martes, enero 25, 2011

 Nuevos síntomas en la adolescencia. Alexandre Stevens (Bruselas)



Cuando se habla de nuevos síntomas entendemos esta expresión en el sentido de nuevos síntomas hoy, nuevos en el sentido de históricamente nuevos y eso es legítimo, los síntomas evolucionan más que la relación al fantasma que queda más bien fija. Lo que evoluciona es la envoltura formal del síntoma, es decir, los semblantes, los significantes que evolucionan en el contexto cultural. Por el contrario la relación al goce, al objeto pulsional cambia mucho menos. Entonces, es la parte del síntoma que tiene que ver con la relación a la cultura la que se mueve junto con ella. De todas formas veremos que lo que nosotros podemos llamar los nuevos síntomas en la adolescencia presentan el interés que podemos ver en el movimiento que concierne al goce. Remarquemos por otra parte que los síntomas han evolucionado para nosotros según la forma en que nosotros consideramos la estructura.
Clásicamente, el síntoma psicoanalítico tal como es descripto por Freud, y retomado por Lacan desde el inicio de su enseñanza, es una formación localizada en la vida psíquica de un sujeto. Es una fobia, una parálisis histérica, un pensamiento obsesivo, que algunas veces puede tomar una gran importancia, incluso invadir con sus consecuencias la vida del sujeto -piensen por ejemplo las obsesiones del Hombre de las Ratas que lo acosan sin cesar-, de todas formas desde el punto de vista de la organización psíquica es un fenómeno que podemos decir localizado, que por otro lado, para nosotros tiene un cierto sentido o por lo menos llama a una apertura de sentido, es decir, que participa de una formación del inconsciente, que llama a ser interpretada para poder adquirir un sentido nuevo.
Ahora bien, algunos de los nuevos síntomas -tomaré algunos ejemplos como la toxicomanía, la anorexia y la bulimia, la violencia de los adolescentes- aparecen mucho menos como fenómenos localizados porque están menos vestidos de una estructura formal, están menos vestidos de la envoltura significante y por el contrario parecerían extenderse a la vida entera del sujeto como una forma, un modo de goce organizado por el sujeto. Además, desde el inicio parecen fuera de sentido.
Jaques Alain Miller remarcó en su curso de hace dos años, cómo este aspecto en donde el síntoma toca la vida del sujeto ha interpelado rápidamente al psicoanalista. Nos decía que a partir del Seminario XX de Lacan, su enseñanza en esta época es la que conviene mejor para hablar de estos nuevos síntomas, mucho más que lo que Lacan nos enseñaba en la primera época de su enseñanza. En la primera época de la enseñanza de Lacan, si queremos despejar la estructura del síntoma tenemos la estructura del discurso del amo -que Lacan también llama discurso del inconsciente-. Es esta estructura del discurso del amo que da la estructura del síntoma, el síntoma apareciendo bajo el significante que pide ser interpretado y que por otro lado propone una interpretación él solo: es el inconsciente mismo que interpreta, el retorno de lo reprimido ya es una interpretación de lo reprimido. Esa es la pequeña estructura S1- S2 que da la dirección del sentido del síntoma, el síntoma al mismo tiempo como rasgo que representa al sujeto y que fija un elemento de goce, el objeto plus de gozar de Lacan. Que el síntoma fije un elemento de goce se presenta desde el inicio del trabajo de Freud, pero lo que Miller llama la segunda clínica de Lacan, aquella que comienza con el Seminario XX, el síntoma toma otra forma -es Miller quien lo describe así en su curso "Los signos del goce"- el síntoma es un S1 solo, lo que sitúa como rasgo, pero como un rasgo fuera del sentido porque no lo envía a otro significante para dar su significación, entonces un uno solo, es una forma de goce.
Con la última clínica de Lacan, el síntoma es goce incluso si al mismo tiempo es significante. El síntoma de la última época de Lacan combina por este hecho la función que nosotros llamamos precedentemente síntoma y el fantasma, presentándose de una forma generalizada en la vida del sujeto como una forma de vida, un modo de existir, un modo de relación al goce que incluye al Otro del significante. Entonces estos llamados nuevos síntomas que nombramos: toxicomanía, bulimia y anorexia, se presentan primero como modos de goce.
Los nuevos síntomas
Voy a retomar esto de los nuevos síntomas pero antes quisiera hacer un señalamiento. Nuevos síntomas, también se puede entender esta expresión en un sentido que no es solamente histórico para la cultura, sino en el sentido histórico para un sujeto. Un sujeto tenía un síntoma y un día surge un nuevo síntoma para este sujeto. Ahora bien, justamente para un sujeto la adolescencia es exactamente eso, el surgimiento de una novedad, es decir, que ella misma es un nuevo síntoma al cual se introduce el sujeto.
Hace un tiempo hice un texto que creo está traducido al español como "La adolescencia, síntoma de la pubertad". En aquel momento yo presenté las cosas a partir del curso que sostenía Miller en aquella época, en donde presentaba el síntoma bajo esta nueva fórmula: cómo eso que para todo sujeto viene al lugar de la no-relación sexual, y él lo escribía con el conjunto vacío para decir la falta en el saber, ya que es tal vez la manera más simple para comprender la no-relación sexual. Lo que Lacan llamó así es la falta de saber sobre el sexo en lo real, el defecto del instinto sexual. Ahí donde los animales tienen el instinto para el sexo, los hombres no tienen nada y entonces no saben por la naturaleza qué es lo que un chico y una chica tienen que hacer juntos. La bella fábula clásica de Dafnis y Cloe cuenta esto justamente, que en la pubertad vuelve a surgir esta cuestión de la no-relación sexual. Podríamos decir entonces que la pubertad es uno de los nombres de la no-relación sexual, es uno de los momentos en la existencia en donde el sujeto se encuentra de una forma viva con esta cuestión.
Entonces, en aquel momento yo presentaba en aquel texto a la adolescencia como siendo la forma sintomática de respuesta del surgimiento de lo real que es la pubertad. Ahora bien, ¿cuál es, o qué es este real de la pubertad? Podríamos decir un empuje hormonal en el sentido de la investidura de un nuevo órgano fuera del cuerpo: la libido -es Lacan quién decía que la libido es un "órgano fuera del cuerpo"-, pero el empuje hormonal en la medida en que está marcado por el lenguaje, no es entonces el empuje biológico.
Por otro lado en el prefacio a El despertar de la primavera, Lacan dice a propósito de los adolescentes que comienzan a pensar en las chicas, que seguramente está todo el empuje hormonal que se quiera pero ellos no pensarían sin el despertar de sus sueños, es decir, no pensarían sin sus sueños, sus conversaciones, sus charlas en donde aparecen todas estas cuestiones que son las que los emocionan. Pero lo real de la pubertad también es la aparición de los caracteres sexuales, incluso aquellos que se llaman secundarios, es decir, la modificación de la imagen del cuerpo. Entonces, es en estos dos planos -el del cuerpo como objeto pulsional y el del cuerpo como imagen- que la pubertad viene a trastocar, a conmover al sujeto.
A partir de lo enunciado se plantea entonces la cuestión de la salida posible de la adolescencia para un sujeto ¿cómo puede tratar ese real para darse una nueva estabilidad en la existencia? En este sentido hay salidas posibles para la adolescencia pero también es posible no salir totalmente y entonces la adolescencia se prolonga, o bien deja lugar a estos nuevos síntomas.
Entonces quisiera en primer lugar decirles algunas palabras sobre lo que es la salida de la adolescencia, ya que se podría decir que la salida de la adolescencia es el nuevo síntoma normal. La salida de la adolescencia, para decirlo brevemente con el Seminario V de Lacan y con la lectura que hace de él J.-A. Miller, da una indicación de lo que sería la salida de la adolescencia a partir del esquema R. En el esquema R se sitúa el esquema L de Lacan reduplicando la línea del eje imaginario y ahí Lacan articula el sujeto en su dimensión de yo (moi), de imagen del cuerpo, del sentimiento que él tiene de sí mismo, de la identificación (esto lo acabo de desarrollar en la conferencia dada en la Facultad de Psicología, en donde articulé la relación al sentimiento de la vida). Lacan dice -como lo desarrolla Miller también- que se trata de que el sujeto le encuentre a su yo otra forma y hace falta para eso que se oriente hacia gran I, hacia el Ideal del Yo.
También es posible otra elección. La otra elección es que se oriente hacia el falo como imaginario, esta es una elección que se hace en la adolescencia. Es una elección que se hace en la adolescencia y no antes por una razón estructural, porque es en este momento que el sujeto se orienta en este sentido.
Hay ciertos comportamientos que pueden desorientarnos y tenemos que evitar considerar como una perversión el comportamiento que nos parece perverso y especialmente cuando se trata de la violencia. La perversión es una elección particular que consiste en apoyarse de manera muy fuerte en el semblante imaginario que, al presentárselo al otro con certeza, producirá en ese otro una división.
Esta noche me interesa más la otra elección, es decir la salida de la adolescencia, poder constituirse un nuevo Ideal del Yo. Para decirlo simplemente, es hacer una nueva elección con el significante: un nombre, una profesión, un ideal, una mujer, una misión en el mundo. Si digo una misión, no piensen que podría virar hacia la psicosis, se habla de misión en el sentido de "ponerse al servicio de", es decir, hacerse un síntoma con su envoltura significante con el cual se pueda tener una satisfacción. Esto lo podemos discutir, pero me parece que de una forma bastante clara da una idea de lo que es la salida de la adolescencia, es decir, acomodarse estando decidido a hacer algo de su vida. No nos tenemos que olvidar que este punto gran I, este punto Ideal del Yo, está orientado por la función paterna, está orientado por el padre y entonces hay en nuestro mundo de hoy una dificultad suplementaria para los adolescentes desde que esa función del padre aparece más degradada que antes. No es tanto que el padre falle más que antes, es que la función paterna en el mundo está tocada. Lacan no dice que la función paterna debería estar intacta, incluso tiene una frase extraordinaria: "Pasarse del padre a condición de servirse de él".
