos impasses, eso es posible, de acuerdo a la relación particular que se tenga con el goce. Aclarando que el psicoanálisis no está en todos lados. Y que su dignidad como práctica implica cierto desajuste respecto a las normas de la civilización. El psicoanálisis no produce buenas noticias. No promete la felicidad inmediata. Pero lo más importante es que no es una ciencia. Y el régimen de discurso dominante es la ciencia. El psicoanálisis es una disciplina crítica, que constata los efectos de la ciencia. Es el discurso que comenta los efectos de la ciencia sobre la civilización. Y sobre los sujetos, uno por uno. Pero el modo de certeza del psicoanálisis también es criticado, es odiado, rechazado, porque no puede ser alcanzado fuera de la cura analítica.
¿Criticado, odiado, rechazado?
Efectivamente. Porque para obtener una certeza (singular), hay que pasar por la experiencia analítica. Eso es lo que se rechaza. La ciencia, en cambio, no supone ninguna experiencia singular. Supone la razón, el cálculo y el trabajo. El psicoanálisis ocupa un lugar extraño, como el de un inmigrante. Porque el orden simbólico, tal como se lo conocía, no existe más. Existen sólo las leyes de la ciencia. Pero la ciencia no puede dar cuenta de todo. La teoría de todo no existe. La difusión de la ciencia en este nuevo orden, hace que el sujeto sea enviado a sus angustias fundantes, sin saber cómo orientarse. Y la salida, en esta visible oscuridad, no parece pasar por las buenas intenciones, las religiones privadas o las variaciones new age.- 
*Entrevistado por P.Chacón