Entonces toda la cuestión es saber cómo a pesar del déficit de la función paterna alguien puede servirse del padre. Déficit de la función paterna quiere decir que el padre aparece mucho más que antes como un semblante. Lo que dice Lacan es que aunque el padre sea un semblante, esto no debería impedir servirse de él, sin creer en él pero sirviéndose de él. Por eso es que hay un gran número de adolescentes que se las arreglan bastante bien. Pasarse del padre a condición de servirse de él, no quiere decir evidentemente, desrealizar la voluntad del padre, ni tampoco no obedecerle y ni siquiera identificarse completamente a él. Yo encuentro que esta frase de Lacan a propósito del padre es muy buena y muy hermosa.
Jaques Brel, cantante francófono belga, en una de sus canciones, creo que se llama "Los Burgueses", evoca a los niños y dice: "él será farmacéutico porque papá no lo era ...", lo cual deja escuchar múltiples sentidos, podría ser entonces por oposición, podría ser para realizar el ideal que el padre no ha podido realizar, etc. Tenemos acá la idea de cómo se da la constitución de ese rasgo gran I, sirviéndose del padre para pasarse de él. Y cuando se presentan dificultades y el sujeto no logra esto, lo resuelve en los nuevos síntomas. Lacan, por otro lado, en su seminario evoca el pasaje de M a I y todas las situaciones intermedias, y de estas situaciones intermedias hay una que es muy clara, muy característica de la adolescencia: es la identificación a la banda de adolescentes.
Bueno, diré algunas palabras sobre cada uno de estos nuevos síntomas, primero sobre la estructura de conjunto.
Toxicomanía
Voy a tomar un caso clínico muy brevemente. Es un señor que he encontrado cuando tenía unos treinta años, un portugués que devino alcohólico al inicio de su adolescencia. Decía que eso había sucedido para no escuchar los gritos de sus padres que se peleaban. Con esto ha hecho un recorrido formidable porque sus padres se dieron cuenta que él tomaba en el sótano mientras ellos discutían, entonces cerraron el sótano con llave. Luego encontró la manera de hacer algo en la puerta para pasar de todas formas. Los padres volvieron a darse cuenta pero ya habían pasado dos o tres años más, entonces lo enviaron a Francia a la casa de su hermana para ponerlo a distancia del sótano paterno. Entonces explicó, que se adaptó muy bien a la vida de provincia, pasó del vino al pastis. Luego de esto tiene un recorrido de adolescente y luego de joven adulto sin domicilio fijo, errante, pero al mismo tiempo se encuentra muy reglado. Lo conocí en una presentación de enfermos, ahí le pregunté: "Durante todo este tiempo, ¿qué pasó con las mujeres?".
"Las mujeres -me dijo- ningún problema. Tuve una regularmente" y tenía un aire más bien de seductor este señor.
"Las he tenido regularmente, pero no estoy seguro de haber paseado una sola vez con una de ellas teniéndola por la mano, mientras que a mi botella siempre la tengo en la mano".
Si bien esto parece divertido al mismo tiempo sitúa de una manera muy clara el partenaire síntoma. Es el síntoma que el sujeto no larga, y en este caso se trata más bien de lo consumible más que del ideal o de la sexualidad.
Creo que es lo que está en juego en la toxicomanía en forma predominante, es lo consumible antes que el ideal o el sexo. Es un goce que, como dice Lacan evita pasar por "la cosita de hacer pipí". Es entonces un goce fuera del sexo y me he preguntado qué se podría escribir en el lugar del síntoma y lo que me planteo es que tal vez lo que convendría mejor es el cálculo de la dosis, el cálculo de la dosis incluyendo el mal cálculo, el juego con la muerte, que es en lo que podría consistir el mal cálculo. A pesar de que los pueda sorprender, encuentro que hay una cierta proximidad entre esta modalidad y la práctica deportiva de alto nivel, porque también está marcada por el cálculo, por el cálculo de la dosis, por el cálculo de la performance. En esto tanto el deporte como la toxicomanía son efectos del discurso de la ciencia y de la economía liberal. Y señalemos además que en el deporte de alto nivel la dosis no está para nada ausente porque existen dificultades con el dopping, las drogas para el rendimiento, pero aún sin tener en cuenta la cuestión del dopage, podemos pensar la dosis como el punto al cual el deportista debe llegar para estar listo, el punto al que está dispuesto a llegar para tratar a su cuerpo incluso hasta el dolor. Si estoy aproximando el toxicómano al deportista, es en relación a estos elementos de estructura. No es un juicio de valor. Yo preferiría de todas formas que mi hijo me diga: "Papá, tengo ganas de hacer deportes" a que me diga que la droga le resulta interesante. Si los aproximo es por este aspecto, para tratar de hacer entender cómo el goce toxicómano tiene su lugar a partir del discurso de hoy y sobre todo particularmente a partir del discurso de la ciencia.
Entonces, con respecto al matema de Lacan que escribí hace un momento en el pizarrón, el síntoma como la marca significante más el goce, esto está explícito en la toxicomanía, del lado del goce: el tóxico; del lado del S1, lo que yo llamo el cálculo de la dosis.
Una palabra sobre la anorexia y la bulimia
La anorexia y la bulimia también tienen una relación al consumo, pero más que con el consumo tienen que ver con la imagen. Hay un rasgo común del goce tanto en la anorexia y la bulimia como en la toxicomanía, es lo que del goce juega sobre el vacío y lo lleno, la falta y la dosis. En esto anorexia y bulimia también son un goce fuera del sexo y tienen en sí mismas la pulsión de muerte y el riesgo de la muerte, pero la diferencia es que toca más a la imagen. Diría que en la anorexia y la bulimia hay una pérdida de la imagen, pequeña i (a) como lo escribe Lacan, es decir, la imagen que se equivale al yo, es la imagen del cuerpo que no es satisfactoria para el sujeto, su envoltura corporal, o sea, su imagen, no es satisfactoria para envolver el cuerpo pulsional, entonces el sujeto trata de recuperar un cuerpo por el límite.
Es la tesis de Recalcati, psicoanalista italiano de Milán, que trabaja mucho con anoréxicos y bulímicos, y que considera que ponen en juego dos medios para recuperar un cuerpo: el anoréxico, apuntando a la contemplación del hueso y el bulímico por el vómito. En el lugar de la imagen del cuerpo, tenemos en estos casos una suerte de producción de objeto que limita el goce y encarna ese límite del goce: el hueso por un lado y el vómito por el otro. El cuerpo encuentra así una estabilidad entre exterior e interior.
En su curso El Otro que no existe, Miller habla de anorexia y bulimia y dice: "En el anoréxico y el bulímico, el Otro se reduce a ser el objeto". Si acá queremos escribir la fórmula del síntoma en el S1 iría el hueso de la anoréxica, es también el significante del cual ella habla y que trata de ubicar en el espejo, es el objeto que en la mirada hace límite a su cuerpo. Pero a la anorexia y a la bulimia no hay que considerarlas como simétricas, no son el positivo y el negativo del mismo problema. Basta ver cómo la anoréxica está del lado de la actividad y vivacidad del pensamiento. Son sujetos muy activos la mayoría de las veces, y también trabajan intelectualmente muy fuerte, mientras que la bulimia está más bien del lado del estupor, hay detenimiento del pensamiento.
Les relataré brevemente sobre una mujer anoréxica a quien vi sólo una vez porque su padre quería que hiciera un análisis. Él era un hombre sabio e idealista y la madre era totalmente paranoica y se oponía al psicoanálisis. Esta joven mujer me dijo que no estaba decidida a hacer un análisis, entonces le dije me podía volver a llamar. Resultó que algunos meses más tarde el padre me llama para comenzar él un análisis.
Mientras se desarrollaba este análisis pude comprender lo que no había visto la primera vez, que esta joven mujer también era psicótica. La situación en la cual esta chica estaba tomada era que su cuerpo era el objeto con el cual la madre intentaba chantajear al padre para que él vuelva a la casa porque se habían separado, el cuerpo de esta chica había llevado la anorexia hasta el límite del riesgo de muerte y estaba ahí esencialmente para ocupar un lugar en la mirada del padre.
El análisis del padre tuvo como efecto que haya podido pacificar un poco su fantasma, que era el de un patriarca familiar; aceptó entonces casi no ver más a su hija hasta el momento en que ella lo llame. No voy a entrar en detalles del análisis del padre, pero en el recorrido que ha hecho esta joven mujer se podría decir que en cierta manera pudo progresivamente domesticar su goce anoréxico.
He discutido recientemente con Eric Laurent a propósito de qué se puede hacer en estos casos y lo que se puede es proponerle al sujeto que vomita y que no puede impedirlo, es venir a vomitar su historia en el consultorio del psicoanalista produciendo un pasaje del lado de lo intelectual pero también del lado del deseo con la idea de que esto podría permitirle a su vez domesticar progresivamente su goce.
Quería hablarles de la violencia en los adolescentes pero me parece que es tiempo de concluir así que no lo podré hacer, hablaré de esto en Córdoba pero diré aunque sea una palabra. Creo que lo que hay que tener en claro sobre la violencia de los adolescentes no se puede tomar fácilmente de forma global. Es un problema del caso por caso, al contrario de los otros nuevos síntomas de los cuales hablé, el síntoma acá se dirige al Otro por definición mientras que en la toxicomanía, anorexia, bulimia, el síntoma es en cierto aspecto un poco autista, en el caso de la violencia no es tal.
Concluiré sobre esto. Señalaré lo que Lacan dice en el Seminario sobre la angustia: el pasaje al acto y el acting out son las últimas barreras contra la angustia. Lo que explica la posición de la violencia es que el síntoma desfallece porque si el síntoma se sostuviera, sería el síntoma el que haría barrera al goce.
Gracias por su atención.
*Conferencia dictada en la EOL- Rosario el 13-03-01. Traducción simultánea de Marcela Errecondo, transcripción de María Eugenia Chaudesaygues. Versión autorizada pero no revisada por el autor.

jueves, noviembre 18, 2010

Entrevista a Jacques-Allain Miller.
"Acerca del amor"

Por Hanna Waar.                                                            Publicado en: Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278

"Hijo espiritual" de Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller explora a su vez la cuestión del amor que el padre del pensamiento psicoanalítico contemporáneo evocaba en 1973, en uno de sus más famosos seminarios "Aún" en El Seminario, vol XX (Seuil, "Essais", 1999). Es igualmente el fundador de la Escuela de la Causa Freudiana. Ultima obra aparecida Le secret des dieux (Navarin editores, 2005) 

"Amamos a la persona que protege, o una imagen narcisista de uno mismo".
El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable, explica Jacques-Alain Miller. Mirada de un psicoanalista sobre esta cuestión fundamental.

Hanna Waar : ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?
Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.

H W :¿Entonces, qué es verdaderamente amar?
J-A Miller: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?"

H W : ¿Por qué algunos saben amar y otros no?
J-A Miller: Algunos saben provocar el amor en el otro, los serial lovers, si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.

H W : "Estar completo solo": solo un hombre puede creer eso…
J-A Miller: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su "castración", como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Solo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.

H W : ¿Sería más difícil amar para los hombres?
J-A Miller: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletad, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la "degradación de la vida amorosa" en el hombre: la escisión del amor y del deseo.

H W : ¿Y en las mujeres?
J-A Miller: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado profundamente castrado. Solo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren…

H W : ¿Por qué cada vez más?
J-A Miller: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse; las mujeres conocen por el contrario un cierto "empuje al hombre": en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir "yo también". Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve "líquido" constata el sociólogo Zygmunt Bauman[1]. Cada uno es conducido a inventar su propio "estilo de vida", y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.

H W : "El amor siempre es recíproco", decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso?
J-A Miller: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: "Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas." Esto no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado.

H W : No se encuentra a su cada uno o cada una por azar. ¿Por qué él? ¿Por qué ella?
J-A Miller: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular – o un conjunto de rasgos- que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!

H W : Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías.
J-A Miller: La realidad del inconciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, "divinos detalles". Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso. Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres. Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.

H W : ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas?
J-A Miller: En las mujeres, sean conscientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres. Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente.

H W : ¿Y el fantasma masculino?
J-A Miller: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe [2], la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea. Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor. Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas en un puesto de secretaria; una joven mujer de 20 años se presenta; le desencadena inmediatamente su fuego. Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis. Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo, de algún modo se enamoró de sí mismo.

H W : ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas!
J-A Miller: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales mercantiles y jurídicas, lo "múltiple" está en camino de destronar el "uno". El modelo ideal de "gran amor para toda la vida" cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.

H W : ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad?
J-A Miller: Balzac decía: "Toda pasión que no se crea eterna es repugnante".[3] ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión? Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada. Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa: cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles.

H W : El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas…
J-A Miller: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica, es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.

Traductor: Silvia Baudini

Notas
1- Zigmunt Bauman, El amor líquido, de la fragilidad de los lazos entre los hombres.
2- Los sufrimientos del joven Werther de Goethe.
3- Honorato de Balzac en La Comedia humana, vol VI "Estudios de las costumbres: escenas de la vida parisina".

Apertura de la sección clínica

Jacques  Lacan, 1976.

¿Qué es la clínica psicoanalítica? No es complicado, la clínica tiene una base: es lo que se dice en un psicoanálisis.
En principio, uno se propone decir cualquier cosa, pero no desde cualquier sitio: desde lo que por esta noche llamaré el diván (dire-vent) analítico. Este viento (vent) posee valor propio: cuando se criba (quand on vanne), hay cosas que echan a volar. También es posible jactarse (se vanter), jactarse de la libertad de asociación, así llamada.1
¿Qué quiere decir libertad de asociación siendo que, por el contrario, se especula con el hecho de que la asociación no es libre en absoluto? Es cierto que tiene un pequeño juego, pero sería errado pretender ampliarlo hasta considerar que uno es libre. ¿Qué quiere decir el inconsciente sino que las asociaciones son ineludibles? El dicho no se socia (ne se socie pas) al azar. Lo que damos por seguro es que el dicho se socia: cada vez que no se disocia, lo cual es concebible, a fin de cuentas, pero desde luego que no es libre por estar disociado. Nada más forzoso que el estado de disociación cuando se lo imagina rigiendo lo que llaman relación con el exterior.
Dije el exterior. Se pretende que este exterior sea un mundo. Pues bien: la presuposición del mundo no está enteramente fundada, el mundo está más mondado de lo que se cree. Está cosmografiado.
La palabra cosmos posee efectivamente su sentido, lo ha conservado, muestra su huella en diversos modos con que hablamos del cosmos, se habla de cosméticos... El cosmos es lo bello. Es lo hecho bello, ¿por obra de qué cosa? En principio, por lo que llamamos la razón. Pero la razón no tiene nada que hacer con el "hacer bello", que es un asunto ligado a la idea de cuerpo glorioso, la cual se imagina algo de lo simbólico a lo imaginario. Pero es un cortocircuito. Hace falta Erwin Rhode para darse cuenta de esa especie de debilidad mental de la que nacen estas supercherías (mômeries). Con eso se hacen las momias (momies). Prueba de que la increíble creencia de que el cuerpo sigue durando con forma de alma, está arraigada desde hace muchísimo tiempo.
Todo esto es muy contemporáneo de lo que llamamos el saber. Se trata del inconsciente. Y no es brillante: hay que hacer un esfuerzo para no creer que uno es inmortal. Vean lo que he radiofonizado al respecto en Scilicet, donde me he ejercitado (rhodé).2
Por lo tanto, hay que clinicar. Es decir, acostarse. La clínica está siempre ligada a la cama: se va a ver a alguien acostado. Y no se encontró nada mejor que hacer acostarse a aquellos que se ofrecen al psicoanálisis, con la esperanza de sacar de eso un beneficio, el cual no está previsto de antemano, hay que decirlo. Es indudable que el hombre no piensa del mismo modo acostado o de pie, aunque sólo fuera por el hecho de que en posición acostada hace muchas cosas, en particular el amor, y el amor lo arrastra a toda suerte de declaraciones. En la posición acostada, el hombre tiene la ilusión de decir algo que sea decir, es decir, que importe en lo real.
La clínica psicoanalítica consiste en el discernimiento de cosas que importan y que cuando se haya tomado conciencia de ellas serán de gran envergadura. La inconsciencia en que se ha caído respecto a esas cosas que importan no tiene absolutamente nada que hacer con el inconsciente, que con el tiempo creo mi deber designar como una-equivocación (de l'une-bévue). No es de ningún modo suficiente con que uno sospeche de su inconsciente para que éste retroceda, sería demasiado fácil. Lo cual no quiere decir que el inconsciente nos guíe bien.
¿Una equivocación, necesita ser explicada? Con seguridad que no. Simplemente, el psicoanálisis supone que estamos avisados del hecho que una equivocación siempre es de orden significante. Hay una equivocación cuando uno se confunde de significante. Un significante pertenece siempre a un orden más complicado que un simple signo. No por escribirse en signo es un signifcante menos verdadero. Por ejemplo, una flecha que indica la orientación es un signo, pero no es un significante. Al escribirse, un significante se reduce en el alcance de lo que significa. Lo que significa posee, en efecto, poco más o menos, cualquier sentido en una lengua dada. Para evaluar la cuestión tomen, por ejemplo, el sentido de la palabra devoir (deber) en francés: debe y haber, el deber entendido en el sentido de las costumbres, lo debido... ¿Qué sentido dar a lo que Freud introdujo en su Traumdeutung, donde amasó su inconsciente, sino que hay palabras que se representan ahí como pueden?
Debo decir que, aunque se nos haya querido hacer de Freud un escritor, la Traumdeutung es excesivamente confusa. Es incluso algo tan confuso que no se puede decir que sea legible. Me gustaría saber si alguien la leyó realmente de punta a punta. Yo, por deber, me impuse esta obligación. En todo caso, traducido al francés, no tiene las mismas cualidades que en alemán. En alemán se sostiene, pero no por eso hace más clara la noción de inconsciente, del Unbewusst.
Conocen ustedes el esquema. Al comienzo está la Wahrnehmung -que en alemán sirve para designar la percepción- y después algo pasa, hace progresos, hay diferentes capas de Wahrnehmung, a continuación de lo cual está el UBW, el inconsciente, y después el Vorbewusst, el preconsciente, y de ahí eso pasa a la conciencia, Bewusstsein. Pues bien: he de decir que hasta cierto punto yo he vuelto a armar lo que dice Freud. Si hablé de "retorno a Freud" es para que nos convenzamos de cuán cojo es. Y me parece que la idea de significante explica sin embargo cómo es que eso marcha.
El significante no significa absolutamente nada. Así expresó la cosa Saussure: él habló de arbitrariedad y, en efecto, no hay ninguna clase de vínculo entre un significante y un significado, sólo hay una suerte de sedimento, de cristalización que se cumplen y que tanto puede calificarse de arbitraria como de necesaria, en el sentido con que Benveniste esgrimía la palabra. Lo necesario es que la palabra tenga un uso, y que este uso esté cristalizado, cristalizado por esa mixtura que es el nacimiento de una nueva lengua. No sabemos cómo, pero al final hay una cierta cantidad de personas que hacen uso de ella. ¿Qué es lo que determina el uso que se hace de una lengua?
Es un hecho la existencia de esa cosa que, retomando un término de Freud, yo llamo condensación. Lo curioso es que la condensación deja la plaza al desplazamiento. Lo que es contiguo no elimina el resbalón, es decir, la continuidad. La Traumdeutung no es, en modo alguno, lo que uno se imagina. Se lo tradujo por la Science des Rêves (La ciencia de los sueños); después, una dama corrigió a Meyerson y lo llamó L'Interpretation des rêves (La interpretación de los sueños). Pero en realidad, se trata de la Deutung; bedeuten aquí no hace otra cosa que redoblar la equivocación y, en efecto, por lo que concierne a la referencia, bien se sabe que la equivocación es habitual. Deuten quiere decir (Deuten veut dire) el sentido, esto es lo que de-veut-dire. Estos jueguecitos entre el francés y el alemán sirven para elasticizar (élasticiser) el parloteo, pero el parloteo conserva todo su pegote.
La lengua, sea más o menos la que fuere, es goma de mascar. Lo inaudito es que conserve sus trucos. Estos se han vuelto indefinibles a causa de lo que llaman lenguaje, y por eso me permití decir que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje. Un psicoanalista no puede dejar de tomar en consideración a la linguística-a la ex-sistencia del significante en la linguística-, pero ella deja escapar cómo se mantiene la verdad en lo que es preciso decir que es su lugar, su lugar topológico: razón por la cual me he permitido hablar de la topología de los toros, en una época.
El inconsciente, pues, no es de Freud; tengo que decirlo: es de Lacan. Lo cual no quita que el campo, por su parte, sea freudiano.
El sueño difiere (différe), différeud, de diferenciar de manera no manifiesta, por cierto, y completamente enigmática-basta con ver el trabajo que Freud se toma-lo que efectivamente hay que llamar una demanda y un deseo. El sueño demanda cosas, pero tampoco aquí le sirve a Freud la lengua alemana, porque no encuentra otro medio para designarla que el de llamarla anhelo (souhait), Wunsch, lo cual está, en definitiva, entre demanda y deseo.
Para cada cual, no se sabe por qué vía, de esas primeras palabras oídas viene caminando algo que hace que cada cual tenga su inconsciente. Por tanto Freud tenía razón, pero no se puede decir que él haya aislado verdaderamente el inconsciente, que lo haya aislado como lo hago yo mediante la función que he llamado de lo simbólico, y que está indicada en la noción de significante.
Suponer que la clínica psicoanalítica es eso, muestra una dirección a quienes se consagran a ella. Hay que decidir: el inconsciente, ¿es, si o no, lo que en su momento llamé blabla? Es difícil negar que Freud, a lo largo de toda la Science de Rêves, no habla más que de palabras, de palabras que se traducen. En esta elucubración del inconsciente no hay más que lenguaje. Freud hace lingüística sin saberlo, sin tener la menor idea. Incluso llega a preguntarse si el sueño tiene una forma de expresar la negación; primero dice que no, en lo que respecta a las relaciones lógicas, y después dice que el sueño encuentra, sin embargo, un truco para indicar la negación. ¿Existe el no en el sueño? Pregunta que Freud deja en suspenso y sobre la cual, no cabe duda, se contradice. Esto no es suficiente para que allí le pesquemos, pero sigue siendo muy llamativo que la clínica psicoanalítica no esté más afirmada. ¿Por qué no se le pide razón al psicoanalista sobre la forma en que se dirige en este campo freudiano?
Como se ve, esta noche no estoy caliente-caliente para decir que cuando se hace psicoanálisis uno sabe a dónde va. El psicoanálisis, como todas las otras actividades humanas, participa indiscutiblemente del abuso. Se actúa como si se supiera algo. Sin embargo, no es tan seguro que la hipótesis del inconsciente tenga más peso que la existencia del lenguaje.
Esto es lo que quería decir hoy.
Propongo que la sección que en Vincennes se intitula "de la clinica psicoanalitica" sea una manera de interrogar al psicoanalista, de apremiarlo para que declare sus razones.
Que quienes encuentren algo para decir sobre lo que he afirmado esta noche, lo declaren.


Preguntas y Respuestas

Marcel Czermak: En la breve nota que usted redactó con destino a esta Sección clínica, escribe que la clínica es "lo real en cuanto que es lo imposible de soportar".

Jacques Lacan: Lo escribí, y no reniego de las cosas que he escrito. Eso me traería complicaciones.

M. C.: Pero también se toma a la clínica en una dialéctica de palabra, y esto no carece de relación con la verdad.

J. L.: Lo más extraordinario es que Freud, que alguien le diga la verdad, nunca se lo cree. Basta leer la Traumdeutung para darse cuenta de que él jamás cree que podrá alcanzar la verdad. Decir que la verdad está enlazada a esas especies de nudos, a esas cadenas que yo hago, explica precisamente la parte extraviada de la búsqueda, en la Traumdeutung, de lo que es verdaderamente la verdad. La verdad no carece de relación con lo que denominé lo real, pero se trata de una relación poco sólida. La forma más clara en que se manifiesta la verdad es la mentira: no hay analizante que no mienta sin parar, hasta en su buena voluntad de caer justo dentro de los cuadrados que Freud trazó. Esto explica por qué la clínica psicoanalítica consiste en volver a cuestionar todo lo que Freud dijo. Así lo entiendo yo, y así lo pongo en práctica en mi propio bla-bla.

M. C.: Por un lado el registro simbólico es enumerable, por el otro...

J. L.: En el diccionario hay un cierto número de palabras, pero que no alcanzan a dar cuenta del uso de la lengua.

M. C.: Por otro lado, lo real es más bien difícilmente enumerable. Entonces, ¿cómo puede ser la clínica objeto de una transmisión?

J. L.: De acuerdo. Una de las cosas que omití poner de relieve es que hay un campo que designé con el nombre de goce del Otro, goce que debe representarse por lo que es, o sea, como inexistente. Lo que haría falta es dar cuerpo-hay que decirlo- a ese goce del otro ausente, y hacer un pequeño esquema donde lo imaginario se hallaría en continuidad con lo real. Es manifiesto que lo imaginario forma parte de lo real, el hecho de que haya cuerpos forma parte de lo real. Sobre el hecho de que hay vida podemos cogitar y hasta elucubrar locamente-esto no es peor que cualquier otra cosa, el ADN y su doble hélice-; de todos modos sólo a partir de aquí puede concebirse que hay cuerpos que se reproducen. Por tanto, los cuerpos forman parte de lo real. Con respecto a la realidad del cuerpo que sueña y que sólo sabe hacer eso, con respecto a esa realidad, es decir, a su continuidad con lo real, lo simbólico es providencialmente lo único que le da su nudo a este asunto, lo único que de todo eso hace un nudo borromeo.

Jacques-Alain Miller: ¿Exigen las mismas categorías, los mismos signos, la clínica de las neurosis y la clínica de las psicosis? ¿Entiende usted que una clínica de las psicosis puede arrancar de una proporción como: "el significante representa al sujeto para otro significante", con lo que de ésto se deduce en cuanto al objeto a? $, a, S1 S2, son términos apropiados para la clínica del psicótico?

J.L.: La paranoia, quiero decir la psicosis, es para Freud absolutamente fundamental. La psicosis es aquello ante lo cual el analista en ningún caso debe retroceder.

J. A. M.: En la paranoia, ¿representa el significante al sujeto para otro significante?

J. L.: En la paranoia el significante representa a un sujeto para otro significante.

J.-A. M.: ¿Y puede usted situar ahí "fading", objeto a...?

J. L.: Exactamente.

J.-A. M.: Habría que demostrarlo.
J. L.: No hay duda de que habría que demostrarlo, es cierto, pero no lo demostraré esta noche.

Solange Faladé: ¿Qué hay que pensar del final de un análisis en un paranoico si ese final es la identificación con el síntoma?

J. L.: Es muy cierto que no sólo el paranoico se identifica con el síntoma sino que además el analista también se identifica con él. El psicoanálisis es una práctica delirante, pero es lo mejor de que se dispone actualmente para hacerle tener paciencia a esa incómoda situación de ser hombre. En todo caso, es lo mejor que encontró Freud. Y él sostuvo que el psicoanalista nunca debe vacilar en delirar.

Otro participante: Usted incluso dijo una vez que era psicótico.

J. L.: Sí, en fin, ¡trato de serlo lo menos posible! Pero no puedo decir que esto me sea útil. Si fuera más psicótico probablemente sería mejor analista. Lo mejor que hizo Freud fue la historia del Presidente Schreber. Se mueve ahí coma pez en el agua.

J.-A. M.: Ahi no se puso junto a una cama sino que tomó un texto.

J. L.: Es bien cierto. No fue a hacerlo charlar al Presidente Schreber. De todos modos, nunca es más feliz que con un texto.

J.-A. M.: Me queda algo por preguntarle concerniente a la práctica de la psicoterapia, de la que tendremos que hablar en esta Sección clínica. No hace mucho usted soltó, sin vueltas, esta fórmula: "La psicoterapia lleva a lo peor". Esto debería implicar que uno no puede decirse "lacaniano" y "psicoterapeuta" a la vez. Me pregunto hasta qué punto esto es tomado en serio y, a decir verdad, hasta qué punto usted toma en serio lo que dijo.

J. L.: Dije eso con seriedad.

J.-A. M.: ¿Las psicoterapias no valen la pena?

J. L.: Seguro, terapiar lo psíquico no vale pena. Freud también lo pensaba. El pensaba que no había que apresurarse a curar. No se trata de sugerir ni de convencer.

J.-A. M.: Y además pensaba que para el psicótico esto no era posible, pura y simplemente.

J. L.: Exactamente.

¿Nadie más va a entrometerse en esto? La clínica psicoanalítica debe consistir no sólo en interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber lo que su práctica tiene de azarosa, y que justifique a Freud el haber existido. La clínica psicoanalitica debe ayudarnos a relativizar la experiencia freudiana. Es una elucubración de Freud. He colaborado en ella pero ésta no es razón para que me apetezca. Con todo, hay que darse cuenta de que el psicoanálisis no es una ciencia, no es una ciencia exacta.


Texto establecido por J.-A. Miller
Publicado en Ornicar?, 9, abril de 1977
Traducción: Irene Agoff.

NOTAS

1 Múltiple juego de palabras fundado en varias paronomasias. Direvent, literalmente, "decir-viento", suena como clara deformación de divan, "diván". De aquí los deslizamientos a vent, "viento", vanner, "cribar" y se vanter, "jactarse". (N. del T.)

2 En el original, "où je me suis rhodé", donde, por la reciente alusión a Erwin Rhode, se modifica la ortografía del verbo roder, que hemos traducido por "ejercitar", en una de sus acepciones. (N. del T.)

martes, julio 27, 2010


El capitalismo no es eterno

Por Jorge Alemán *

¿Qué es ser de izquierda, si se aceptan razones tales como que la división del sujeto es incurable, que el plus de goce no es cancelable históricamente por ninguna dialéctica de superación, que la labor de repetición de la pulsión de muerte horada los espejismos de progreso de cualquier civilización, que la política y el discurso del Amo mantienen la voluntad de que la cosa marche, que la Revolución es el retorno de lo mismo al mismo lugar y, a veces, con consecuencias más mortíferas, que la singularidad del goce y el deseo no es subsumible en el “para todos lo mismo” de la cosa política? Podría seguir sumando razones, desde distintos lugares de la obra de Freud, la enseñanza de Jacques Lacan y la orientación de Jacques-Alain Miller, que muestran cómo los llamados fundamentos de la izquierda quedan perforados en su suelo ontológico más seguro cuando se confrontan a la lógica del discurso analítico.

Tal vez estas razones provocaron que muchos lacanianos se hayan apartado de los caminos trazados históricamente por la izquierda. Muchos colegas han construido una sabiduría escéptica en materia política, o un conservadurismo lúcido, o una lectura irónica y en diagonal. Escucho, respeto y aprendo de ello, pero mi posición es que se puede, con la enseñanza de Lacan:

- Primero, dar cuenta de la derrota de la izquierda a escala mundial a partir de los setenta, indagarla en la fantasmática que, incluso después de que la derrota se consumó, la dominaba.

- Segundo, ofrecer al marxismo un lugar para hacer su duelo, teniendo en cuenta que el lugar donde verdaderamente se hace el duelo es fuera del hogar: la única teoría materialista que, en el siglo XXI, sigue proponiéndose pensar una práctica que opere sobre lo real imposible, es la enseñanza de Lacan.

- Tercero, estos propósitos se sostienen sin ningún fundamento: Lacan no puede ser un nuevo fundamento para la izquierda; es su “desfundamentación”, la demostración de que sólo la causa ausente es realmente operativa; se trata de una apuesta sin Otro y sin garantías. No obstante, esta apuesta considera que el capitalismo, a pesar de su movimiento circular y sin corte, aunque no se pueda deducir el lugar de su salida y no se pueda nombrar el ámbito donde sea factible esa salida, aunque no se disponga del nombre de aquello que viene después, aunque no exista ningún punto en el que se pueda designar en qué consiste una lucha anticapitalista, sin embargo el capitalismo no es una realidad eterna, necesaria y cuasinatural donde la condición humana se realice en su último escalón. Por el contrario, se trata una vez más de afirmar su carácter contingente y, por lo tanto, el advenimiento siempre posible de otra manera de ser con los otros, distinta a la que se conoce en el capitalismo.

- Por último, me gustaría recordar que ser de izquierda es considerar que la explotación de la fuerza de trabajo realizada en la forma de la mercancía es un insulto a la diferencia absoluta. Una cosa es aceptar la inquietante homología entre el plus de gozar y la plusvalía y otra es aceptar la explotación como si en sí misma fuera un rasgo más de la condición humana y, en la actualidad, a un paso de ser “fundamentada” por alguna disposición cerebral. La jerarquía del mercado no es la diferencia, sino su tergiversación numérica y equivalencial.

* Fragmento de una exposición en el Seminario Atlántico de Pensamiento, evento que tiene lugar desde 2005 en Las Palmas de Gran Canaria, España (www.seminarioatlantico.org). En la última edición participaron también Gianni Vattimo, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Paula Sibilia, Joan Busquets y Javier Tolentino.

martes, julio 13, 2010


REPORTAJE A ERIC LAURENT
"¡Es difícil no estar deprimido!"
Por Magdalena Ruiz Guiñazu

Eric Laurent es el delegado general de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y un referente mundial en la materia. Una eminencia sin pelos en la lengua. Eric Laurent, un hombre preciso, con palabras de rigor científico, pero también con una afable disposición a responder (en perfecto castellano) todo tipo de preguntas.


Frances, nostalgico y sincero. Se plantea la inutilidad de la ciencia en tanto la depresión no deje de ser una emergencia consentida de la presente crisis existencial y las relaciones padre-hijo no se recompongan a fondo.

—¿Usted cree, doctor, que, en líneas generales, vivimos en una sociedad marcada por una fuerte depresión?
—Lo que me llama la atención es que se intente convencer a esta sociedad de que las cosas son así. ¡La depresión esboza un manejo muy amplio de las depresiones y resulta entonces difícil no estar deprimido! A tal punto, que se suscitan grandes debates dentro de la clínica psiquiátrica por saber (partiendo del momento en que una dolencia golpea a un 25% de la población) si esto obliga a replantear la noción de enfermedad. Puede pensarse que, a lo largo de una vida, se nos dan prácticamente todas las oportunidades para tener un episodio depresivo. Pero de todas maneras, esto replantea, como decía, el justificativo de un tratamiento como si se tratara de una enfermedad. Y ello abarca desde un hombre víctima de estados de tristeza bastante comunes, hasta un paciente preocupante, como puede ser el melancólico grave que es, sin duda, víctima de una enfermedad. Digamos que hay una creencia muy difundida por la cual la población se encuentra hoy frente a una nueva angustia, que es preguntarse: "¿Voy a deprimirme? ¿Acaso hay algo que me lo impida?".
—La verdad es que ésa es una fea pregunta...
—... que podría completarse con otra: "¿Qué voy a hacer cuando esto ocurra?". Al mismo tiempo, le diría que hoy (y esto es una buena noticia) hay medicamentos que permiten remediar esa depresión.


—A propósito de medicamentos, ¿es cierto que actualmente, en Europa, se receta Prozac a menores de 18 años?
—Bueno, en Europa todo es complicado. Todo está reglamentado. El problema de los antidepresivos para adolescentes empezó en los Estados Unidos, donde tienen tendencia a medicar en forma muy amplia. Por ejemplo, la prohibición (que se mantuvo durante mucho tiempo) sobre medicar a los niños no ha sido barrera suficiente. En primer término, los americanos medicaron a adolescentes en forma masiva, por problemas de suicidio. El efecto de liberarse del peso de la depresión, de una triste inmovilidad, puede implicar el riesgo de una reacción opuesta. De allí la importancia de prestar atención al hecho de que no bastaba con recetar antidepresivos a los adolescentes para que volvieran a la normalidad. Era necesario ocuparse de ellos, sobre todo en los comienzos del tratamiento. Había que acompañar la medicación con psicoterapia. Las preguntas se plantearon, entonces, en muchos países: ¿hay que recetar? ¿Cuánto tiempo, y cómo? Hubo resultados contradictorios, y en los Estados Unidos surgieron las primeras advertencias. Por ejemplo, colocando en la cajita de los envases el anuncio de que ese medicamento podía ser peligroso. Se llega así a una impasse en la que tenemos la medicación milagrosa para la depresión, pero, al mismo tiempo, estamos obligados a advertir que es un medicamento peligroso. Aparece entonces la sociedad técnica, que apunta a decirnos: "Bueno, de ahora en más, considérese una máquina. Si está triste, es porque su nivel de serotonina no es lo suficientemente alto. Si lo corrige, se mejorará". ¡Es considerar el cuerpo como si fuera un automóvil! ¡Cuando algo no anda bien, busquemos piezas de repuesto! ¡Fíjese usted! ¡Todos los adelantos de la biología permitiendo asegurar que la causa de nuestra tristeza existencial depende de la serotonina! ¡Y otro día será la dopamina!...


—Indudablemente, la mirada hacia el cuerpo humano ha variado mucho. ¡Pensemos en lo que significaba un siglo atrás!
—Por supuesto. Hace un siglo, por el contrario, se ponía el acento en el "vitalismo". Es decir, la vida. Había todo un discurso, sin embargo, absolutamente compatible con las grandes carnicerías europeas que resultaron de las dos guerras mundiales, en las que hubo muchas matanzas. Es decir que esa mirada hacia el cuerpo estuvo marcada por una diferencia. No se lo consideró una máquina, sino un sujeto pasible de ser destruido. Llegamos así a la Shoá, al Holocausto que en Europa golpeó terriblemente, y que ha dejado una huella aún más estremecedora que la carnicería (y repito el término) de la Gran Guerra de 1914, en la que varias generaciones perdieron la vida.


—Terrible guerra de trincheras...
—Los jóvenes fueron enviados a la muerte y eso tuvo, sin duda, efectos depresivos sobre la generación siguiente, que intentó recuperar un poco de vitalidad a través de lo que significaron ciertos movimientos como el surrealismo, el arte moderno... Los años 20 fueron un intento de recuperar un poco de vitalidad después de esas matanzas. Entonces el cuerpo, ya no "carne de cañón" sino cuerpo-máquina, nos permite soñar desde un punto de vista técnico acerca de la vida y el mundo.


—Convengamos en que el concepto de cuerpo-máquina es más bien triste. ¿Usted piensa que, por ejemplo, la droga puede ser una consecuencia de este enfoque?
—Si usted lo prefiere, la droga podría ser una especie de ironía terrible de lo que ya había intuido Karl Marx. El decía que a medida que el capitalismo invade todos los aspectos de la vida... Bueno, Marx vio esto con anticipación, cuando la famosa Exposición Universal de 1850 en el Cristal Palace, donde se exhibieron todos los objetos de la industria (incluso el cine, invento de los hermanos Lumière), y señaló allí el inicio del fetichismo de los objetos de mercado. Ciento cincuenta años más tarde, nuestra civilización (y hablo en plural, puesto que al caer el Muro de Berlín estamos incluidos en una misma civilización) se caracteriza por la pasión hacia el objeto. Esto destruye las tradiciones, una manera de vivir, todo aquello que luego culmina con el traslado de personas, increíbles migraciones forzosas que hacen que la gente se pregunte: "¿Cómo voy a vivir?". Frente a esta angustia, aparece un impulso de vida que desea recuperar ciertas cosas y se manifiesta como consecuencia de estos traslados forzosos. Todo se devora, y la droga entra por todos lados.


—En Argentina tenemos una grave situación de miseria, con una brecha entre la gente que trabaja y gana un salario, y aquellos que carecen de lo más elemental. No es el mismo cuadro que usted mencionaba, pero, entre nosotros, también la droga entra como una forma de olvido frente a esta situación desesperada.
—Es un problema muy complicado. ¡Recuerde que los ricos son los principales consumidores de droga! Olvidar la miseria... Bueno, América latina abastece, a través de países como Colombia, a los Estados Unidos, que es una nación de consumo. Como le decía, los ricos fueron los primeros en consumir droga. Luego, a medida que se amplía la producción de droga, se produce un sobrante que consumen los pobres, que tratan de vivir con lo que les queda por vender. Es cierto que los pobres también se prostituyen, entran en la delincuencia y comercian droga, pero... el olvido –Laurent se detiene, pensativo–... la droga golpea a los sectores muy ricos. Por ejemplo, la penetración de la cocaína como droga de performance se da solamente en las capas más altas de la sociedad.


—¿Puede decirse, doctor, que la droga es una forma de hedonismo
—La droga es una forma de morir. Y de morir en pleno éxtasis. Por lo tanto, es un total hedonismo. Pero la droga revela, también, algo muy profundo, y es que se intenta hacernos creer que se puede construir una sociedad en base al hedonismo. Lo cual no es cierto. Una sociedad debe tener (y sin ello no puede sobrevivir) otras cosas que no sean el placer por principio. Freud vio en 1920 que el placer (como principio) abre la puerta a un más allá permanente. Es decir, un más allá en el que se busca sólo nuestro placer, y ¿qué encontramos entonces? Encontramos algo que Jacques Lacan tomó del vocablo francés clásico, "el goce". Y el goce tiene la característica de ser cercano al placer, pero de ir más allá que él. Se empieza por tomar un poco de cocaína "por placer", luego para "levantarse" un poquito, ¡y finalmente, es imposible parar! Es impresionante lo que revela la droga: ¡somos una sociedad globalmente adictiva! La adicción, el éxito... Es por eso que en el trabajo, por ejemplo, uno se hace adicto, por varias razones: para progresar, porque es un beneficio para toda la familia, porque uno tiene ideas brillantes, etc. Entonces nos convertimos en un workaholic (adicto al trabajo). ¡Trabajamos cada vez más y, si uno es japonés, acaba por morir en el trabajo! En una palabra, todo se vuelve una adicción y el cuerpo-máquina (del que se intenta decirnos que es una "gran promesa" y que cuando se gasten las piezas originales nos pondrán los repuestos) no va a funcionar nunca como una máquina. ¡De ninguna manera! Lo que ese cuerpo quiere es gozar y gozar cada vez más. Y lo que hay que saber es en qué punto es preciso detenerse. Estamos en una civilización que ha perdido la fórmula para saber en qué momento hay que parar. Hemos entrado en una carrera loca y adictiva. Como dicen los norteamericanos, estamos, en efecto, en una guerra contra la droga, pero que también es una guerra contra muchas otras cosas.


—¿Por ejemplo?
—Mire, algo se ha perdido. Y precisamente la función del psicoanálisis, desde que Freud lo creó, es recordarnos que el placer lleva a un más allá. Es necesario encontrar las reglamentaciones adecuadas, lo cual no significa una prohibición. La prohibición implica reglamentación, ¡pero ya nadie cree demasiado en eso, porque ya no hay muchas prohibiciones posibles! Esto es algo todavía más complicado. La prohibición en sí misma puede conducir a una sociedad loca por prohibir, como lo fue durante la época victoriana, a finales del siglo XIX. El término medio está en no caer en la locura de la prohibición, ni en el error de la permisividad convertida en una forma de locura en sí misma.


—La complicación aparece, doctor, también en los resultados catastróficos de la sociedad por prohibir...
—Yo considero que la sociedad victoriana nos condujo hacia la Primera Guerra Mundial. Esa carnicería liberó los más bajos instintos reprimidos por una así llamada también "moral victoriana". Incluso, en aquellos años, se advirtió que existía una relación entre esos códigos estrictos y el desencadenamiento mortífero del que le hablo. Creo que hoy debemos ayudar a los que están apresados en un problema que nos atañe a todos. Hay que encontrar los medios para regular una convivencia que permita relaciones humanas. Ciertamente, no será entonces con las ideologías del cuerpo-máquina que podremos librarnos de los problemas que acarrea la droga bajo todas sus formas.


—Usted mencionaba recién a Jacques Lacan. Fue su analista, ¿no es cierto? Una experiencia muy importante...
—Efectivamente, fue interesantísimo para mí. Inolvidable. Yo era un muchacho y me apasionaban los problemas intelectuales. Esto ocurrió en 1967, un año antes del Mayo Francés. Yo seguía las clases de Althusser, que hablaba de reinventar el psicoanálisis, a través de Lacan, usando un lenguaje contemporáneo y moderno que permitiera comprender el punto en el que nos encontrábamos. Yo no me atrevía a llegar hasta Lacan. Pero finalmente lo hice, y él accedió a analizarme. Y esto se prolongó hasta su muerte, en 1981. Por supuesto que, en los últimos años, yo lo consultaba también sobre temas generales, pero, en efecto, la experiencia de ese análisis fue algo apasionante, porque implicaba simultáneamente el conocimiento de uno mismo y entender al mundo. Por otra parte, es así como debe ser enfocado el psicoanálisis.


—A propósito de vínculos, doctor ¿cómo ve usted, en la actualidad, las relaciones padre-hijo? Los hijos ya no admiran a sus padres. Me parece que ese concepto se ha perdido o, en todo caso, se ha modificado notablemente.
—Yo diría que la relación hijo-padre es de las más misteriosas, y sobre ella se ha deseado establecer ciertas tradiciones. Los padres despreciados... Mire, hay tradiciones y costumbres que han evitado eso. La cultura china, la cultura japonesa que han entrado en la modernidad... También la tradición judía... Allí se respeta a los padres con improntas aún mayores que en la tradición católica. Fíjese que, en la tradición católica, el padre siempre es sospechado (si es que puedo emplear esta palabra) de ser un padre adoptivo. Todo padre es un poco José (el padre de Jesús y esposo de María). En la historia de Cristo, tenemos las palabras: "Dejad que se acerquen a mí", refiriéndose a lo quitado de las familias para convertir a sus hijos en apóstoles. Las órdenes monásticas eran extraídas de las familias. Por lo tanto, en el catolicismo hay siempre algo más marcado que en otras tradiciones entre el padre y el nombre del padre.


—¿Esto ocurre también entre los protestantes?
—Los protestantes no tienen esta posición del catolicismo. Hay una concepción diferente de Dios.


—Pienso en las películas de Bergman, en las que aparecen siempre pastores terribles con sus hijos...
—Sí, es una relación terrible, que Bergman ha sabido transmitir. Incluso casi hasta el momento de su muerte, él necesitó de todo su arte y su talento para suavizar los hechos de su niñez. Esa imponente presencia de un "Dios malo" que tanto aparece en sus películas... Fíjese usted que son tradiciones que se mantienen aun dentro de la modernidad y que, a través de esta relación, también son parte de la ciencia. ¡Porque la ciencia toca a las madres cuando son ellas las que eligen qué padre quieren para su hijo! O si no, cuando desean, a través de la ciencia, que no haya ningún padre conocido. Y también a través de ficciones legales o de dispositivos cada vez más complicados que permiten, por la fecundación asistida, tener varios padres. Se toma el óvulo de una mujer, se lo implanta en el vientre de otra... Todo se complica, y ya nada aparece como seguro. En el pasado, podía decirse que la madre era una sola y el padre podía ser putativo. Bueno, hoy ya no es el caso. Por lo tanto, el vínculo padre-hijo se vuelve cada vez más una ficción legal, un vínculo más tenue.


—¿Cómo cree usted que esto afecta o complica a los jóvenes?
—Bueno, ¡no sólo a los jóvenes, sino también a los padres! Eso complica a todos, porque es muy difícil saber dónde ubicarse. Los padres creían saber y conocer el oficio de padres, y ahora ya no entienden demasiado qué actitud adoptar. Ya no pueden ser los padres terribles y autoritarios de antaño. Esa autoridad ya no corre. Por esto es imperioso encontrar la manera de ser padres, porque ese papel puede reducirse a un vínculo legal y, al mismo tiempo, fuera de la tradición. Sin embargo, no deja de existir. Hay allí un enigma que subsiste. ¡El solo vínculo genético y biológico no permite reducir el tema a cuál fue el deseo que hizo que yo llegara a este mundo! ¿Quién puede responder acerca del deseo que me trajo al mundo? ¿Por qué se tienen hijos? ¿Por qué lo quisiste tú, que dices que eres mi padre? ¿Y qué esperabas de mí? Frente a la queja de la juventud... ¿decir que desprecian a sus padres? Yo pensaría más bien que no pueden creer tan fácilmente como antaño en el rol de la paternidad. Fíjese usted: el padre ya no es el dueño de la situación. Es un esclavo que trabaja. Como el resto de la sociedad. Tiene que producir, cumplir con sus 60 horas laborales por semana. Y si lo despiden de ese trabajo, se encuentra sin nada. Hay padres admirables, pero han perdido la majestad. Hay algo trágico también en la juventud. Algo como: "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Los jóvenes tienen que arreglárselas con su sexualidad, con la droga, con su propio cuerpo. ¿En qué pueden apoyarse? Es una pregunta muy angustiosa para un joven, y él nos está pidiendo que no lo abandonemos frente a todos estos interrogantes.






Publicado en Perfil.com

viernes, julio 02, 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE MARTIN EGGE:
“El tratamiento del niño autista”.

Vilma Coccoz

En primer lugar, quiero celebrar la aparición de este libro como un objeto precioso, una edición muy cuidada, en un papel fácil de subrayar y un formato que permite leer cómodamente, y hacer notas al margen. Este marco favorece pues, el cumplimiento de su función de libro-mensaje y, así, responde a otros textos de la Escuela, concebidos como “cartas abiertas”. En el seminario XVIII Lacan manifiesta que ése el destino que desea para sus Escritos: que sean cartas abiertas, lo cual supone que cada lector debe aportar, al leerlos, algo de su cosecha. Martin Egge demuestra hasta qué punto se ha hecho destinatario de las cartas lacanianas en la primera parte de su libro. Esta constituye un verdadero mapa para no extraviarse en la búsqueda de los distintos aportes de la enseñanza de Lacan respecto de la clínica psicoanalítica de las psicosis infantiles y el autismo.

Con exquisito rigor Egge reúne también lo esencial de las aportaciones fundamentales a esta problemática que debemos a otros autores, hasta desembocar en la segunda parte del libro, en el estudio de la invención genial de Antonio Di Ciaccia: “la práctica entre varios” según el nombre con que la ha bautizado Jacques-Alain Miller.

Es la primera vez que se lleva a cabo un ordenamiento doctrinal de casi cuarenta años de experiencia en instituciones que funcionan según este original método inspirado en el saber de Freud y Lacan. Egge nos explica por qué razón es una práctica acorde con los tres principios lacanianos:

1) la táctica: en esta práctica cada persona interviene con la mayor libertad en cada momento, lo cual conlleva la mayor responsabilidad.

2) la estrategia: comporta una dirección y se decide colectivamente.

3) la política: responde al principio ético de crear al sujeto.

Y ello a partir de la constatación de dos hechos clínicos: en primer lugar, el autista está en el lenguaje. En segundo lugar, para él el Otro no funciona, por lo cual, no habita en el discurso. Sus enunciados, a veces sólo retazos de palabras, y la reacción de taparse los oídos revela, en palabras de Lacan, que el debate sobre lo pre-verbal y lo verbal es, en este caso, impropio, porque “es del verbo de lo que [el niño] se defiende”. Y así llegamos al corazón de la perspectiva del psicoanálisis de orientación lacaniana sobre el autismo: se desprende de una doctrina sobre la subjetividad y representa el asiento de la ética psicoanalítica. Según la cual, el lenguaje no es sólo una vía de comunicación o de información sino, fundamentalmente, es la dimensión en la que se forma el ser, de ahí que Lacan se refiera al serhablante (parlêtre).

La conquista del ser, lejos de ser producto de la evolución, es un recorrido arduo que comienza con la formación de lo que Freud llamó Nebenmench o “complejo del semejante” y Lacan lo reformuló como el “estadio del espejo”. En él hunden sus raíces los sentimientos morales derivados de nuestra dependencia respecto de quienes nos han protegido, nos han cobijado de los peligros exteriores pero, esencialmente, de lo que Freud llama “peligro interior”. Esto es, la vocación incomprensible a la destrucción que trae consigo la vida en el serhablante y frente a la cual se manifiesta el sentimiento de desamparo. Lacan llama a esta vocación, “goce” para distinguirlo del placer y para conceptualizar una satisfacción paradójica que conlleva el hecho de habitar el lenguaje. Cada uno de los hechos que acontecen en este recorrido vital se ubica como “retraso” o “desarrollo en la subjetivación” (1), es decir, que los hechos adquieren una determinada significación en la historia individual según la peculiaridad con que sea experimentado. Por ejemplo, el nacimiento de un hermano, puede quedar involucrado en significaciones muy distintas, desde ser considerado como un heredero hasta un usurpador.

Estas significaciones se vinculan con la particular atmósfera que rodea al niño y que Lacan denominó alethosfera, aludiendo a la verdad (aletheia) y sentido que hay en el aire y que son tan vitales como éste para la existencia. Pero también de su particular respuesta a lo que acontece.

Y para continuar con la metáfora de los Elementos, es en la célebre Conferencia sobre El Síntoma donde Lacan se refiere al lenguaje como “las aguas” o el mar del lenguaje, quizás debido a su carácter informe. En él, afirma, hacemos lo que podemos, nos cogemos de unas maderitas con las que hacemos algo, damos forma a una barca que nos permite no sucumbir, mantenernos a flote.

Estas consideraciones permiten deducir que la “práctica entre varios” constituye una “efectuación de la estructura (2)”, una inserción simbólica de un necesario marco para que pueda advenir el hallazgo de las maderitas o su manipulación adecuada para fabricar un salvavidas para los sujetos en riesgo máximo, sometidos a angustias inimaginables. Porque, según explica M. Egge, “Los niños que estamos tratando han encontrado a lo largo de este recorrido un tropiezo, un obstáculo insuperable”. Ellos merecen un respiro que ningún protocolo podrá ofrecerles, porque los protocolos se refieren a un sujeto abstracto y por lo tanto, muerto.

Siguiendo con la metáfora marítima, incluyamos ahora un añadido para concebir la estrategia que precisa dicho pasaje a la realidad del saber sobre la estructura: su paso a la realidad institucional de la Antena 112. Como estamos realizando esta presentación en Bilbao, en la Costa del Cantábrico, la tierra de donde partió el Gran Sebastián Elcano, no resulta tan difícil pensar dicha estrategia como una navegación. Veamos cuán fructífera se presenta. La llamada “navegación por estima” surgió como alternativa a la navegación costera, que toma en cuenta elementos de la costa como faros, boyas, etc. La navegación por estima, no pudiendo guiarse por la costa, depende de medios analíticos, y sólo sirve para superficies del globo reducidas. Cuatro son los problemas que afronta el navegante: determinar la posición, el rumbo, el tiempo, la velocidad y la distancia. También se tendrán en cuenta “factores internos” que han influido durante todo o una parte de la derrota (el viento) y la corriente. El punto resultante se define como “situación de estima”, del que se deduce “un punto de fantasía”.

¿Cómo concebir la “situación de estima” en la Antena? Es el interrogante que leemos en la pág 151: “¿Qué exige el niño autista o psicótico?” Cita Egge a Donna Williams: “busco un guía que me siga” y, siguiendo a Di Ciaccia, propone las condiciones de la navegación de la Antena en las aguas del lenguaje: son cuatro puntos esenciales para la aplicación del método analítico “al revés”:

Primero, la disyunción del lugar y del sitio, éste último siempre en riesgo de ser ocupado por un intruso persecutorio y amenazante debido a la carencia de simbolización.

Segundo: El Otro de la palabra, el Otro que reconoce al sujeto tiene un rol preponderante, pero debe ser cuidadosamente vaciado del goce mortífero.

Tercero, el Otro regulado: el bricolaje que da por resultado el punto dos debe tener una continuidad en el espacio y el tiempo que impida la irrupción de excesos de goce.

Cuarto, para el funcionamiento de la institución se necesitan operadores, uno por uno, que se conviertan en partners del niño.

A lo largo de este capítulo M. Egge ilustra la manera en que se “navega” para permitir que cada niño, considerado en su singularidad, con su nombre propio, encuentre sus maderitas. Lacan ya había hablado del “mar de los nombres propios”. Vemos el retrato de personitas a partir de sus hallazgos, de sus invenciones que les han permitido subsistir, respirar, vivir. Así son concebidas las maniobras de autodefensa y autoconstrucción: como salvavidas. Es efecto de una verificación clínica que las llamadas estereotipias y ecolalias aumentan en períodos de agitación y tienden a desaparecer en una situación de pacificación.

Decíamos antes que la política de este dispositivo se orienta por la ética analítica: la producción del sujeto. ¿Cuál sería el equivalente al “punto de fantasía” del navegante por estima?, ¿el puerto al que se intenta llegar? No existe un puerto standard, igual para todos: “En las psicosis, -afirma Egge-, en ausencia de discurso establecido, el sujeto debe afrontar el trauma del lenguaje con una construcción de sentido propia”

En la pág. 172 Martin Egge describe cinco tiempos de la lógica de la construcción: 1) De la alternancia a la comprobación del Otro como “regulado”; 2) Las primeras construcciones; 3) La metonimia en las construcciones; 4) Las clasificaciones; 5) La enseñanza. Pero es importante aclarar que el puerto de llegada no se sabe de antemano, se va formando con el ritmo de cada niño: “El desafío de la Antena 112 es acompañar al sujeto en su construcción hasta donde su estructura le permite llegar.” (Pág 172). Como es un tránsito que se realiza en la vida, en las aguas a veces tranquilas, otras con corrientes adversas, unas veces con viento a favor y otras, en contra, en todo momento pueden surgir sorpresas, hallazgos, pero, también, y no se nos oculta, dificultades. En tales casos se diseñan maniobras de salvamento destinadas a evitar que pudiera surgir en los niños el sentimiento de que se le ha dejado plantado, o de que se goza de él.

Ello requiere una delicada maniobra que se transforma en una cura antinarcisista para los operadores que no responden a jerarquías ni títulos, sino sólo a su condición de acompañante de este particular transcurso subjetivo de los pequeños navegantes. El entusiasmo y la frescura que se desprende de esta práctica se vincula, según lo propuso Virginio Baio, con la alegría del acto ético.

Una tercera parte del libro está dedicada al estudio de lo que nos enseñan los testimonios publicados por autistas adultos. Egge ha titulado este apartado “de parte de los autistas”: son cartas dirigidas al buen entendedor, aquel que celebra, desde la polis freudiana, la conquista que cada uno de ellos ha podido realizar de su particular Itaca en medio del turbulento Logos.

La apasionante y necesaria lectura de este libro despierta “el boca a boca”: pásalo, díselo “a todos los niños que se escuchan a ellos mismos y a los que desean entenderles.”

Notas:

1-. Según los desarrollos del Seminario V de J. Lacan: Las formaciones del Inconsciente.

2-. Según la expresión de Lacan en el Acta de Fundación de la Escuela